Autor: Paso Gil, Alfonso. 
   Dale a otro la lata, Renata     
 
 El Alcázar.    25/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

"digo yo que..."

DALE A OTRO LA LATA, RENATA

LA señorita Victoria Vera ha escogido para responder a un artículo mío, nada menos que el

cauce generoso del lúgubre «Diario 16». Remata, nunca mejor dicho, sus dislates, con una

frase chulesca: «Que me olvides, Benavides», referida a mi. Yo, a la señorita Vera la tengo

olvidada de continuo y no hubiera dicho nada si no se hubiese permitido un juicio tan ligero

sobre mi persona como decir que yo era un producto del franquismo, con lo cual vinculaba mi

obra literaria a una situación política. En su respuesta deshilvanada y esquizoide, no rebate

ninguno de los argumentos que yo utilicé. Y por cierto, me voy a permitir contradecir los que

ella ahora exhibe con mi promesa de que como fui el último en contestar, esta es mi última

alusión al tema, y que ya puede decir la señorita Vera, Tajo y Segura, que no voy a contestar.

Con esto firmo y pliego y se acabó. Comentemos los errores de la señorita Vera.

1°.— «Los dos autores del posible estreno de la vida de Franco han demostrado públicamente

su mal estilo al escribir columnas repletas de insultos y groserías primero contra Carmen

Sevilla y ahora contra mí». Error máximo. Yo no he dicho nada contra Carmen Sevilla. La

señorita Vera comete un error imperdonable al confundirme con don Pablo Villamar para cuyas

opiniones guardo un discreto respeto.

2°.— «Usted se dirige a mi persona en tono peyorativo empleando términos diminutivos como:

«mujercita», «tetica», «domínguitas», etc.». Ninguno de estos son términos peyorativos.

Mujercita es, para mi, algo muy valioso. Lo de «tetica» no es invento mío, sino de Carlos Luis

Alvarez que lo utilizó en la crítica de una comedia en que la señorita Vera mostraba los senos;

y lo de «dominguitas» es un redicho popular sin segundo sentido.

3°.—«... para intentar ofenderme y subestimar mi trayectoria artística». Nunca he querido

subestimar la carrera artística de la señorita Vera ni he pretendido jamás ofenderla. No me he

ocupado de la señorita Vera más que cuando ella se ha ocupado de mi. Y como lo que dijo era

una falacia y una mentira me apresuré a desmontarlo. Eso es todo.

4°.—«...también me hago fotos porque tengo que cuidar mi prestigio erótico, ya que considero

el erotismo una cosa importante en este país, donde nunca ha existido sino de una forma

chabacana y casi grosera. Pero esto lo sabe usted muy bien». Error y retruque de mal gusto.

Quien no sabe nada de este asunto es la señorita Vera. El prestigio erótico de La Fornarina y

de la misma Chelito están muy por encima del que puedan tener algunas actrices del momento.

El erotismo de buen gusto ha existido en España de la mano de mujeres como Tina de Jarque

y todas las vedettes de la época gloriosa del Reina Victoria, y de la mano de Juan José

Cadenas. La información que la señorita Vera tiene sobre el tema es, pues, incompleta y

parcialísima. 5°.— «¡Sí!, señor Paso. Yo he dicho que usted ha sido uno de los autores que

más ha estrenado durante el franquismo». No; lo que la señorita Veo afirmó en un periódico es

que yo era un producto del franquismo. Si hubiera dicho lo anterior hubiera asentido porque

estaba usted enunciando una verdad que no se puede negar. Durante el franquismo hemos

estrenado López Rubio, Víctor Ruiz Iriarte, Buero Vallejo, Edgar Neville, Luis Escobar, Miguel

Mihura, Alonso Millán, etc.

