Autor: Villena, Herminia C. De. 
 La conferencia de Garrigues Walker, en Murcia. 
 Calcada de viejos cánones liberalistas     
 
 El Alcázar.    09/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

La conferencia de Garrigues Walker, en Murcia

CALCADA DE VIEJOS CAÑONES

Por telex, especial para El Alcázar. Eran las ocho de la noche. El aire se quedó suspenso. En el

Colegio de Farmacéuticos de Murcia ciento cien-cuenta personas contenían el aliento. Se nos

habían parado "los pulsos" esperando que se alzara el telón.

Gafas de concha, frente de pensador, menchón sobre el ojo izquierdo, que le da aire de

"progre" o de despistado, mirada escrutadora y fría, tan fría y civilizada como su voz,

inexpresividad anglosajona y ambigüedad política, porte de "gentleman" caído por equivocación

de otro planeta, ante ustedes, nuestro ilustre oriundo, don Joaquín Garrigues Walker.

¿Recuerdan esos huevos de pascua de chocolate, de origen y toque exótico, tan dorados tan

atrayentes y que luego no llevan nada dentro? pues esta es la impresión que causa el célebre

vastago del director general de la República, exembajador de Franco, exministro de S.M. y

presidente hoy, de una importante sociedad económica o industrial, que de eso por desgracia,

se muy poco, don Antonio Garrigues y Díaz Cana-vate. Nada en Joaquín Garrigues Waiker

brilla exteriormente, salvo la "tenue". Todo en Joaquín Garrigues es moderado. El tono de voz.

Las palabras. Las ideas. Tan moderado, tan gélido, tan premeditadamente educado, tan

férreamente estudiado, que un autocontrol tan glacial, resulta temible por lo deshumanizado.

Con su flema socarrona, inglesa y murciana al cincuenta por ciento, lo mismo califica impasible,

algo tan peligroso como la situación actual, diciendo que "es una tregua, que durará pocas

semanas", o que "ahora estamos jugando todos de farol, porque el paso fundamental son las

elecciones". Yo no voy a hacer una selección de sus frases, que parece que es lo suyo.

Joaquín Garrigues, no se exalta no se excita, y su voz átona, va diciendo cosas, cosas harto

oídas, harto repetidas, tan sabidas que las teníamos arrinconadas en los estudios secundarios

y el espectador ingenuo, escuchadas así como al descuido, cree que son nuevas, y no se dá

cuenta que todas esas teorías que va desgranando el señor Garrigues, son las mismas teorías

de los liberalismos decimóninicos, salpimentadas para que no se atraganten, con algún rasgo

disimulado de ingenio británico. "El centro es tan confuso que ha podido estar en él hasta

Fraga". Pero en toda esa confusión deja bien claro una cosa, que todo puede cambiar desde

ahora, menos el capitalismo y las multinacionales, que también es lo suyo, digo yo. O sea que

yo liberal yo de la órbita de Norteamérica, que es una de las dos opciones que tiene el mundo,

yo demócrata, porque "en Estados Unidos las elecciones las gana siempre un demócrata", yo,

de vocación europea, aunque sin injerencias, yo partidario de la iniciativa privada porque es

imprescindible para el desarrollo" y el progreso material en las naciones más avanzadas del

mundo corresponde a posiciones liberales y es muy superior a las conquistas marxistas", pero

yo, por si acaso, y porque hay que mantener las posiciones económicas conquistadas por la

familia, de vez en cuando hago una visita a la URSS que por algo los liberales defendemos la

pluralidad de partidos, incluido el comunista. Claro como la luz.

COLOQUIO

En el moderado coloquio — todo aquí es moderado— participaron entre otros, el profesor

Marset y el doctor García Zarandieta, presidente y afiliado al recién estrenado "oficialmente"

PCE murciano que se mostraron disconformes con las teorías económicas del presidente de la

Federación de Partidos Demócratas y Liberales pero acordes en todo lo demás.

Respecto al proyecto de reforma dijo "que si las Cortes recogen las indicaciones del Consejo

Nacional, habrá problema constitucional a causa del abastecimiento que se produciría en el

referéndum e incluso en las elecciones generales". Todo dicho suavemente, como si estuviera

recitando una lección, Joaquín Garrigues, no tiene madera de líder. No contagia pero por eso

mismo da confianza a la gente. Esa es su baza. Que griten, que luchen ellos. Yo tranquilo

esperando.

Joaquín Garrigues encaja mejor en el papel de anfitrión con sus cenas elegantes, en su

elegante chalet de Arayaca. En público su rol resulta inocuo y por lo mismo enormemente

peligroso, la mirada fija, fría, hipnótica, esperando la víctima propicia. Sin descomponer la

figura correcta como su camaleónico suegro, señor Areilza.

Y sigue derramando sus ideas que son tan viejas ya como la Revolución Francesa. Después de

cuarenta años, los españoles no sabemos lo que es un liberal ni un demócrata. "Carecemos de

una tradición histórica". Pero en la poca que tuvimos salimos, según Fraga, a una revolución

cada veinte años y a no se si cuatrocientos pronunciamientos en poco más de un siglo. Es una

tradición corta, pero que no nos gustaría tener que repetirla. Felizmente en cuarenta años no

conocimos las aventuras liberales. Sólo trabajo fecundo y vivir en paz y prosperidad. Pero

siendo nosotros mismos. No a imagen y semejanza de influencias foráneas.

Por eso, oír a Joaquín Garrigues su ideario del Partido Demócrata calcado de los más viejos

cánones liberalistas, aferrando a sus posiciones capitalistas, pero aliado del marxismo, es

como el caer del agua mansa como el "sirimiri" o calabobos, que puede mojarte sin mayores

consecuencias, o hacerte pescar una pulmonía mortal. Una trampa en la que pueden caer los

pillos o los ingenuos.

HERMINIA C. DE VILLENA

EL ALCÁZAR

 

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