Autor: Dávila, Carlos. 
 Las maniobras de Pedro Schwartz pueden acelerar la escisión del partido de Garrigues. 
 Fraga quiere poner a la gran derecha la "guinda liberal"     
 
 Diario 16.    10/01/1983.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

Diario 16/10 enero-83

NACIONAL

Las maniobras de Pedro Schwartz pueden acelerar la escisión del partido de Garrigues

Fraga quiere poner a la gran derecha la «guinda liberal»

Las hábiles maniobras de Pedro Schwartz, apoyado por el líder de la oposición, Manuel Fraga, pueden

terminar esta semana con la escisión de los liberales españoles. De este modo, Fraga habría añadido a su

proyecto de gran derecha la «guinda liberal».

Madrid:

Carlos DAVILA, corresponsal político

La batalla liberal de Madrid puede terminar en escisión. El todavía presidente del club de la capital de

España tiene la intención de permanecer en el cargo y, posteriormente, fundar un partido que se integre en

la Federación de Alianza Popular que dirige el líder de la oposición parlamentaria Manuel Fraga.

Pedro Schwartz, contra el que se han pronunciado los liberales españoles de mayor peso específico, ha

realizado diversas maniobras, algunas ciertamente hábiles, para conseguir que en el club de Madrid no

propere la moción de censura contra su persona y de paso quede refrendada su permanencia en la

coalición conservadora dentro de la cual se presentó a las pasadas elecciones.

Pedro Schwartz está utilizando, para conseguir estos objetivos todos los medios posibles. Últimamente,

proliferan las declaraciones de antiguos liberales, como el navarro Pedro Pejenaute, que aseguran que la

ideología que ellos dicen patrocinar todavía se halla perfectamente defendida en Alianza Popular. Como

se recordará, Pejenaute fue diputado de UCD en la primera y segunda legislatura y luego fundó un

partido, Convergencia Navarra, al que integró, sin demasiadas reticencias por parte de sus militantes, en

la federación de Alianza Popular. Pejenaute es el otro liberal «histórico» al que Fraga ha conseguido

incorporar en su coalición.

Solos

En el fondo de la crisis del liberalismo español se encubren dos factores de distinta significación. Por una

parte, el interés de Manuel Fraga por colocar la «guinda liberal» en su proyecto de «gran derecha», un

objetivo al que le están ayudando eficazmente los liberales descolgados del partido de Antonio Garrigues,

y algún medio nacional en el que se han infiltrado ambiciosos personajes polémicos que han trabajado sin

escrúpulos en el éxito del proyecto fraguista. El propio Fraga ha descubierto el carácter liberal-

conservador de su coalición, una definición que llenó de estupor e irritación a los liberales del PDL, cuyo

líder afirmó en una ocasión: «Llamar conservador a un liberal es como convertir a un tigre al

vegetarianismo.»

La operación, concebida y financiada generosamente por las gentes de Fraga Iribarne, tiene un fin

sugestivo: conseguir que los liberales progresistas del PDL se queden solos o acepten a regañadientes

enrolarse en la mayoría natural. Se trata, pues, de cercar a los disidentes y dejarles huérfanos de

plataformas "estratégicas tales como el club liberal. En la operación se ha pensado todo; incluso en la

fundación de un centro de Economía Liberal que curiosamente preside un democristiano, Alfonso Osorio,

y que será a corto plazo el instrumento de recambio del Instituto de Economía de Mercado desde el que se

ha ido difundiendo y patrocinando la ideología liberal.

Ni en los mejores tiempos, sin embargo, de UCD el Instituto perdió su independencia: hoy la táctica es

exactamente la contraria, hacer del centro una sucursal técnica de Alianza Popular. El centro, instalado en

el antiguo despacho parlamentario de Miguel Herrero Rodríguez de Miñón, ya ha empezado a suministrar

páginas doctrinales de liberal-conservadurismo que firmaría, según un miembro del PDL, antiguo

parlamentario, «el conservador más reputado de la señora Thatcher». Este mismo político abunda: «La

curiosa doctrina podría derivar y de hecho derivará en la defensa a ultranza del libracampismo de

Pinochet y, claro está, de la misma dictadura chilena.»

Desencanto

Pero la operación diseñada por Alianza Popular no hubiera tenido éxito alguno, si en el mismo seno del

PDL no se hubiera extendido un cierto desencanto favorecido por la ausencia de la organización en las

últimas elecciones y, previsiblemente, de las próximas municipales y autonómicas.

Este es el segundo factor digno de reseñar. Los políticos más profesionales del PDL quisieran haber

participado en los comicios de otoño, a pesar de la clamorosa experiencia negativa del asturiano Javier

Vidal. El PDL, que tampoco concurrirá a las urnas de mayo, puede quedarse - eso es cierto - al margen de

toda la actividad política general. La ausencia, desde luego, engorda los propósitos succionadores de

Manuel Fraga.

Curiosamente, además no existe una estrategia general suscrita por todos los liberales españoles. Mientras

en algunas regiones militantes, más o menos «descafeinados», apuestan sin ambages por la coalición

conservadora, en otras se niegan a suscribir pactos en esa dirección.

El PDL vasco, una fuerza testimonial sin apenas miembros, continuará dentro del grupo de partidos que

ya se presentaron juntos a las pasadas elecciones. En pequeñas provincias, de las cuales Soria es un

ejemplo, el PDL está dispuesto también a sumarse al proyecto de Fraga. En Soria ha sido un diputado, tan

escasamente liberal como Gabriel Cineros, el que ha construido artificial - y femeninamente, puesto que

en el partido no hay más que mujeres - un PDL local, que enseguida se ha mostrado dispuesto a

entregarse de hoz y coz al jefe de la oposición. Esta es una muestra de la nula disciplina general y del mal

ejemplo que ha cundido tras las posiciones de Schwartz y Pejanaute.

Escisión

Los próximos días son fundamentales para la evolución de lo que un día se llamó, esperanzadamente,

«operación liberal». Si Schwartz se mantiene, gracias al apoyo de Alianza Popular (que ha pagado las

cuotas de los nuevos socios), en la presidencia del club de Madrid, podría decirse que se habrá

formalizado la escisión entre los liberales españoles, alguno de los cuales se integrará entonces, sin

demasiado decoro, en la coalición conservadora desde un nuevo partido «friedmaniano» en lo económico,

pero nada liberal en su concepción global de la sociedad.

 

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