Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   Un relámpago de lucidez     
 
 Informaciones.    15/10/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Un relámpago de lucidez

Por Abel HERNÁNDEZ

ESTABAN pactados los votos, pero no las intervenciones. Los oradores fueron desgranando sus dudas

desde la tribuna. Algunos, como el doctor Fuejo, dejaron la mecha encendida en las cárceles. Había en el

Congreso de los Diputados una agridulce sensación. Algunas de las intervenciones rezumaban el dolor de

un pueblo con llagas en los costados. Por ejemplo, la del vasco Arzallus. Sus palabras fueron claras,

vivas, emocionantes, y arrancaron el aplauso. El otro vasco, Letamendía, representante de la izquierda

extraparlamentaria, embridó lo que pudo sus sentimientos, pero se le notaba desgarrado por dentro. Pidió

comprensión. Fue acogido en silencio. A mí me mereció un profundo respeto. Sobre todo por su honradez

y por su esfuerzo de acercamiento.

Ayer nacieron las Cortes de la concordia. A las tres menos veinticinco de la tarde, toda la Cámara, puesta

en pie, acogió la votación de la amnistía con una ovación cerrada. Era emocionante. Aplaudían hasta los

que no habían dado su voto favorable. Se cerraba un largo capítulo de la Historia de España. Ya no hay

vencedores ni vencidos. Era como un momento refulgente, que ocurre de vez en cuando en la vida de los

pueblos y que ilumina de pronto su auténtico destino. Era mi brillante relámpago de lucidez nacional.

Nacía en ese momento, de verdad, la democracia.

Quedaron, sin embargo, flecos de incertidumbre: ¿Vamos a caer en la tentación de seguir mirando hacia

atrás y hurgando en la herida? ¿Se van a plantear pronto nuevas amnistías? ¿Se va a aceptar la presión de

los que quieren abrir las cárceles de par en par? Hay evidente peligro de Que la incipiente concordia

acabe en discordia total, como antaño.

Ahora lo que urge es adaptar el Código Civil y el Código Penal a la nueva situación. Las leyes coactivas

de la dictadura ya no sirven para la democracia. Hay que objetivar la Justicia. Y en eso se está.

El Gobierno lo trata hoy en la Moncloa. La oposición acepta el pacto. Ahora es preciso ejercer la

autoridad, con el respaldo de todas las fuerzas parlamentarias. Si no, mucho nos tememos que, tras el

momentáneo fulgor, vuelva a cerrarse sobre España la noche oscura. La Historia no se repite nunca, pero

suelen repetirse los errores de la Historia. El futuro de España será esplendoroso con un poco de sentido

común.

 

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