Autor: Contreras, Lorenzo. 
 Con palabras de simpatía para los trabajadores de uniforme. 
 Nueve discursos y dos votos negativos en la aprobación de la amnistía     
 
 Informaciones.    15/10/1977.  Página: 3-4. Páginas: 2. Párrafos: 16. 

CON PALABRAS DE SIMPATÍA PARA LOS «TRABAJADORES DE UNIFORME»

NUEVE DISCURSOS Y DOS VOTOS NEGATIVOS EN LA APROBACIÓN DE LA AMNISTÍA

Por Lorenzo CONTRERAS MADRID, 15.

NOS incumbe le, responsabilidad, de otorgar una amnistía que no consista sólo en abrir las cárceles, sino

en profundizar en la democratización, en la juridicidad democrática.» Estas palabras fueron pronunciadas

ayer en el Congreso por dan Xabier Arzallus, portavoz de la minoría vasca, quien añadió: «Esta Cámara

debe ser desde hoy garante de esa transformación, para que no quede todo en mero acto de buena

voluntad.»

Anoche, cuando terminaban los fatigosos trabajos de una Jornada parlamentariamente intensa, bajaba

desde las alturas del Senado una Importante noticia: mosén Xirinachs se había sentado. Es decir, había

dado por buena —o al menos aceptable— la regulación contenida en la proposición de ley de Amnistía,

previamente sancionada en el Congreso de los Diputados. El escolapio infatigable deponía la rigurosa

verticalidad observada durante sesiones y sesiones para recordar a la opinión que la famosa regla del

olvido de todo lo pasado —presupuesto indispensable para la reconciliación— no acababa de llegar.

Por fin, el senador catalán descomponía su protesta geométrica. La guerra —no es seguro, pero al menos.

posible— había terminado. Xirinaohs, en su actitud cuasi vegetal, no moría, como los árboles, de pie.

AUSENCIA DE MARTIN VILLA Y ALUSIONES A LOS «UMEDOS»

El plenos de la amnistía, en el congreso de los diputados, había comenzado a las doce , horas. En el

banco azul estaba todo el Gobierno, con excepción de Martín Villa. Junto al presidente Suárez, el

vicepresidente militar Gutiérrez Mellado. En los bancos de la oposición, Dolores Ibárruri ocupaba su sitio

tras un breve eclipse, motivado por razones de salud. El Presidente mejicano, López Portillo, después de

su discurso vespertino en la sesión conjunta Congreso - Senado, 1 e envió besos con la mano. Era el

momento de las grandes cortesías, el minuto versallesco de la agotadora Jornada. Una jornada que había

comenzado con preocupantes augurios, porque el diputado vasco Francisco Letamendia, militante de la

todavía ilegal E. I. A. y único miembro de la coalición de Euskadiko Eskerra, había pretendido formular

«in voce» una enmienda de totalidad. Hubo alguna indecisión sobre la respuesta utilizable. El presidente

del Congreso, Fernando Alvares de Miranda, rechazaba el planteamiento del diputado, pero admitía, en

principio, que hablase para «explicar» su voto, que acabó siendo, como los de Alianza Popular, un voto

abstencionista. Se generalizó antes la versión de que Suárez intentaba evitar que Letamendia «la armase».

Incluso llegó a creerse que la interrupción que la sesión sufrió durante una media hora (cuando Carro

Alianza Popular—, Camacho —Partido Comunista de España—,Donato Fuejo —P. S. P.— y José María

Triginer —Partido Socialista Obrero Español catalán— habían pronunciado ya sus respectivos discursos

«inaugurales») tenía por objetivo examinar, a escala de Junta de Portavoces, la pretensión del diputado.

LOS GRANDES EXCLUIDOS

En los pasillos, mientras tanto, el ex comandante Busquets conversaba con los ex miembros de la Unión

Militar Democrática señores Otero, Ibarra, Reinlein, Márquez, en uno de los salones centrales del palacio

legislativo, bajo la atenta y preocupada mirada de Felipe González. Los llamados «úmedos» daban color

político al ambiente. Ellos eran los grandes excluidos de la amnistía, y para sus situaciones tuvieron

palabras de apoyo y simpatía Marcelino Camaeho, Donato Fuejo y Txlqui Benegas (P.S.O.E. vasco).

Cuando el dirigente de Comisiones Obreras pidió que no quedasen fuera de la amnistía «los trabajadores

de uniforme», el general Gutiérrez Mellado levantó la cabeza como propulsado por un resorte. Benegas

contemplo con abierta simpatía el caso de «los profesionales que tienen a su cargo la alta y noble tarea de

la defensa del país», expresando la esperanza de que su reincorporación a las Fuerzas Armadas pueda ser

conseguida en un futuro próximo «por vía administrativa». Y aseveraba: «El futuro de nuestro país les

hará justicia.»

