Autor: Cavero, José. 
   Garrigues Walker contra Marx     
 
 Arriba.    16/01/1977.  Páginas: 4. Párrafos: 77. 

GARRIGUES WALKER CONTRA MARX

"La oposición representará, al menos, a la mitad de la población"

"A la vida pública no llegan las vírgenes. Se llega siempre muy tocado del ala"

"No tengo nada que ver con las fuerzas ocultas que dicen respaldarme"

"La política para mí es una profesión muy poco rentable"

"Más que partidos, en las elecciones votaremos personalidades"

"Hay relativamente pocos liberales en este país"

"Rechazo tanto el trasfondo político como el económico de Marx"

"No creo en las nacionalizaciones, pero tampoco me afectarían"

"No puedo seguir sacrificando a mi familia: vuelvo al trabajo no político"

"Aspiro mucho más a ser diputado que ministro"

"El sistema económico español es enormemente criticable"

ACABA de regresar de una amplia gira europea, de encontrarse con sus homólogos de allende los

Pirineos, y está ya en vísperas de emprender un nuevo viaje por capitales españolas. Joaquín Garrigues

—«Johnny Walker» para la jerga político-satírica— debe dar órdenes a su secretaria para que su teléfono

deje de sonar e interrumpir nuestra conversación. Garrigues ha tenido una jornada intensa, según parece

deducirse de su rostro, de su cabello desordenado. Sonríe casi constantemente, salvo en el momento de

esperar la nueva pregunta...

—Están recientes los porcentajes, la publicación de los resultados del referéndum. Rápidamente se ha

dicho que, por supuesto, la gran derrotada había sido la antirreforma. Pero también que el segundo

perdedor fue la ruptura, la veintena de partidos que inicialmente abogaron por la abstención, entre los que

figuró el Partido Demócrata de Joaquín Garrigues Walker... Tendrá que explicar razones o excusar esa tal

derrota...

—Hombre, yo me imagino que en la respuesta masiva y positiva que ha tenido el referéndum han influido

varios factores. En primer lugar, y a pesar de las críticas que se hacen a estas propagandas masivas,

indudablemente, el país, que tiene muy poca preparación, está acostumbrado, por los medios televisivos, a

que le vendan cualquier producto. Desde un coñac hasta un voto. Y entonces, ya digo, a pesar de que

desde una posición más intelectual y más sensible al efecto negativo que hace una propaganda de este

género, a la hora de la verdad parece que eso tiene un efecto inmediato. En segundo lugar supongo que ha

influido el hecho de la presencia de Carrillo, tal como ha sido explotada por algún medio de difusión

importante desde el punto de vista de las ventas de tal periódico. En tercer lugar supongo que el secuestro

de Oriol también ha sido, para otros sectores de la población, determinante de esa reacción. En cuarto

lugar me imagino que la aparición del Presidente Suárez ante el país, que yo personalmente no pude ver

por hallarme en vuelo, pero que, por lo que he visto por la Prensa y en los comentarios de algunos líderes

de la oposición, la han considerado bastante positiva, y que, por tanto, debió obtener su impacto. Y, por

último, el hecho de que, claro, los líderes de la llamada oposición democrática no hemos ofrecido, todavía

no ofrecemos, una alternativa distinta. Es decir, en unos casos, como ha sido el nuestro, hemos dejado

libertad de voto o se ha propuesto la abstención. Pero incluso algún grupo de la oposición propugnó el

voto negativo, coincidiendo con la postura de la extrema derecha. Yo creo que todo esto a la opinión

pública la ha sensibilizado, la ha sensibilizado a votar. Y, puestos a votar, lo mejor era decir que sí... Esta

es la explicación más racional que me quiero hacer yo.

EL PESO DE OPONERSE

—¿Y no es incomodo para la oposición democrática partir hacia las elecciones desde una derrota en las

urnas?

—Bueno, yo personalmente no tengo sensación de derrota. No tengo la impresión de que la oposición en

su conjunto la tenga. Lo que sí puede ocurrir es que el Gobierno tenga sensación de una victoria

espectacular.

