Autor: González Muñiz, Antonio José. 
 Apuntes parlamentarios. 
 La cruz de España     
 
 Hoja del Lunes.    17/10/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

PAGINA 4 — 17 de octubre de 1977

Apuntes parlamentarios

La cruz de España

Sus señor tas calificaron Ja sesión plenaria del Congreso el viernes último, en la que se discutió y se

aprobó la ley concediendo amnistío, como de histórica. Yo la califico de sesión triste por las palabras, por

los recuerdos, por las acusaciones que los señores diputados hicieron. Pesaba el ayer. Allí estallan,

dolientes, crucificadas, Zas dos Españas. Sangre de una España; sangre de la otra, España. Sangre, sangre

y sangre en los recuerdos. ¿Tiene algo de extraño que en ese clima emocional, en el que el rencor

contenido afloró en algún instante, uno, apesadumbrado por lo oído y abierto su corazón a la esperanza,

porque la, lección del pasado debe ser freno para el futuro, clamase, sin clamar, con el verso del poeta

¡Miguel Hernández, otra víctima de las dos Españas?

"ABIERTO ESTOY, MIRAD, COMO UNA HERIDA"

¡Las dos Españas!... Cuando no llora y sufre una, sufre y llora la otra. Ese gran historiador periodista- que

es José María García Escudero, se pregunta, en su desapasionada y monumental obra "Historia política de

las dos Españas: "Dos Españas... ¿No podríamos decir también la España de la insensatez y la España, del

sentido común?"

Esas dos Españas fueron las que estuvieron presentes en la sesión tensa y triste del viernes. Tensa, porque

los ánimos, aunque los tratase de contener la voluntad, iban al ayer; triste, porque el ayer liada brotar

palabras de resentimiento; en algunas voces, más que resentimiento. Nietzsche dijo que España era. el

pueblo que había querido demasiado. Y ese querer, cada bando, a su España, y tratar de imponerla a la

otra parte, es el que, con demasiada frecuencia, nos lleva al enfrentamiento, a la tragedia.

El señor Carro Martínez, do Alianza Popular, fue la, nota discordante en una sesión que los diputados de

los demás partidos políticos querían de voces unánimes. No fue posible. "¿A qué viene, qué legitimidad

tiene la nueva amnistía que hoy proponéis?"- preguntaba—. ¿Qué razón existe para que la amnistió, siga

siendo la. gran estrella, de nuestra recién estrenada democracia?", preguntaza también. Y el señor Carro,

serio, con voz monótona, exigía al Gobierno y al Congresouna garantía: "¡Solo una! Si fuerais capaces de

garantizarnos que esta amnistía es la última, que después de ella aplicaréis la, ley con ejemplaridad. sin

más tolerancias, con pleno respeto del orden, para que puedan ser ejercidas las libertades públicas."

El señor Carro Martínez recordó a los diputados al insigne socialista don Luis Jiménez de Asúa, que en

otra hora fue vicepresidente del Congreso y presidente de la Comisión Constitucional de la segunda

República, pero que sobre todo fue uno de los profesores y penalistas más importantes de nuestro siglo.

Pues bien, recordaba, Jiménez de Asúa, muerto en el exilio aún dentro de; esta década, ha escrito que "al

advenimiento de la República, se hizo de la gracia un uso tan ciego y tan desmedido, que fue la cansa del

desorden y de la caída de la República". ´Temores, pues, ante Ja eficacia que pueda tener la amnistía.

Otras voces multitudinarias recordaron y clamaron por la amnistía. Amnistía signifcia olvido y perdón.

Mas antes de proclamar la amnistía, aquellas voces multitudinarias quisieron recordar y apostrofar el

pasado. Hay que destruir todo vestigio del pasudo, al que se le calificó con dureza Por cambiar, si

pudieran, aquellas señorías socialistas, comunistas y nacionalistas, cambiarian el aire de España. Si en su

mano estuviese, el territorio nacional seria un solar arrasado para construir de nuevo. ¡Siempre lo mismo!

Para ese momento, señorías, hay más frases del filósofo don José Ortega, y Casset, que fue diputado, que

se sentó en 1931 en esos mismos escaños que vosotros utilizáis añora y que participó en la construcción

de un nuevo régimen político, a la cuida de la Monarquía y a la esperanza, entonces fundada, que

significaba el advenimiento de la segunda República.

Si Ortega y Gasset os hubiese escuchado, os hubiera dicho con energía condenatoria, ante ese afán

vuestro de querer condenar y destruir, hasta sepultarlo en la ignorancia, del olvido, toda la obra de los

cuarenta años- "La solidaridad entre los que viven se prolonga bajo tierra y va a buscar en sus sepulcros a

las generaciones muertas. En el presente se condena el pasado íntegro- nada de lo que fue se ha perdido;

,ii Iris venas (le los que murieron están vacias, es porque .su sangre ha venido a finir por el cunee joven

de nuestras venas."

Para clamar por la amnistía—y toda petición tle olvido de un pasudo humano me inclina a sentir

respeto—no era necesario relatar padecimientos, torturas, muertes, terror, con ti u masoquismo político

que no encontró lo, gallarda respuesta que, de porte de la otra España se os pudiera, haber dado, porque

aquí si estuvo justo el nacionalista y hombre de segantes oratoria, señor Arzallus, que denunciaba que si

el terror hubo de una parte, terror de la otra parte hubo; si sangre se derramó de este lado, del otro lado se

derramó sangre también. Si una España. dolía, la otra mitad de esta España que parece condenada a ser

irredenta, dolía también. Ya veis, señorías, si acusaciones pueden hacerse desde un bando, desde el otro

pueden hacerse con la misma justificación. Y es cine son los dos bandos parte de una- misma España, con

sus defectos, con sus virtudes, carne de unn misma carne y sangre de las misma venas. Esta es ln tragedia

española. ¿Y hasta cuándo?

En la sesión, cuantos intervinisteis para manifestaros en favor de la concesión de la amnistía—aunque

apuntasteis hacia el objetivo de otras, ¡cómo os inquieta ese vidrioso tenia del adulterio!— anunciasteis

que. a partir de la amnistía clamada y, al fin, proclamada, se establecía la reconciliación nacional: que se

abría una nueva etapa en la que los enfrentamientos entre españoles no se producirían jamás. Jamás

habéis dicho. "Los comunistas liemos enterrado a nuestros muertos y nuestros rencores", afirmó el

comunista señor Camacho. Pues bien, enterremos todos nuestros rencores y a nuestros muertos. En vez de

matarnos, dialoguemos. Ser en política, es ser entre otros, decía don Eugenio Montes.

Habéis dicho en la sesión palabras que os comprometen ante €l futuro y que yo os tomo en prenda de

vuestra voluntad con otras palabras, como de una. oración, de aquel quijotesco vasco enamorado de

España que se llamó don Miguel de Unamuno: "Tened fe en la palabra, que es la cosa viva; sed hombres

de palabra, hombres de Dios, Suprema Cosa y Palabra Suma, y que El nos reconozca a todos como suyos

en España."

A. 1. GONZÁLEZ MUÑIZ

 

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