Autor: Gutiérrez Benito, Felipe. 
   Un liberalismo para España     
 
 Arriba.    31/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

UN LIBERALISMO PARA ESPAÑA

Después del claro lenguaje del referéndum, España se dispone a abrir un período de elección

de opciones concretas. Sin que los criterios con que sean escritos artículos como éste

coincidan con la opinión de este periódico —que está claramente expresada en su línea

editorial—, ARRIBA abre sus páginas a la expresión de criterios que sirvan para la clarificación

de fuerzas políticas. Entre ellas está, lógicamente, el liberalismo. Anteriormente ya publicamos,

concretamente el pasado día 22, otro artículo, titulado «Una Democracia Cristiana para

España»

Se ha celebrado estos días pasados en Burriana (Castellón) la Convención Liberal Europea,

con asistencia de liberales de todos los países europeos, siendo España la anfitriona de la

Convención por parte de uno de los partidos políticos liberales españoles, pero con la

satisfacción y orgullo de todos los demás partidos liberales que actualmente actúan aquí, y que,

dicho sea de paso, tiene el mayor grado de unión y entendimiento de cuantas filosofías

políticas representan una opción de gobierno a partir de las próximas elecciones.

El liberalismo, la única ideología política nacida en España y con patente extranjera —como

tantos otros inventos despreciados dentro— vuelve de su exilio forzoso.

Y regresa con plenas respuestas para los problemas actuales y futuros de España, «liberado»

de los errores y defectos formales en que le hicieron incurrir sus líderes del siglo XIX, que

confundieron, egoístamente, el talante liberal con una auténtica opción política, configuradora

de un Estado justo, progresista y libre, apoyado primero en la libertad, el progreso y la justicia

individual de los ciudadanos. Eso del «talante liberal» es uno de los sambenitos lanzados sobre

el liberalismo, por parte de la otra gran línea permanente de la Historia de España: el

dogmatismo intransigente.

Entre estas dos grandes tensiones se ha desarrollado la moderna Historia de nuestro país. No

más políticos de «talante liberal», sino auténticamente liberales. Las medias tintas, como las

medias luces, como el ni-chicha-ni-limoná, tan sólo sirven, y han servido, para una confusión

política. El liberalismo se presenta nuevamente en España a la altura de las circunstancias.

Proclama las libertades concretas y los derechos humanos, haciendo del individuo el eje de la

política, ya qué en la situación bipolar individuo-Estado en que se debate la dinámica social, el

Estado con su burocracia deja en la más absoluta indefensa al individuo. En el plano

económico, toda intervención del Estado debe ser conforme a las leyes del mercado

competitivo. En cuanto a política agraria liberal, se propugna la explotación agraria familiar, por

ser la que responde mejor a las características del sector, incluido el comportamiento humano

del campesino.

Y como la libertad y dignidad del hombre tiene su auténtica base en la cultura, ésta ha de ser

totalmente independiente de los poderes públicos. En base a esta concepción liberal de la

actividad cultural, el Estado no deberá ejercer ningún tipo de presión o coacción sobre la

libertad informativa.

En el plano de la política internacional, como dijo en su ponencia dentro de la Convención de

Burriana, el señor Wite, subsecretario del ministerio alemán de Asuntos Exteriores, los liberales

no quieren una Europa reaccionaria ni socialista, sino una Europa en la que todo el poder esté

limitado y equilibrado, estando valorizado el individuo. Y en esta línea consecuente, Portugal,

Grecia y España deben estar integradas en el poder político y económico de la CEE, para

contribuir a la estabilización de la OTAN en el sur de Europa y para que el norte de África

quedase más cerca con vistas a las relaciones comerciales y políticas entre la CEE y el Tercer

Mundo. A grandes rasgos, éstos son los presupuestos sobre los que el liberalismo, esa palabra

exportada por España y que define claramente una concepción global de todas las estructuras

y actividades del Esta-do y del Individuo, sin bipolarización, sino como complemento, deja su

exilio forzoso de años para regresar a su cuna, en una etapa de democratización del Estado y

de la sociedad.

Como una opción política más, pero con la fuerza de su autenticidad y congruencia filosófico-

social, aquí está —por fin, ya está aquí otro vez— un liberalismo, el liberalismo, para España.

Felipe GUTIÉRREZ BENITO

 

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