Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
 Letras del cambio. 
 La ley o la selva     
 
 Informaciones.    17/10/1977.  Página: 32. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LETRAS DEL CAMBIO

LA LEY LA SELVA

Por Jaime CAMPMANY

UNO podía imaginarse que con esto de la amnistía alguien iba a abrir la caja de los truenos. Cuando se

toma una medida de este tamaño, siempre surge, desde alturas flamígeras, un Júpiter tronante.

Verdad es , seguramente, que las cosas no se han hecho bien. Hay gracias o justicias que no pueden darse

a plazos, como los electrodomésticos. Hay que firmarías con la audacia y la seguridad que requieren las

grandes decisiones. De una vez, y sin que tiemble el pulso. Antes, es lógico hacer una meditación y tomar

consejo de la prudencia. O quizá esperar a que se produzca una corresponsabilidad saludable.

Pero acabada la meditación, hay que pagar al contado. Y pagar lo que se crea justo y necesario, sin

céntimo de más, sin céntimo de menos. Después de eso, si se levantan nuevos clamores deben sonar como

clamores en desierto. Una amnistía no es un remedio que pueda administrarse con cuentagotas, bajo

presiones o amenazas. Porque esa no es manera de borrar delitos. Es la peor manera de borrar la ley.

Verdad es también que, en aquellos primeros momentos del tránsito, no era fácil encontrar el patrón para

la medida justa de las decisiones importantes. La España oficial no dejaba ver claramente la España real,

ni resultaba sencillo adivinar sus voluntades libres, frías, fuera ya de la costumbre del adormilamiento, del

combate de los sentimientos encontrados. Por muy acostumbrados que nos tenga la historia a acostarnos

con un traje político y a levantarnos con otro, no se cancelan cuarenta años en un día. Quizá un golpe de

timón demasiado brusco habría echado el barco a pique. Una amnistía tan amplia y generosa como la que

ahora se ha concedido habría desconcertado entonces a muchos españoles, ya bastante desconcertados. Y,

sin embargo, tal vez hubiese ahorrado algunos charcos de sangre.

El pacto de reconciliación que es la amnistía se ha firmado tarde y mal. Pero ya se ha firmado. Ahora

debemos elegir decididamente entre las urnas o las bombas, entre tos votos o los disparos. Cerrado

definitivamente el capítulo del perdón, hay que abrir —con todo escrúpulo, pero con todo rigor— el

capítulo de la justicia. La violencia y el terror deben dejar de ser, al tiempo, instrumentos de opresión y

actos perdonables. Ni la tranquilidad de la tranca, ni el barullo de la anarquía. Elijamos: o la ley o la

selva.

 

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