Autor: Rodríguez, Pedro. 
   Qué hacer con Euzkadi     
 
 Gaceta Ilustrada.    22/07/1979.  Página: 12-13. Páginas: 2. Párrafos: 6. 

QUE HACER CON EUZKADI

Pág. 12

Por Pedro Rodríguez

Llegan, entran, se sientan, en los restaurantes, los señores ministros, los señores políticos, los señores

empresarios, todos con su guardaespaldas en la mesa de al lado, «me pasa la factura del señor», como los

emperadores que viajaban con sus catavenenos, y las puntitas de las pistolas asoman entre las ensaladas

baudelaires. Es julio, ese toro negro, zaino, traidor, que mete siempre el cuerno en el calendario, y ves

cruzarse a los señores obispos que te recuerdan el Sexto, con los bomberos que te recuerdan Zaragoza.

Al atardecer, en Neptuno se cruzan, como dos mundos, el coche de Olarra con el de Tarradellas, y al

mediodía, se tropiezan en una acera Kurt Waldheim y los vascos que han venido a jugar la finalísima

de Guernika. Huele esplendorosamente a gasolina y a pacto y a gomados y a humo y a fueros y a

chamusquina; a agua bendita y a manga de riego, y todo es aquí, en la retaguardia de Madrid, como

una película muda, como dicen que era el Burgos del 37 o el Salamanca del 38. Han subido la gasolina

y han bajado los humos y algunos políticos no contestan a «¿qué hiciste la noche en que tirotearon a

Cisneros, papi, después que te enteraste, papi?». Aún hay gente por las calles mirando hacia arriba,

buscando otro Escailab y otro «Corona de Aragón», o buscando simplemente, et quinto jinete del

apocalipsis, al que en España llamamos, desde hace cuarenta años, julio, maldito julio, inolvidable

julio, humeante julio...

El evangelio vasco según Linz

Los ojos de los políticos están clavados en un cristal que dice:

«Cuidado. Rómpase sólo en caso de emergencia». Tras ese cristal, está el Ejército español. Cuarenta años

en los cuarteles. Franco nunca quiso sacarlo a la política. Bien. Se supone que el día del asesinato del

general Hortigüela, el presidente del Ejecutivo advirtió a Carrillo y a Felipe González sobre la posibilidad

de un desenlace «duro». Se supone —porque en este país se supone todo hasta que dentro de 75 años se

abran los archivos y hablen por los que no quieren hablar ahora— que en el momento de sentarse en la

mesa de negociación, Ga-raicoechea fue advertido por Suárez que el Ejército vigilaba. Se supone que el

Presidente en-seña alguna vez a sus contrincantes e) puño de la espada en el recibidor. Bien. (Parece que,

luego, Garaicoechea sólo ha hablado, en Madrid, con un general y no representativo.) Bien, otra vez.

Cerrar un acuerdo sobre Euzkadi es abrir la caja de Pandora. El Estado ya no estará en Madrid, sino en

Bilbao. Si Eta pretende seguir acorralando al Estado, los que empezarán a caer, Dios quiera que no, serán

los hombres de Guernica y no los de la Carrera de San Jerónimo. Lo saben, lo reconocen y hasta lo

esperan los "peneuves" que negocian en Madrid, cuyo valor es reconocido. Por eso, a veces, en las

discusiones sobre cláusulas, se conforman sólo con las palabras, y no piden más. Bueno, pues bajo ese

clima, de pronto ha hablado un científico: el profesor Linz. A Euzkadi y a Madrid le hubiera venido bien,

hace mucho tiempo, que le echaran sociólogos, economistas, mucho más que gomados o pelotones de

ejecución. Linz ha hecho un estudio para «Fundes» la fundación que preside Julián Marías. Ha auscultado

et pecho vasco, ha tomado el pulso a la sociedad española y ha dado la «fórmula Linz», la receta Linz, la

ponencia Linz, de viva voz. Si yo no la he entendido mal, la reflexión del español de Harvard es, más o

menos, ésta. Escriban en el encerado; «¿Cómo se puede arreglar, en pura teoría el conflicto vasco?».

Abran llave: Hipótesis una) Por imposición de una de las dos partes. Imposible, claro. Por imposición,

Franco no pudo. Y, al revés, por imposición de Euzkadi al Estado español, más imposible. Desechada.

Hipótesis dos) Concediendo o ganándose la independencia vasca. Tampoco es viable. Técnicamente,

geopolí-ticamente, sociológicamente, económicamente, los problemas que se le vendrían a Euzkadi y a

España con una independencia, serían, según se ha estudiado, tantos o mayores que los de la situación

actual. Euzkadi, además, lo sabe. Hipótesis tres) Autodeterminación. Bueno, mire usted: ¿quién decide

quienes se auto-determinan? ¿Cuántas provincias se autodeterminan y por qué no más, o no menos, eh?

