Sigue con mayor intensidad el desalojo de Carabanchel. 
 La Carcel, envuelta en una nube de humo     
 
 Informaciones.    21/07/1977.  Página: 1, 28. Páginas: 2. Párrafos: 14. 

SIGUE CON MAYOR INTENSIDAD EL DESALOJO DE CARABANCHEL

LA CÁRCEL, ENVUELTA EN UNA NUBE DE HUMO

Los presos siguen en las terrazas y hacen frente a las acometidas de las fuerzas de orden público

MADRID, 21 (INFORMACIONES).—A las dos de la tarde, la cárcel de Carabanchel está envuelta en

una nube de humo por las bombas que arrojan las fuerzas antidisturbios. Los amotinados no se rinden.

La batalla del desalojo se -prolonga desde hace dos horas. Todos ios familiares y amigos de los presos así

como los periodistas que cubrían el suceso han sido expulsados con dureza del lugar. La carretera ha

quedado cortada al tráfico. La cárcel ha quedado así completamente aislada y tomada por la fuerza

pública.

La Policía —cuatro compañías de fuerzas antidisturbios— tiene como consigna la siguiente: «Esto se

acaba hoy como sea.» La superioridad ha dado órdenes, sin embargo, de no utilizar las armas de fuego.

Las bombas de humo y las balas de goma no cesan. El redactor de INFORMACIONES Manolo Alcalá ha

conseguido refugiarse dentro de un automóvil con radioteléfono, que había dejado un colega, y desde allí

nos transmite poco antes de las dos de la tarde esta crónica viva:

EL PROPOSITO ES TERMINAR HOY MISMO CON EL MOTÍN

Carabanchel está envuelta en una nube de humo. Son. las dos menos cuarto. Estoy encerrado en el coche,

con radioteléfono, de un informador que ha sido abandonado ante la ofensiva de la Policía contra los

periodistas. ¡Fuera todos!, ha sido la consigna. Los periodistas hemos sido apuntados con las armas de la

fuerza pública mandada por un capitán de las fuerzas antidisturbios. La carretera de Carabanchel ha sido

cortada al tráfico. Esto está aislado. Sólo se oye el ruido de los morterazos de humo. Un convoy de «Land

Rover» de las fuerzas antidisturbios toma posiciones por primera vez frente a la séptima galería, a la que

bombardean con botes de humo. Los amotinados sacan las pancartas y se cubren con ellas

constantemente. Están pasando convoyes antidisturbios, motoristas y coches de bomberos con escalas de

25 y 50 metros. Hasta este momento, son seis o siete los coches de bomberos estacionados en el interior

de la cárcel. En algunos momentos, las puertas de la cárcel se abren para que entren automóviles

privados. Se supone que puedan ser los de las comisiones negociadoras.

Se paran dos «Land Rover» cerca de mi. Temo que vengan hacia mí y me echen. Están señalando al

coche con el dedo. Llegan varias ambulancias. Son las dos menos diez. Continúa el bombardeo con botes

de humo. Cantan los amotinados. Son canciones provocativas. ¿Dónde habrán ido a parar los cielitos de

familiares y amigos que esperaban aquí? Algunos estaban con los nervios destrozados. Algunas mujeres

han tenido que ser recogidas con ataques de histeria. Los «Land Rover» que se encontraban frente a mi

vuelven a sus puntos, a su primitiva posición en torno a la cárcel. Me pregunto cómo, inexplicablemente,

respetan mi presencia aquí. Pasa otro coche de bomberos y un camión de refrescos sale de la cárcel.

La batalla campal dura ya en el interior cerca de dos horas; se ignora exactamente lo que está ocurriendo

dentro, pero todo indica que los amotinados son conscientes de que ha llegado la hora definitiva del

desalojo. Sin embargo, ellos no dan síntomas de ceder. Los presos se agrupan en los bordillos exteriores

de las terrazas, huyendo de las bombas de humo que estallan en el centro de la claraboya. Allí se está

dando la batalla. Esta estrategia del ataque hace suponer que se intenta facilitar la entrada desde la sexta

galería por medio de un boquete, como comunicaron los presos. Vuelve el silencio, y un policía a caballo

pasa junto a mí. Expulsa a un periodista que venía hacia mi coche. Yo sigo oculto lo más discretamente

posible, sin soltar el teléfono. No sé cuánto podré aguantar. Un coche de la Guardia civil pasa de largo

Tengo un respiro. Los preso levantan las manos, como si indicaran a alguien que les mirase de lejos que

continuar, firmes en sus posiciones en-tre la nube de humo.