LAS EXTRAPOLACIONES DE CARRO

Alianza Popular confió al ex ministro Carro Martínez la tarea de explicar un voto que aun siendo

finalmente abstencionista, negaba los fundamentos de la amnistía acordada por la Cámara. Fue el suyo un

discurso para un electorado conservador, que Alianza Popular disputa crecientemente a la Unión de

Centro, pero también un ensayo de descalificación del Gobierno, porque no está garantizada que vaya a

ser ésta «la última amnistía». Oradores de la oposición, al recordar las - exclusiones que perduran en el

otorgamiento del olvido, harían bueno el pronóstico del ex ministro franquista, según el cual, a partir del

15 de junio «ya no hay delitos políticos». Los dos grandes báculos en que Carro Martínez se apoyó para

combatir la administración del nuevo «perdón» que está amnistía última representa, fueron dos

testimonios: uno, del actual ministro de Justicia, que fue citado como autor de un reciente discurso donde

constaba lo siguiente: «No se entiende que hechos que han conmocionado a los españoles, que han

merecido condena unánime, puedan a renglón seguido ser incluidos en peticiones de amnistía generales e

indiscriminadas.»

El otro testimonio, menos afortunado, fue atribuir «al insigne socialista don Luis Jiménez Asúa».

vicepresidente republicano del Congreso, una intención extrapolable al momento político actual de

España, cuando escribía —son palabras de Carro— «que al advenimiento de la República se hizo de la

gracia un uso tan ciego y desmedido que fue la causa del desorden y de la caída de la República».

En el primer caso, don Landelino Lavilla alteró levemente su habitual aire glacial, sonrió forzadamente y

encendió el pitillo del recurso. En el t segundo caso, el diputado socialista Benegas protestó ante la

aberración que representaba citar como testimonio argumenta! la frase de una víctima del exilio

«interpretándolo torcidamente».

ESPERANDO A LETAMENDIA

El temor a una «explosiva» intervención del filo - etarra Letamendia estaba en el origen de las inquietudes

que en el hemiciclo se observaban. Los discursos de Marcelino Camacho, Triginer, Benegas y, sobre

todo, Xabier Arzallus, llegaron a representar algo así como una suerte de preparación «artillera»

contra las oposiciones orales que Letamendia tenia edificadas y más o menos blindadas para descalificar

la amnistía. El discurso de Donato Fuejo se apartó de esta línea por los aspectos negativos que

resaltaba, hasta el extremo de que las palabras del diputado «tiernista» motivaron un visible gesto de

desagrado del presidente del Gobierno. Adolfo Suárez, vuelto hacia Gutiérrez Mellado, comento

algo así como «¡intolerable!». Arzallus fue el orador más celebrado. Los tibios aplausos o los

aplastantes silencios que los sucesivos discursos motivaban, se trocaron en verdadera ovación cuando el

portavoz de la minoría vasca y miembro del P.N.V. concluyó sus argumentos a favor de la nueva ley.

Arzallus dijo muchas cosas ya sabidas. pero tuvo el arte de decirlas bien y ,con exacto sentido del tono

y de la oportunidad. Cuando recordó que «terrorismo lo hubo por ambas partes», sus palabras cayeron

sin agresividad, pero contundentemente, sobre un auditorio prendido del hilo de su pensamiento. Cuando

recordó algún caso tremendo de desgracias encadenadas a las vicisitudes de una familia vasca no se

apreció sello de rencor o de odio en su patético relato. Cuando filósofo sobre: la amnistía como u c a m i

n-i hacia la credibilidad cierno orática.», un espíritu de sensatez aleteaba sobre los escañor color rojo

burdeos de .a viejas Cortes orgánicas.

«NADA DE PERDÓN VERGONZANTE»

OVACIÓN PARA ARZALLUS Y SILENCIO PARA LETAMENDIA, QUE SE ABSTUVO JUNTO

CON ALIANZA POPULAR

EL DIPUTADO DE «EUSKADIKO» PIDIÓ UNA POLICÍA AL SERVICIO DE LOS PODERES

AUTONÓMICOS

A Francisco Letamendia v le concedieron cinco minuto para explicarse. Benegas había bombardeado

las posiciones dialécticas con una relación de supuestos, según los cuales la presente amntía es total

para el pue vasco, incluidos los implícitos en el caso de Ybarra, presentado por el diputado

socialista 00290 «un hecho luctuoso iniciado antes del 15 de junio y consumado con posterioridad a dicha

fecha», pese a lo cual «el artículo primero, apartado 1-a contempla esta hipótesis».

Letamendía inició su breve discurso con estas palabras: «Soy consciente de que voy a ser aquí una voz

inoportuna que c1ama en el desierto.» Invocando el mandato del sector popular que le había votado, el

diputado de Euskadiko Eskerra combatió la idea de amnistía como «perdón vergonzante» de personas que

no son delincuentes comunes y que, a su juicio, no hicieron otra cosa que «ejercer el derecho a utilizar

todos los medios para defenderse de la opresión de la dictadura». Negó el 15 de junio como frontera

inicial de la democracia y pidió que la amnistía abarque hasta la fecha de promulgación de la ley, sin

etapas o escalonamientos. Consideró como medida complementaria imprescindible para una amnistía

satisfactoria la «sustitución de las fuerzas policiales heredadas de la etapa anterior por otras que estén al

servicio de tos poderes autonómicos, al objeto de que el País Vasco se vea limpio de su actual «psicosis

de pueblo ocupados Pronosticó que algunos exiliados no podrán volver. Extendió el concepto de amnistía

a delitos «femeninos» fundados en un concento machista del Derecho... pero al fínal, el fornido y barbudo

Letamendía celebró que en la amnistía haya factores de triunfo para muchos sectores laborales y para

otras zonas de la población, en base a lo cual anunció que se abstendría. Sus palabras finales fueron para

pedir «comprensión hacia mi postura». No hubo aplausos ni protestas.