¿Quiénes son los vascos con derecho a autodeterminarse y dónde han de residir para votar? La fórmula

seria difícilísima y tras la autodeterminación, tampoco quedaría extinguido el conflicto. Hipótesis cuatro y

última) El compromiso entre líderes. Vale. De hecho, se va a conseguir, porque Suárez y Garaicoechea

saben que no hay más solución que llegar a una solución, y que hay que implicar a todos en la apuesta

porque si pierden unos, perdemos todos. Pero, al llegar al único camino abierto, Linz se pregunta como

un la-, mentó: muy bien, pero, jan!, ¿los líderes que han de comprometerse son capaces de imponer

su pacto a sus seguidores? ¿Tienen autoridad moral para imponerse a sus tribus respectivas?

La conclusión científica —no sé si es Linz en persona el que llega a ella— es que los líderes políticos,

empresariales y sindicales de la España de 1979 no tienen la fuerza y el prestige para dominar

sociedades. A partir de ahí, el profesor Linz te abandona en el aparente callejón sin salida, se retira, y, en

ese momento, surgen los políticos. Los políticos de la España de 1979. Se dirigen al encerado, cogen la

ecuación a partir de Linz y siguen el teorema: «Bien, de acuerdo. Entonces, habrá que sustituir a los

líderes individuales, por el conjunto de ellos. No queda otro remedio que el paso final en el tema vasco lo

decidan e impongan las instituciones. Tracemos el esquema operativo». ¿Qué es lo que se está diseñando

en Madrid? Yo diría que esto.

1) ciertamente, se firmará el Estatuto vasco. 2) ciertamente, será refrendado por las Cortes. 3)

previsiblemente, el Estatuto no será suficiente para calmar al sector violento de la sociedad vasca. 4)

previsiblemente, la escalada, en el mes siguiente a la salida del Estatuto, será infernal. 5) en cualquier

caso, si los asesinatos y el terror no cesan, eí Gobierno irá al Parlamento y, por aclamación

previsiblemente— se instará al Ejército a que intervenga en salvaguardia de la Constitución y en uso de

todos los resortes democráticos. Un Ejército legitimado en su acción irá hasta donde el Parlamento diga,

aparte iniciativas de orden técnico. Esto es lo que hay, esto es lo que se adivina, esto es lo que se piensa.

Previsiblemente, no habrá —ya lo hemos aventurado, aquí— tanques en Bilbao, sino la articulación del

supuesto constitucional del «Estado de Sitio», y la intervención no pasaría del nivel de fuerzas de

orden público, dotadas última y previsoramente de material y unidades especiales, como carros ligeros.

Una cierta, pequeña, dolorosa y otoñal guerra «a la irlandesa» se va dibujando en el horizonte, mientras el

Madrid veraniego de los políticos estalla ese silencio previo a la entrada en la atmósfera de los,

«Skaylabs». ¿Y Eta? Bueno, se ve, se adivina, que Eta se prepara para la gran representación final Pero

nerviosamente. No se ve un ejército de poli-mi-lis disciplinado y unido.

Creo saber que 1) el alcalde de Benidorm recibió el martes una carta de Eta adviniéndole que cerrara las

puertas de la ciudad al turismo antes del l8 de Julio; que 2) Eta puede haber contra-tado en Andalucía

«temporeros terroristas» para los trabajos auxiliares de las bombas en las playas; que 3) probablemente,

nunca se aclarará el atentado a Gabriel Cisneros. Parece Eta, parece que no lo quieren reivindicar

porque le consideran un fracaso, pero en el sucedo, hay piezas que no encajan por ninguna parte en ¡os

procedimiento conocidos de una Eta profesionalizada: que 4) en este país se ha pensado muchas veces

en cuerpos extraestatales de cazaetarras y cazagrapos y que, probablemente, el Ejército español nunca

dio hasta ahora, al menos, su consentimiento Agotados todos los caminos, una salida «dura», en pequeño

grado, parece inevitable en el lema vasco. Alguien —técnicos importantes— ha calculado, al margen de

la hipotética intervención en Euzkadi, el precio de una salida «dura» en grado superior; es decir, un golpe

de estado, de derechas o de izquierdas, con violencia: diez mil muertos sería el costo estimado.

El dinero empieza a tener olor

Ahí va, ¿le veis?, Tarradellas, el viejo, querido oso de las* montañas del Estado. Detrás de los visillos del

Ritz entre-cierra sus ojillos de payés sa-bio, y contempla tas bandadas de pelicanos madrileños que cruzan

ante él. Ha venido a la Corte a fortalecerse; a tomar las aguas políticas. ¡Sabe que tiene el apoyo populad,

pero no el de los partidos. Que el Estatuto no lo va a negociar él. Hace largas pausas en las tardes del.