Indudablemente ha sido una victoria y ha sido bastante espectacular. Pero lo malo es que crea que desde

esa base tiene o puede negociar en mejores condiciones con la oposición. O, mejor dicho, pueda ignorar a

la oposición, y de hecho preparar unas elecciones como si la oposición no existiera. Y, sobre todo, sin

tener en cuenta que este país aspira a ser plural en sus manifestaciones. Yo creo que hay un mayor riesgo

por parte del Gobierno en el sentido de que se crezca con la victoria porque yo, al menos, repito, no tengo

la sensación de derrota.

—¿Pero cree que, efectivamente, la que se denomina oposición democrática, tiene un peso específico tras

de sí, mayor, por supuesto, del que parece concederle ese veintidós por ciento de abstenciones?

—Bueno, yo creo que tiene un peso específico incuestionable. De modo que si aquí hubiese unas

elecciones, las corrientes que van de alguna forma a representar un porcentaje del electorado, que, cuando

menos, será el cincuenta por ciento, serán las corrientes ideológicas que están vinculadas a la oposición

democrática. Ahora esto se ha visto en casos muy próximos, como es el caso portugués, donde, de hecho,

lo que era el salazarismo y el régimen corporativista desapareció de la circulación en veinticuatro horas

por razones indudablemente distintas. Pero, de hecho, en las elecciones, las líneas o corrientes ideológicas

que han triunfado han sido las que estaban representadas en la oposición democrática. Aquí va a ocurrir

igual, aun cuando el sector del digamos, franquismo sociológico va a tener en estas primeras elecciones

un peso específico indudable; también, por el hecho de que está tan próximo y de que hay un sector de

españoles vinculados a las formas conservadoras más tradicionales y que va a votar, yo entiendo, esas

soluciones. Pero creo que, en cualquier caso, las corrientes ideológicas de la oposición democrática son

las que gobiernan en Europa y son las que, en definitiva, están presentes en la vida pública de las

democracias occidentales.

LA DIFICULTAD DE SITUARSE

—En toda esa floresta de siglas que, queremos creer, fueron con anterioridad los partidos políticos

españoles, ¿no quedan todavía muchos grupos políticos que no pasan de ser agrupaciones de amigos?

—Yo creo que, efectivamente, quedan todavía muchas agrupaciones de amigos; pero ésta es una situación

que tiende a clarificarse en muy breve plazo. Mi previsión personal es que de aquí a dos meses, de los

supuestos cuatrocientos veinte partidos que alguien ha dicho que existen no quedarán más de veinte o

veinticinco. Y que, de hecho, en las elecciones tendrán peso específico en el electorado cinco o seis

partidos, no más. Yo creo que esto es una cosa que se va a producir en esos plazos.

—Concretamente, el Partido Demócrata, su partido, ¿qué razones tiene para encuadrarse y denominarse

oposición democrática? ¿Qué le «opone» a un Gobierno reformista como el actual?

—Bueno, en primer lugar, se está en la oposición, sin calificativo de democrática, cuando no se está en el

Poder. Esto es casi por definición. En segundo lugar, el Partido Demócrata ha mantenido desde su

fundación, y todavía en vida del anterior Jefe del Estado, un modelo de Estado democrático, cosa que los

reformistas actuales, en aquella época, no mantenían. Es decir, mantenían un reformismo que hiciera

viable el propio Estado del 18 de Julio, con unas aperturas, asi llamadas, que permitiesen el juego de

algunas otras tendencias ideológicas, todas ellas próximas al propio franquismo. Mientras que nosotros

hemos defendido desde un primer momento un modelo de Estado democrático, en el que participasen

todas las tendencias e ideologías sin excepciones, lo cual quería decir, también desde un principio, la

inclusión de toda suerte de partidos políticos, a la derecha y a la izquierda. Luego ya en la programación

concreta de los partidos es indudable que hay partidos en la línea llamada reformista que tienen una

programación similar al nuestro. Vamos a ver por dónde se inclina el país: si por los que han mantenido

posiciones democráticas en todo momento y en circunstancias más complejas que las actuales, o si,

efectivamente, en unas primeras elecciones el país sigue prefiriendo las soluciones reformistas; es decir,

aquellas que están vinculadas a personas que han participado activamente en el anterior Régimen Será un

problema de credibilidad.

—Ustedes, en el espectro nacional, ¿se sitúan a la izquierda?