La crítica parlamentaria y jurídica de la amnistía correría a cargo del diputado aragonés «independiente»

Gómez de las Roces. Para el ex presidente de la Diputación de Zaragoza, el texto legal está lleno de

imprecisiones jurídicas por falta de estudio suficiente, y, además, traslada a los Tribunales competencias

que a las Cortes corresponden.

SOLO DOS VOTOS EN CONTRA

La votación fue elocuente, como colofón a las "razones" expuestas por el "ucedist" Arias Salgado en

defensa de una amnistía que no tendrá reediciones, que será "la última", porque es "suficientemente

amplia". Con 317 votos presentes, 296 fueron afirmativos y sólo dos negativos. Las abstenciones subieron

a 18. La rúbrica final consistió en una ovación interminable, Alianza Popular excluida en bloque. Se usó

el procedimiento de la votación electrónica y Álvarez de Miranda lamentó que se hubiesen perdido

diecinueve llaves para accionar el dispositivo acoplado a cada escaño. Las llaves fueron repuestas a los

autores de los extravíos, entre los cuales figuraba el ministro de Educación, don Iñigo Cavero.

LÓPEZ PORTILLO CITA A LOS CLASICOS

Entre el debate de la amnistía y la discusión de las incompatibilidades apreciadas inicialmente en los

casos de diversos diputados, se interpuso la sesión especial dedicada a recibir, en sesión conjunta del

Congreso y del Senado, al Presidente de Méjico, don José López Portillo. Habló en primer lugar el

presidente de las Cortes, don Antonio Hernández Gil. A destacar en su discurso, la referencia a la

Constitución de Cádiz, de 1812, cuyo manuscrito original es "una joya llena de sensibilidad

parlamentaria, es decir, de fe en el diálogo y en la comprensión." Observó el señor Hernández Gil que

"conmueve contemplar en ella alternadas las firmas de ´los españoles de ambos hemisferios,´ como llama

en su artículo primero a todos los españoles de entonces".

"Al cabo de un recorrido muy próximo a los cinco siglos —concluía el presidente de las Cortes—, somos

iguales y distintos, tenemos las sangres comunicadas y las respectivas personalidades reconocidas. Lo

indispensable para que exista la fraternidad."

El discurso del Presidente mejicano fue la exhibición oral de un hombre culto. Martínez Marina, Ramos

Aríste-gui, fray Bartolomé de las Casas, Juan Luis Vives, Vasco de Quiroga, Baltasar Gracián, Francisco

Javier Alegre, Mar-cel Bataillon, Unamuno y hasta una sentencia del Oráculo de Delfos pronunciada en

griego, fueron rememorados. La defensa del federalismo como explicación del fenómeno político

mejicano y las alusiones al criterio azteca de que se afirma la unidad nacional en la superación de las

contradicciones, así como se obtiene lo unitario a través de lo diverso, sonaron casualmente como

observaciones tangenciales al problema español. López Portillo vendió bien la imagen del régimen

político que representa, cuyos aspectos internos son discutibles. Describió a los mejicanos como hombres

"sin temor a ninguna idea", cuya reproducción "depende de la tierra donde se siembre". Cuando terminó

diciendo que "un Parlamento es la conciencia de una nación" y que él había hablado "a la conciencia de

España", la ovación fue de gala. Volviéndose hacia los bancos de la izquierda, López Portillo "sopló"

besos a Dolores Ibárruri. Sonó el grito de "¡Viva Méjico!", y el ilustre visitante recorrió las instalaciones

del palacio legislativo.

COMPATIBLE "IN EXTREMIS"

Las sesiones de trabajo se reanudaron con una tarea muy prosaica. Se trataba de aprobar un dictamen de

la Comisión de Incompatibilidades del ´Congreso. Se planteaba la posibilidad del cese de don Luis

González Vázquez, director de la Obra de Cooperación de Lugo, cuya calidad de tal constaba en su

declaración de 1 de septiembre de 1977. El secretario del Congreso, señor Ruiz Navarro, leyó los datos

contenidos en un escrito de dimisión presentado "in extremis". Se aceptó por 121 votos contra 101 esta

realidad, y el señor González Vázquez pudo conservar su escaño. El dictamen en su conjunto, con la

relación de diputados en sus presentes situaciones, fue aprobado con 13 votos en contra y nueve

abstenciones.

 

< Volver