Ritz, como un abuelo de:visita y a veces parece que vía a gritar: «Quitaros de ahí que voy yo a gobernar

un ra-tito». Ya no hay dioses, Prieto, Azaña, en Madrid y la estancia del viejo presidente tiene como un

aire viscontiario. De pronto, hace algo, como un campeón retirado que señala un golpe: esta tarde te han

visto en el vestíbulo con gente alta; gente "con barba, gente joven, gente vasca:..

Ahi va, ¿le veis?, no digo dónde, Olarra, el rayo que no cesa. Ha jugado fuerte, ha ga-nado. Tiene siempre

al otro tado del teléfono el cerebro prodigioso, florentino, de . su superabogado: Antonio Pedrol. Nadie

quiere escribir de esto, pero Otarra es el final de la saga de las dinastías empresariales vascas, del espíritu

de Neguri, De quienes han tenido que llamar a gente de la meseta para que les lleven sus empresas.

Probablemente, de habérselo propuesto, eí poder económico vasco pudo haber acabado, en su día con

ETA. Ahora tienen que cruzar la frontera con el «attaché» a depositar el impuesto. Nadie piensa en

ello, pero las dos grandes industrias en crisis mundial, siderurgia y naval, las ha pillado en España,

para más inri en zona de guerra re-volucionaria. Bien. El «Síndrome Olarra» ha levantado el telón

sobre uno de los grandes sucesos económicos de la transición: la entrada de la Izquierda en los

grandes depósitos económicos. En tas Cajas. Hablé de esto en el mes de-abril aquí, en GACETA.

Olarra se ha rebelado contra tíos batasuneros miembros de la Caja que dice que le han presionado en la

Caja de Bilbao, La verdad es que, en toda España, la Izquierda procedente de ayuntamientos y

diputaciones ha entrado al galope sobre fas alfombras, Tos mármoles y las caobas de las Cajas. A jo

mejor, una conciencia de izquierda no hubiera venido mal en el mundo del dinero, pero el efecto ha sido

devastador.

El pequeño ahorra-cfor sé niega a llevar sus pesetas dónde se respire política. Parece mentira, pero el

franquismo trató por todos los medios de despolittizar las Cajas y tas saco físicamente de locales oficiales.

Creo que estos días, en la Caja de Ahorros de Madrid se reciben cientos de cartas de pequeños

ahorradores protestando y amenazando si se da el credito que ha pedido Ramón Tamames para poner a

flote el Ayuntamiento. Peseta y política no, funcionan juntas. Los hombres, de la Izquierda han jurado en

las cajas sin corbata —hablo de la mayoría—, han querido obligarse a sí mismos; a permanecer allí

desde las ocho de la mañana, han querido cambiar directores y sistemas, y el mundo del dinero se

estremece. Las pesetas se están marchando hacia las cajas de ahorro privadas, donde el dinero no tiene

olor. Podríamos asistir, a largo plazo, a un espantoso «crac» si pesetas y política no se acurrucan juntas en

el interior de las cajas.

Oh, el dinero, oh. Alguien ha visto por Madrid, de incógnito en pleno disfrute de la primavera, al señor

Miñarro que se había alejado hace meses al estallar por los aires el affaire del «Banco Coca». Alguien,

chisssst, ha contabilizado el déficit presupuestario actual del Estado español, chisssst: doscientos

cuarenta y nueve mil, escribase en letra, millones de pesetas, chisssst... Difícil, dura, fascinante arte la

Economía: un ex subdirector del «Coca» ha sido nombrado director general de la Tesorería , de uno de los

grandes ministe- rios del Gobierno, chisssst.´ La Economía, repito por si no se oye, es una ciencia tan

inaha-prensible y esotérica que obligó al presidente Suárez a pasarse madrugadas y madrugadas de los

primeros meses de su mandato aprendiendo en los libros los rudimentos de tan mágica y sorprendente

materia. El conflicto de las minas de Almadén ha servido para que los economistas hayan llegado a una

conclusión de alta economía «a la española» que ha ría palidecer de asombro a Keynes, Samuelson y

Abril Martorell: dado los costos de «stocage» y no sé queridos procesos, se ha comprobado que la mañera

mas rápida y sen-cilla para reducir- los gastos de explotación de Almadén es que los probos mineros

saquen el material —ya que se empeñan en ello— y lo vuelvan a meter en la mina.

«... el Gobierno irá al Parlamento e instará al Ejército a que intervenga en defensa de la Constitución»

 

< Volver