Autor: Urgel, Jaime. 
   Sin ánimo de polémica, puntualizaciones sobre la amnistía     
 
 Informaciones.    30/08/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Sin ánimo de polémica, puntualizaciones sobre la amnistía

SIN ningún, animo de polémica, pero con el fin de clarificar conceptos, convendría puntualizar

algunas inexactitudes y hacer ciertas observaciones sobre un artículo aparecido en la sección

«Opinión» del diario «El País», escrito por don José varía Gil-Robles titulado «Sobre la

amnistía Más generosidad» En el trabajo sí vierten determinados conceptos relativos a la

extensión y consecuencias del reciente real decreto-ley de 30 de julio por el que el Rey ejerció

la gracia de amnistía que, aparentemente apoyados en razones históricas y jurídicas, contiene

algunas inexactitudes y onisiones.

De un lado en el citado articulo se desvirtúa el hecho del - Convenio de Vergara que puso fin a

la primera guerra carlista. Carece de lógica comprar el tamoso «abrazo» y sus consecuencias e

gales con la norma excepcional que se comenta, pues, como escribe Ricardo de la Cierva

(«Historia básica de la España actual 1808-1973». página SO): «La incapacidad política del

bando carlista —agravada por la espantosa crueldad de que hizo gala, pareja por cierto, a la de

sus enemigos— fue mayor que la del bando liberal; las disensiones internas de la Corte

ambulante se corrieron al Ejército y provocaron de lejos la reconciliación entre e! general

isabélino Espartero y el carlista Maroto, en Vergara (agosto de 1839), que pone fin virtualmente

a las hostilidades mantenidas artificialmente por los restos militares del carlismo hasta el año

siguiente.»

No hubo pues, entonces» ninguna norma por la que se concediese amnistía: lo que se produjo

fue un convenio una especie de tratado de paz. entre dos Ejércitos largamento beligerantes paz

que se obtuvo, entre otras cosas sóbrala condición de que Espartero proposiese al Gobierno la

incorporación a filas de los individuos de: Ejercito de Maroto «si acataban la Constitición de

1878 Isabel II y la regencina de Cristina (palabras) textuales del articulo que se comenta) es

decir, si renunciaban al principio dinástico en cuya defensa fueron los carlistas a la guerra Fue

pues, una «paz paccionada». con mutuas concesiones, en que de ningún modo se ejerció la

regia prerrogativa de gracia

Algo parecido puede decirse del convenio de Amorebieta, de 22 de mayo de 1872. el que, por

otra parte no debió tener gran eficacia. en cuanto al olvido de pasados avalares, ya que an

1875 el propio Rey Alfonso XII llamado ya el Pacificador, asume el mando del Ejército, y el 27

de febrero de 1876 31 bizarro rey carlista, don Carlos VIl, grita su famoso «volveré, al cruzar la

frontera por ValCarlos» (R, de la Cierva ob cit. pagina 109).

Además, el señor Gil-Robles comenta el artículo 248 del Código de Justicia Militar señalando

que en el mismo no habla siquiera de amnistía como medio de extinción de ¡a responsabilidad

criminal, y dice: «Desde el momento en que al Código de Justicia Militar no considera existente

en su ámbito la amnistía, parece forzoso que una vez que se ha creído conveniente extenderla

a los delitos militares, lo fuera con el alcance de la ley Penal Común.» ¿Por qué? Extraña que

el fino sentido jurídico del señor Gil-Robles le lleve a tal consecuencia. Si el Código de Justicia

Militar carece de norma específica, no habrá que buscar suplotoriedades acomodaticias, sino,

planteado el problema desde el punto de vista «de lege ferenda», rellenar la laguna legislativa,

que es lo que se hace, con suficiente rango normativo, en el real decreto-ley que se comenta.

El señor Gil-Robles omite toda mención a otro bien claro antecedente de amnistía, en el que él

mismo tuvo directa intervención. Trátase de la ley de 24 de abril de 1934 concediendo amnistía,

en cuyo artículo único apartado a), número 4, se extiende la gracia a los delitos de rebelión y

sedición del Código de Justicia Militar y del Código Penal de la Marina de Guerra (compárese

con el artículo 1.º número 2, del real decreto-ley de 30 de julio), y en el apartado c) del mismo

artículo único se establece que «los militares condenados por el delito de rebelión y sedición.

Quienes sea aplicable la amnistía no serán por ello reintegrados en sus empleos ni carreras de

los que seguirán definitivamente separados. Tampoco les será remitida la pena accesoria de

habilitación o suspensión en lo referente a cargos y empleos militares. No obstante, tendrán

derecho a percibir el haber pasivo de reserve y las pensiones que por cualquier concepto

pudieras corresponderles en la fecha en que cometieron el delito. Sólo no una ley podrían

emitirse las penas que este artículo deja subsistentes» comparece son el articulo 8.º del real

decreto-ley de 30 de julio de 1976 y véase la identidad de expresiones de ambas excepciones

legales. Es evidente que no hay olvido del legislador, sino deliberada exclusion a establecer la

ley de 1934 que solo por otra ley podían remitirse las penas exceptuadas de la gracia)

Para actualizar la cuestión será oportuno añadir que al promulgarse la ley de 24 de abril de

1934 era el propio señor Gil-Robles el verdadero arbitro del Parlamento, como jefe de la más

amplia de las minorías (115 diputados). El mismo en su obra «No fue posible la paz» escribió.

«Eramos, por la fuerza mecánica del número, los arbitros de las Cortes» (página 105); «Le

faltaba (a don Alejandra Lerroux. que presidía el Gobierno) sin embargo, la mayoría necesaria

para gobernar de no apoyarle nosotros en las Cortes Claro que yo había hecho saber al señor

Lerroux que podría contar con ese apoyo, siempre que diera satisfacción a ¡as demandas

mínimas de las fuerzas de derecha que sirvieron de base a la propaganda común durante el

periodo electoral» (página 109). Debieron de recibir dicha satisfacción tales demandas por

cuanto la ley da Amnistía se aprobó en el Parlamento el día 20 de abril «por 269 votos contra

uno —el del señor Mairal— y la abstención de los socialistas» (página 120); es decir, con el

apoyo prometido al señor Lerroux por el señor Gil-Robles y sus fuerzas parlamentarias de

C.E.D.A. Y no conviene olvidar que en tales fechas era ministro de la Guerra el notario

extremeño y radical don Diego Hidalgo, que lo fue del 23 de enero al 23 de octubre, y que, por

tanto, pertenecía al partido apoyado por el señor Gil-Robles y sus parlamentarios.

Las palabras escritas del señor Gil-Robles, recogidas textualmente, tienen significación

elocuente. Queda por lamentar que incurra en omisión al atacar un texto legal, fiel reflejo de

otro en cuya elaboración tomó parte.

Por Jaime URGEL

 

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