6°.— «Sus obras fueron aplaudidas en la época en que Alberti, Arrabal y tantos otros, por ser

autores combativos y con libertad de expresión estaban prohibidos. ¡Si!, usted en esa época

llenó los teatros con su ingenio, con su risa, con su «aquí no pasa nada», con su manera de ver

la vida...». Señorita Vera... ¿Qué culpa tengo yo de que Alberti y Arrabal estuviesen

prohibidos? Ya ve usted lo que ha pasado. Han autorizado a Alberti y, prácticamente, no ha ido

nadie a verle. ¿Soy yo, acaso, el culpable de esas prohibiciones? ¿Conoce usted mis ideas

personalísimas sobre la Censura? Mi teatro que la señorita Vera juzga de «aquí no pasa

nada»... ¿No será el teatro de «aquí pasa mucho»? ¿Conoce la señorita Verá «Cena de

matrimonios», «Jucio contra un sinvergüenza»? ¿Conoce «La noche de la verdad»?; conoce

«No hay novedad, doña Adela»? No; la señorita Vera no conoce nada de mi teatro y habla

utilizando un tópico que es ya casi un mito porque conviene. Y respecto a mis estrenos, tendrá

que convenir en que el año pasado mientras unos teatros estaban vacíos yo seguía poniendo

carteles de «No hay billetes» en el Alcázar y en el Fígaro, de Madrid, ante la estupefación de

muchos que siguen sin conocer cual es la entraña popular de mi teatro.

7°.— «El prestigio de Rafael Alberti como poeta, dramaturgo, hombre político y fundamental

figura en el país está por encima de mezquinas recaudaciones taquilleras y de apoyos

pectorales». La señorita Vera habrá observado que cuando hablé de Alberti me refería al gran

poeta, pero añadí «pésimo dramaturgo» porque lo es. Y en cuestiones de estética teatral se

más que «el Potito». Respecto a lo de hombre político, la señorita Vera querrá decir

concretamente, como comunista y así matizamos esa frase con más rotundidez. Lo de

«mezquinas recaudaciones taquilleras» es el reconocimiento de un fracaso, cosa que la

ennoblece; y lo de los «apoyos pectorales» es, en todo caso, cuestión de ella.

Ya ve la señorita Vera que se equivoca en lo de que ya no estreno. Ya ve que se equivoca en

casi todo lo que dice. Incluso se equivoca en lo del intento de dramatizar la vida del General

Franco junto con Pablo Villamar. Para que le quede muy claro: El Sr. Villamar presentó un

guión y la Fundación Francisco Franco me encargó que hiciera una obra sobre ese guión que,

en todo caso, corregiría el Sr. Villamar. Mi obra está hecha a medias y no le quepa la menor

duda que me ha abrumado la importancia del empeño de llevar a la escena la trayectoria

histórica de un hombre que durante cuarenta años rigió los destinos de nuestra Patria. Por

cierto, para mí, con singular maestría. De las demás cosas que la señorita Vera dice sobre

democracia, etc., etc., se la nota poco informada. En último caso, ése es un defecto que se

subsana leyendo veinte o treinta libros sobre el particular.

Respecto a la huelga de actores que la señorita Vera menciona como arma arrojadiza sobre mi

persona, tengo que advertirle que cuando se produjo esa huelga yo estaba en México

estrenando dos comedias y que si ella quiere, cualquier día le explico la diferencia que hay

entre una huelga profesional y una huelga política, entre una huelga con piquetes y una huelga

en demanda de mejoras profesionales. Su ingenuidad, fruto sin duda de su dorada juventud, la

hacen creer todavía en las huelgas. Es muy dueña. Y remontarnos a sucesos acontecidos en

1975 en esta época espléndida de democracia y de cultivo de prestigio erótico, se me antoja

regresivo porque corremos el peligro de que la señorita Vera, introducida en el Túnel del

Tiempo, me eche la culpa de la muerte de Don Pedro el Cruel al qué —no sé si lo sabrá— le

mató su hermano Enrique Trastamara, con la ayuda de un francés —no sé si lo sabrá— que es

el que dijo aquello de «Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor». Yo no intervine en el

asunto. Palabra dé honor. Y respecto a mí, con esto termino. La señorita Vera no tiene razón ni

en lo que dijo del producto del franquismo ni en lo que ha hilvanado deliciosa y torpemente en

el lúgubre «Diario, 16». Y como yo soy también de Madrid, me despido, como ella, con una

verónica: Dale a otro la lata, Renata.

Alfonso PASO

 

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