—Para mi es muy difícil establecer si está uno en el espectro a uno u otro lado. Porque, claro, supongo

que para muchas siglas nacidas procedentes del franquismo nosotros seremos un partido de izquierdas.

Para los auténticos partidos de izquierdas, en la oposición democrática, somos, por el contrario, un partido

de derechas. En consecuencia, todo depende del punto de mira o del enfoque desde donde se analice

nuestra actitud. Como consecuencia de esas dos actitudes yo diría que estamos, más bien, en el centro.

Pero, en fin, el centro, la derecha o la izquierda no son términos que a mi particularmente me resulten

gratos.

MERCANTILISMO

—El Partido Demócrata de Garrigues Walker tiene como escudo o como insignia una balanza que

recuerda su origen: la sociedad mercantil Libra. ¿Es bueno que un partido recuerde fines mercantilistas?

—Bueno, ésa es una interpretación de nuestro símbolo que nadie en nuestro partido se había hecho...

Quizá sea una forma de verlo desde fuera. Realmente, el símbolo es el de la balanza, que es el de la

justicia y el del equilibrio. Y está vinculado más bien al símbolo astrológico que a ningún otro modelo de

símbolo, salvo el que representa el propio equilibrio de la balanza. Si damos la imagen de la balanza

mercantil eso es algo que quizá esté más en razón de las personas que ostentan el liderazgo en el partido

en algunos niveles. Pero, en fin, no es ésa, en todo caso, la imagen que pretendemos dar.

—¿No es cierto que han conseguido en la imagen pública una asimilación a una derecha gran-capitalista?

—Yo me canso de decir que a la vida pública no llegan las vírgenes. Es decir, a la vida publica, a un

cierto conocimiento público de una figura política, se llega siempre muy tocado del ala, llegan personas

que tienen un historial, para bien o para mal, de uno u otro signo. Y esas personas serán siempre

identificadas por el público por determinados símbolos y por determinadas actitudes. Es indudable que

yo, para un punto de vista de un sector —ignoro qué porcentaje del país sea—, estoy situado en un

determinado panorama político, social y económico. Esto les ocurre a todos los partidos políticos. No

cabe duda de que ninguno de los restantes líderes de partidos políticos tiene una imagen nítida ni virginal

en ninguno de ellos. También se podía acusar de elitismo a los líderes del Partido Comunista —no creo

que tengan especialmente los que más salen en la Prensa; ninguno de ellos parece que trabaje en un

torno—; y creo que eso mismo es también aplicable al Partido Socialista Obrero Español y a los demás .

En fin, yo creo que el público tendrá que aprender a distinguir o nos eliminará. Tiene esas dos opciones.

LA IMAGEN INÚTIL

—Uno de esos tópicos que sobre usted funcionan, que pueden conformar esa imagen pública de

Garrigues Walker —sus alianzas, conexiones— con la gran Banca americana, inclusive con la CIA...

—Yo creo que eso..., esa imagen estereotipada, se me ha atribuido, yo pienso, en parte al menos, por un

sector de la Prensa interesada en difundir esa imagen, y, en parte también, por los mismos partidos

políticos de signo distinto al nuestro, a los que no les ha parecido mal que se cultive esa imagen de mi

persona. Esto es algo que, como la devaluación de la peseta, no permite opiniones... Porque cuando el

Ministro de Hacienda dice que no se va a devaluar, la gente empieza a temer lo peor y suele acabar

devaluándose. O como cuando las subidas del precio de la gasolina. Es igual que yo diga que no tengo

nada que ver. Es una cosa absolutamente evidente, desde mi punto de vista, que no tengo nada que ver

con esas fuerzas ocultas que me impulsan o respaldan; pero comprendo que a las personas que se dirían

que no tienen otros procedimientos por medios de difusión ven esa caricatura de mi proyección política y

les parece, en algunos casos, suficientemente atractiva como para aceptarla. Atractiva en el sentido de que

les parece que eso puede ser. A eso se une el hecho de mi dedicación profesional. He sido, efectivamente,

un empresario que ha tenido vinculaciones con Empresas multinacionales, que ahora no lo es. No lo soy

desde hace dos años, y aún así sigo manteniendo esa imagen para algún sector del público. Luego, tengo

un apellido que recuerda, desgraciadamente, sin conexión alguna, al «whisky» famoso— y digo desgra-

ciadamente porque supongo que, de lo contrario, me habría hecho multimillonario—. Y, bueno, eso crea,

supongo, una determinada personificación de mi imagen. Que no tiene nada que ver con la realidad, pero

que, supongo, es con la que tendré que luchar, igual que otros políticos tendrán que luchar con otras

imágenes que se deformen o formen en razón de circunstancias particulares.