LA CÁRCEL, ENVUELTA EN UNA NUBE DE HUMO

A las dos y cinco, en mi reloj, dos furgones celulares de la Guardia Civil salen de la prisión. Desde mi

escondite puedo ver, a través de una de las ventanillas del furgón a varios presos en su interior-Son

trasladados, sin duda, a otras prisiones. Los dirigentes de la COPEL que estaban en el centro de la cúpula

fueron sacados de la cárcel, algunos automutilados, la pasada madrugada. Sus nombres están en las listas

de la puerta. El calor es agobiante. La nube de humo que envuelve las terrazas es la respuesta de la Policía

a la orden de que hay que acabar con el problema hoy. Me he quedado ata tabaco. Pasa junto a mi un

señor bien trajeado, que sale de la prisión. Sospecho que es un abogado. Le pido un cigarrillo, y me lo da.

Toma un coche y entra en la cárcel. No sé quién es. Parece que esto va para largo. El calor aumenta y los

botes de humo amainan.

A las once y media los amotinados hablan lanzado un mensaje desde las azoteas. Va encabezado con tras

S. O.S. Los presos presienten que tras la tregua era inminente la intervención de la Policía. «Se ha

comenzado a hacer —decía el mensaje— en la sexta galería un agujero de grandes dimensiones que

pensamos aera el acceso para reducirnos. La situación es precaria: no hay agua, ni comida, ni

medicamentos. Tratamos que la Cruz Roja internacional nos asista en tan vitales necesidades.» Después,

en el comunicado se decía que se avenían al diálogo, «pero con garantías». Los abogados en un escrito

solicitan la inmediata dimisión del director general de Instituciones Penitenciarias, a quien consideran

responsable máximo de que se haya llegado a esta situación.

INFORMACIONES ha intentado, en vano, ponerse en contacto con el director general, Parece que en el

Ministerio de Justicia ha habido esta mañana una reunión de altura para analizar la situación.

Cérea de 500 presos hablan sido trasladados a primera hora de la mañana desde la prisión de Carabanchel

a diversos centros penitenciarlos españoles, concretamente la pasada noche han sido trasladados a las

cárceles de Zamora, Soria y Segovia 278 reclusos que, sumados a los 172 de ayer, hacen un total de 448

presos trasladados. Los periodistas pudieron contemplar ayer con sus propios ojos los destrozos

perpetrados en el Interior de la cárcel, que la hacen inhabitable.

INCENDIO EN LOS ALREDEDORES

A las doce y cuarto de la mañana, la Policía Armada continuaba las operaciones para desalojar a los

presos de las azoteas. Sigue utilizando botes de humo y balas de goma.

Algunas personas que se encuentran en los alrededores —familiares y amigos de los presos— han

prendido fuego a unos matorrales de un bosquecillo situado frente al penal. La fuerza pública ha

dispersado a los incendiarlos. Los coches de bomberos siguen estacionados dentro de la cárcel sin

intervenir por el momento. Se supone que van a ser utilizados en cualquier momento por la Policía para

subir a las azoteas. El incendio provocado en los matorrales dificulta la circulación normal por la carretera

que pasa por delante de la cárcel.

Nos llegan noticias de que en otras cárceles españolas donde se hablan amotinado los presos, éstos han

sido reducidos esta mañana y los centros penitenciarios van recobrando la normalidad.

LOS PERIODISTAS, MALTRATADOS

Los periodistas que están cubriendo la información, como es su deber, ante la cárcel de Carabanchel, han

sido expulsados de allí por la fuerza pública. En algunos casos, apuntándoles con sus armas. No sirve para

nada el carnet de Prensa. «Fuera de aquí todos», es la consigna de la Policía.

La cárcel es una nube de humo. Los periodistas han huido. Desde un coche de la agencia Efe, donde ha

logrado refugiarse, transmite a INFORMACIONES Manolo Alcalá: "Soy el único que queda. Veremos

cuanto tiempo puedo aguantar. La carretera de Carabanchel ha quedado cortada al tráfico. Esto está

completamente aislado.»

 

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