Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
 Orden Público. 
 Deterioro de la autoridad     
 
 Informaciones.    21/07/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

Deterioro de la autoridad

Por Abel HERNÁNDEZ

EL dramático episodio de la cárcel de Carabanchel y de otras cárceles es enjuiciado por el hombre de la

calle con esta frase: ((Aquí falta autoridad». Y seguramente la «vox populi» lleva, una vez más, razón.

La democracia se confunde frecuentemente con la debilidad ante las presiones, con la componenda y con

las relaciones públicas. Y la democracia no puede consolidarse asi, sino degradarse. Que es,

desgraciadamente, lo que está ocurriendo estos días por culpa de los motines de los presos y por otras

causas más profundas. Se suceden gestos de debilidad con gestos de autoritarismo, provenientes del

antiguo Régimen. Ni una cosa ni la otra encajan en lo que es la verdadera autoridad.

La impresión generalizada es que en el conflicto de los presos se ha actuado con torpeza desde el primer

momento. El responsable o los responsables directos de que esto haya ocurrido deberían presentar sin

pérdida de tiempo su dimisión. Esto es lo que ocurriría en cualquier país demócrata. Y así empezaría a

clarificarse el panorama.

El segundo Gobierno Suárez ha empezado con mal pie. Las disensiones internas se han puesto de relieve

nada más empezar a preparar el programa económico. Un prestigioso economista, cercano al presidente

Suárez, decía ayer a este cronista: ((Lo peor de todo es que el programa está técnicamente mal hecho y ya

no tiene remedio.» Un alto funcionario me comentaba esta mañana: ((Este Gobierno va a durar poco.»

Seguramente se exagera y se dramatiza excesivamente la situación; pero nadie puede negar que es grave.

Lo malo es que la salida de la crisis sería dramática.

Los presos comunes, que han cometido fechorías contra la sociedad, tienen un argumento contundente:

«Si han soltado a los condenados por delitos de sangre, ¿por qué no a nosotros? También nosotros somos

hijos de esta sociedad.» A fe que su argumento no es fácil de rebatir. Por presiones se ha liberado a los

asesinos. Se ha confundido a los terroristas con presos políticos. Se han permitido «marchas de la

libertad)) que la demócrata Francia no tolera. Dirigentes de la oposición intentan capitalizar en su

provecho partidista el motín de los presos, en vez de colaborar honestamente con la autoridad.

Se confunde el crimen con el patriotismo. Se da peana a las posiciones ácratas. Se hacen héroes políticos

de los «quinquis». Se arriman al olor de Carabanchel todos los grupos marginales de la ultra izquierda.

Se santifica el delito y se racionaliza la insensatez. ¡Pobre país!

 

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