—¿Para Joaquín Garrigues la política es un «hobby»?

—Para mí, realmente, la política es una profesión muy poco rentable. Llevo dos años, día y noche,

dedicado a esta actividad sin beneficio alguno y además sin retribución alguna. Es una profesión además

durísima. Yo creo que no he trabajado nunca tanto, por lo menos en número de horas, como trabajo ahora.

Durísima además porque exige casi una preparación física similar a la de un atleta, en el sentido de que

hay días de muchas horas de intervenciones públicas, de viajes, cenas, comidas , teniendo que utilizar la

palabra. Y a veces no está la inteligencia para contestar o rebatir al contrario. Yo, realmente, llego los

domingos —porque ahora trabajo también los sábados— a mi casa cansadísimo. Para mí esto, realmente,

no es un «hobby». No sé si lo será para alguien; pero no lo es para mí.

COLABORACIONISMO

—¿El Partido Demócrata tiene inconveniente en admitir en su seno a antiguos franquistas o colaboradores

con el antiguo Régimen.

—La línea divisoria del franquismo es muy difícil establecer. Un Régimen que ha durado cuarenta años

ha creado eso que se ha llamado el franquismo sociológico, que afecta a un porcentaje elevadísímo de la

población. Nosotros lo que sí hemos cuidado, por lo menos a nivel de «cuadros», es que las personas, en

esos niveles, no hayan tenido vinculaciones con el aparato político del franquismo. Pero hasta dónde se

puede trazar esa línea es difícil precisar. Yo diría que las personas significadas del franquismo no

participan en nuestros cuadros políticos a ningún nivel.

—¿Qué alternativa, qué opción, ofrece su partido?

—Creo que ésa es una pregunta de difícil respuesta en este momento. Una opción concreta al país, como

tal partido, yo creo que no la ofrecemos todavía. Creo que muy pocos partidos, yo diría que no más de dos

o tres en este momento, ofrecen esa opción al país. Creo que sí la ofrecemos en algunas provincias, pero

no a nivel nacional. No porque no estemos en todas las provincias, que de hecho casi lo estamos ya. Y en

todas las regiones. Pero creo que no lo ofrecemos porque creo que tendremos que hacer todos un esfuerzo

de concentración de figuras políticas, y de candidatos, y de programas dentro de lo que se puede llamar

campo liberal, y quizá incluyendo al campo socialdemócrata. Si no será difícil que los partidos políticos,

salvo los de mayor rango histórico, puedan realmente ofrecer una alternativa. Yo creo que si dentro del

campo liberal, y hasta las fronteras del campo socialdemócrata. presentamos una imagen común, sí

ofreceremos una opción nacional, y con una base electoral difícil de precisar ahora, pero considerable.

—¿Con qué características o notas diferenciales principalmente?

—Soy de los que piensan que en esta fase de nuestra predemocracia —y la fase actual seguirá siendo

predemocrática hasta después de las primeras elecciones—, la gente, más que votar partidos políticos —

salvo en algunos casos, a la izquierda y a la derecha—, va a votar más a las personas y a la credibilidad de

las personas que a los partidos políticos. Es decir, los partidos políticos carecen de imagen suficiente para

ofrecer una estabilidad al electorado o para ofrecer soluciones que merezcan su apoyo. En consecuencia, a

mí me parece que el electorado se va a inclinar más por las personalidades, así llamadas, que ofrezcan una

imagen relativamente de moderación y de cambio simultáneamente, más que a programas concretos de

gobierno, que no tendrán credibilidad, sino en tanto en cuanto las personas que los representan lo

ofrezcan.

ALIANZAS

—¿Tendría inconveniente el Partido Demócrata, a modo de ejemplo, en completar las listas electorales de

una gran alianza en la que estuvieran presentes algunos o varios de los nombres que en la actualidad están

integrando el Gabinete?

—En este momento, nosotros tenemos, en primer lugar, que tomar la decisión de si participamos o no en

las elecciones, por cuanto entendemos que las condiciones exigidas por la oposición democrática, y que

de hecho van a ser negociadas o van a ser motivo de negociación con el Gobierno, deben cumplirse. Es

decir, que debe haber un mínimo de garantías para que podamos presentarnos a un proceso electoral. Si

ese mínimo de garantías no se cumple, yo, al menos, no me presentaré. Si se cumplen, y yo creo que

todos los partidos políticos estamos operando sobre la base de que se vayan a cumplir, entonces caben

alianzas. Yo diría que nosotros no tenemos planteado ese tema nada más que a nivel de lo que pueden ser

los grupos liberales. Ni siquiera con otros grupos de la oposición democrática, como pueden ser los

grupos socialdemócratas, o democristianos, con los que mantenemos unas líneas de acción o avituación

similares, pero con quienes no hemos llegado a perfilar ningún tipo ni siquiera de conversación al

respecto. Lo que quiere decir que, de momento al menos, es más que impensable que lleguemos a

establecer acuerdos de algún tipo con personas vinculadas con el actual Gobierno. Lo que ocurre, por otra

parte, es que de aquí a la fecha en que se celebren las elecciones, yo me imagino que van a pasar muchas

cosas en el país. Y esta actitud purista puede verse condicionada.

—¿Pero hay liberales en el país?

—Yo, personalmente, creo que hay relativamente pocos liberales. Yo suelo decir, en mis intervenciones

públicas, que más que el éxito de un partido de esa denominación, lo que habría que intentar conseguir

sería una sociedad liberal, si es que aspiramos a un Estado democrático. Es decir, que de alguna manera

los socialdemócratas, los democristianos, los socialistas, los comunistas y los conservadores fueran, a su

vez, liberales. Yo creo que si se analiza la historia pasada de nuestro país se descubre que no ha habido el

número suficiente de liberales para establecer una democracia. Pienso que quizá ahora, como

consecuencia de una serie de circunstancias, como el desarrollo, el progreso en muchos sectores, la

educación, etcétera, haya una potencial base liberal superior a la de la historia anterior, y que, en

consecuencia, la posibilidad de establecer ese régimen político.

MARX

—Menciona usted muy frecuentemente la proximidad liberal-socialdemocrata.

—El término socialdemócrata, en mi criterio, es en estos momentos confuso porque la socialdemocracia,

tal como se entiende en Europa, y concretamente en Alemania, es una tendencia política que asume, en

gran parte, la ideología liberal. Esto quiere decir que yo, en Alemania, podría perfectamente votar

socialdemócrata. Porque creo que se respetan muchos de los postulados de la ideología liberal. Aquí, en

nuestro país, la situación no es la misma. En primer lugar, porque el partido, o los partidos socialistas,

tienen todavía que definir el alcance de su ideología. Es decir, si están más próximos a lo que es la

ideología y metodología marxista o si se inclinan por soluciones más bien socialdemócratas. Esto, a pesar

del Congreso del PSOE renovado, yo creo que no ha quedado claro, al menos de cara a la opinión pública

del país. Si el PSOE adoptara una línea más social-demócrata, entonces lo que se llama hoy la

socialdemocracia, en la oposición democrática, tendría menos peso, porque se trasladaría al PSOE. Pero

ese no parece que sea el caso, no. Si el PSOE se inclina por la solución más próxima al marxismo, como

parece intuirse, los socialdemócratas y los liberales vamos a competir en un espectro del país muy similar.

—Joaquín Garrigues ha estudiado a Marx. ¿Ha sido, en algún punto, convencido por Carlos Marx?

—Yo he estudiado a Marx, y en cierta forma lo sigo estudiando. Primero, porque leo bastante, a pesar de

la vida poco recomendable que sigo desde el punto de la tranquilidad. Lo que es siempre un enemigo de

la lectura. Pero leo bastante, sobre todo en los aviones, que es como yo viajo. Y leo bastante en casa los

fines de semana, que es cuando puedo leer. Luego, entre tiempos, también leo, porque, en fin, me obliga a

ello el que escribo, aunque sea relativamente poco. A mí me cuesta escribir lo suficiente como para tener

que inspirarme en las cosas ya escritas. Por eso digo que lo he leído y que lo sigo leyendo, directamente y

en las críticas que se hacen al marxismo desde una posición como la mía, que es la antagónica. Yo diría

que creo entender el trasfondo de la filosofía marxista política, y rechazo tanto el trasfondo político como

el económico.

—¿No encuentra nada aprovechable en él?

—Lo que ha tenido de aprovechable ha sido el efecto regenerador que ha producido en la ideología

liberal, en su conjunto. Y, en definitiva, el que la presencia de las ideologías de signo marxista en las

democracias occidentales, ha servido de alguna manera de correctivo de las injusticias que a veces se

producen como consecuencia del proceso liberal puro. Y en ese sentido creo que el marxismo ha tenido

un efecto positivo. Pero no como tal ideología.

—¿Se declararía antimarxista?

—Pues sí, me declararía antimarxista.

NACIONALIZAR

—Hay una palabra que, según parece, está evitando pronunciar la oposición. Es la palabra

nacionalización.

—Yo la evito por razones ideológicas. Yo personalmente no creo en las nacionalizaciones. Pienso que por

el camino de las nacionalizaciones no se consigue una mayor riqueza ni se consiga una mejor distribución

de la riqueza. Es decir, no se alcanzan ninguno de los objetivos que tradicionalmente se preconizan desde

la internacionalización de empresas. En cierta forma esta es una consecuencia o una conclusión hoy

aceptada por todos los partidos socialistas de Occidente, salvo por el Partido Laborista inglés. Es decir,

los socialistas alemanes, o los suecos; es decir, las naciones más progresistas, de mayor progreso material,

han abandonado el tema de las nacionalizaciones por entender que por esa vía no se alcanza eso que se

pretende. Los ingleses todavía siguen centrados en el tema de las nacionalizaciones, pero pienso que eso

es un argumento para demostrar lo ineficaz que es el sistema, puesto que la economía inglesa, en estos

momentos, nadie puede distinguirla por su eficacia, sino por todo lo contrario.

—¿Pero a este antipartidismo llega por razones personales o por las razones que tienen los grupos que

pueden estar tras de su partido?

—En absoluto. Llego por razones puramente ideológicas, por convencimiento intelectual. Creo que se

llega a un tipo de sociedad distinto y peor por la vía de las nacionalizaciones; es decir, por la vía de la

concentración del poder económico y del poder político en una sola mano; que se consigue un modelo de

sociedad peor y más negativa en todas sus consecuencias. También desde el punto de vista personal, y en

contra de la imagen que hoy. Las nacionalizaciones no me afectarían en modo alguno. Primero, porque no

soy accionista de ningún Banco importante, ni soy accionista de ninguna empresa que tenga hoy la

suficiente significación como para que sea un peligro. Y aunque hubiera sido el caso, supongo que las

nacionalizaciones se harían siempre pagando un precio. En consecuencia, no me mueve, ni siquiera

potencialmente, por esas razones. Me muevo por puro convencimiento, porque soy un español que se ha

preocupado de visitar todo el mundo que he podido, y entre ellos los de tradición social-marxista, o

socialista marxista, y veo que producen

una sociedad, primero, mucho más ineficaz, desde el punto de vista económico, y segundo, donde no se

dan las libertades.

EL CANSANCIO

—Y si Joaquín Garrigues no está en ningún Banco y está pagando por hacer política, si no tiene tras de si

apoyos de algún grupo..., ¿puedo preguntarle de qué vive?

—Yo creo que esa es una pregunta que nadie me ha hecho, y que realmente deberían haberme hecho.

Porque salvo en aquel periódico catalán que dijo que alguien había puesto mil millones de pesetas detrás,

para respaldar mi operación política, nadie más había vuelto a hablar de ese tema. En primer lugar he

dicho ya en alguna ocasión, y repito ahora, tengo el propósito, desde primero de año, de ponerme a

trabajar de nuevo, a pesar de que el momento político era el que más exigía mi esfuerzo. Me vuelvo a

trabajar en mi profesión, bien como empresario o bien como abogado. Porque tengo una familia de cinco

hijos, y en contra, desgraciadamente, de la imagen que doy, yo no me puedo permitir el lujo de seguir

viviendo, como he hecho hasta ahora en los dos últimos años, sin ingreso alguno. Hasta ahora he vivido

quemando mis pocas reservas, cosa que he hecho, supongo, en parte movido por la afición o ambición

política, y en parte porque he creído que era necesario para crear una organización como la que hemos

creado, con una dedicación plena. Pero, ya digo, yo ya no puedo permitirme ese lujo ni, en cierta forma,

pedirle el sacrificio que le he venido pidiendo a mi familia, a mis hijos y a mi mujer, de bajar

considerablemente el nivel de vida por el hecho de que yo me dedico a la política. En consecuencia: yo he

vivido de esos ahorros. No doy más fuelle. Y me pongo a trabajar. Cosa que comprendo que habrá gente

que no se lo crea, pero que es absolutamente la verdad. La verdad de la verdad.

—¿Es esto un preaviso de que abandona la cancha política?

—No, no. En ese sentido, no. Porque seguiré dedicándole el tiempo suficiente para seguir en la política.

Lo que pasa es que ahora estoy dedicándole el cien por cien de mis horas —y basta comprobar que son

las ocho de la noche para ver que sigo en el carro, y que ahora tengo una cena política—; mientras que, a

partir de enero, le voy a dedicar un treinta o treinta y cinco por ciento a mi vida profesional, y el sesenta o

sesenta y cinco por ciento restante a la actividad política.

ASPIRACIONES

—¿A qué aspira Joaquín Garrigues, a ser diputado o ministro?

—Mucho más a ser diputado que ministro.

—¿Y qué querría decir en esa Cámara?

—Bueno, dependerá sobre qué tema deba hablar, pero en ese Congreso espero tener una influencia por

razones no personales, sino por que el Partido o la Alianza con otros partidos nos permitirá detentar un

porcentaje de votos que sea capaz de influenciar las leyes que van a gobernar esta nación.

—A mí lo que en verdad me gustaría oír alguna vez de boca de Joaquín Garrigues, y que podría ayudar a

componer una imagen más fidedigna de sí mismo, son unas declaraciones contra la Banca...

—Una cosa es no ser partidario del sistema de nacionalizaciones, y otra diferente el que no sea criticable

el sistema económico español. Pienso que ese sistema es enormemente criticable y enormemente

vulnerable a esas críticas. Porque aquí ha funcionado un sistema económico del tipo oligárquico basado

en la influencia decisiva del dinero, de los recursos financieros de manos privadas, y que no se han dado

todas las reglas que complementan el sistema de economía privada en el Occidente europeo. Es decir, no

ha existido un aparato fiscal capaz de redistribuir mejor la renta, ni de obtener ingresos suficientes para

una mejor financiación de la infraestructura colectiva, porque no se han dado los sindicatos libres e

independientes del Estado; porque no ha existido libertad de opinión, con lo cual han podido proliferar las

situaciones de corrupción, etcétera. Es decir, que mi crítica, más que contra la Banca en sí, y aunque

afecte principalmente a la Banca, es contra el sistema económico que ha creado esa situación. —¿Pero

usted se atrevería a abordar el tema de una reforma fiscal a fondo?

—Las reformas que se pueden hacer en el tema fiscal no van a ser tan espectaculares, desde el punto de

vista de la generación de recursos, como algunos españoles prevén. Es decir, que no se puede olvidar que

la empresa española está, en gran medida, descapitalizada; que la generación de recursos no va a

aumentar de un amanera masiva. Lo que creo que esa reforma tiene dos vías principales de actuación.

Una primera, que efectivamente se paguen los impuestos en razón de la renta devengada, y no como

ocurre ahora, que las que tienen que estar sometidas a las cargas fiscales más inmediatas y directas son las

clases trabajadoras, cuyos ingresos son los más fáciles de controlar. Y en segundo lugar, que en lo que

respecta al gasto público, la utilización del Tesoro Público debe hacerse con unos objetivos que hoy no se

respetan.

(Tiene cena política esta noche. Y un billete de avión sobre la mesa. Y cierto aspecto de cansancio, o

acaso de desánimo. Su agenda está repleta de citas, atiborrada de compromisos. Pero es el verde el color

del símbolo del PD, el color de la cajita de cerillas y el calendario en el que el PD se anuncia, el que luce

en el escudo de la solapa de Joaquín Garrigues.)

José CAVERO

 

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