Autor: Letamendía Belzunce, Francisco. 
   La farsa del navarrismo de UCD     
 
 Diario 16.    02/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 18. 

La farsa del navarrismo de UCD

Paco Letamendia (Ortzi) (Diputado por Guipúzcoa. Militante de EIA)

Es simbólico que por consenso unánime de cuantos han participado o apoyado la "marcha de la libertad" vasca se haya querido hacer terminar en Iruña, Pamplona, capital de Navarra. Y es un símbolo no casual, porque para todos los abertzales Navarra es la tierra madre de Euskadi.

Del Burgo y Aizpun, teóricos locales del "navarrismo" de la UCD, afirman que la inclusión de Navarra en un marco autonómico conjunto para las cuatro provincias, supondría un contrafuero, pues las estructuras ferales navarras eran propias y diferenciadas de las primeras; supondrían una vulneración de la ley de 16 de agosto de 1841, ley que articula los fueros navarros. Silencian que desde 1833 hasta 1839 se libró, en varias-zonas del Estado español, pero con especial intensidad en tierras vascas, la primera guerra carlista, que si bien enfundada en una ideología clerical y retardataria, suposo en realidad el primer despertar del pueblo vasco contra el centralismo estatal contrario a su lengua, a su cultura y a su idiosincrasia, en definitiva, a sus fueros. Silencian que la ley de 1841 no es una ley paccionada, y mucho menos creadora de los fueros navarros, sino una ley impuesta por el vencedor a los vencidos, que trajo consigo Ja, derogación de las Cortes y de la jurisdicción navarra, la obligatoriedad del servicio militar», el traslado del Ebro a las fronteras del Pirineo, la destrucción, en suma, de los fueros navarros.

los miembros de la diputacion Foral de Navarra han echado leña, al fuego del "navarriano´* solicitando hábilmente la reintegración focal navarra plena, esta es la vuelta a la situación anterior a 1841. Si ésta fuera su intencion verdadera habrían equivocado formalmente el camino, pues anterior a la ley parcial de 1841 está la ley general de 23 de octubre de 1839, ley que coincide con el fin de la guerra carlista y que decreta, en el conjunto de las cuatro provincias la primacía de la Constitución española sobre los fueros vascos, ésto es, la pérdida de la autonomía vasca. Y en ese caso, la reintegración foral habría que pedirla conjuntamente por las cuatro provincias.

Pero los tiros -no van ciertamente por ahí. El "navarrismo" de la UCD y de la Diputación foral navarra persigue abiertamente un fin: separar a Navarra de las otras tres provincias de Euskadi. Pero constituye una cortina de humo para ocultar la defensa de los intereses caciquiles navarros en contra de los intereses del pueblo mismo navarro, su vinculación con el centralismo madrileño. Y no sólo con él, sino también con otros caciquismos, entre ellos, como ahora se verá, el de la oligarquía vizcaína, tan antivasca como lo son ellos.

Caciquismo y "navarrismo" de UCD

La no inclusión de Navarra en Euskadi, en un marco autonómico propio vasco, en nada beneficia a las capas populares navarras. Perjudica a sus agricultores. Hay que tener en cuenta que el mercado natural de los productos hortícolas de la ribera navarra se encuentra en las otras tres provincias, en Guipúzcoa y Vizcaya especialmente. Su separación artificial de ellas supondría un estrangulamiento de su comercialización.

La misma situación se produciría en el terrena industrial. La industria navarra es en gran medida complementaria con la industria pesada vizcaína y la guipuzcoana de productos metalúrgicos.

Parecería que de ese modo la oligarquía industrial navarra tiraría piedras contra su propio tejado. Pero ésta, tan "navarrista", tiene soluciones a su alcance: la puesta en práctica por la dirección de Motor Ibérica, quien, tras la huelga obrera ejemplar de 1973, trasladó las instalaciones fuera de Navarra —y, por supuesto, fuera de Euskadi.

¿Qué intereses defiende, pues, este navarrismo antivasco? Nos puede proporcionar una pista el plan de creación futura de ventidós pantanos en Navarra. Sin embargo, no aparece por ninguna parte un plan de canalización de esta agua hacia los regadíos. ¿Para qué serviría, pues, esta energía hidráulica? La respuesta nos la proporciona un plan paralelo de creación de centrales nucleares a orillas del Ebro.

Si observamos que en la actualidad las bárdenas son campo de entrenamiento de la aviación americana, precisaremos aún mejor el marco de los intereses que defienden el "navarrismo" conjunto de la UCD y de la Diputación Foral; el "navarrismo" de la oligarquía antipopular, e independientemente de donde se haya formado, tan antivizcaino como antinavarra.

El estatuto vasco es para nosotros el inicio del proceso de recuperación de la personalidad nacional vasca; personalidad atacada con saña especial por la dictadura en estos últimos cuarenta años, pero negada ya desde cerca de dos siglos. Esta personalidad ha sido defendida en los últimos tiempos por las capas populares de las cuatro provincias, y muy especialmente por la clase obrera. De ahí que el contenido del estatuto, como fase transitoria de la recuperación nacional, ha de tener un marcado carácter popular.

De ahi que la izquierda abertzale base sus reivindicaciones en el interés del pueblo, en el carácter nacional de las luchas del pueblo. De ahí, también, la oposición furiosa de los caciques navarros, a través de la UCD, a este mareo vasco popular. Todo el mundo recuerda cómo las huelgas obreras de Eaton y Potasa el año 71; de Imenasa, el 72; de Motor Ibérica, el 73, han constituido hitos gloriosos en la historia del movimiento obrero de Euskadi, y aun de todo el Estado. Y esto es, en definitiva, lo que horroriza a la UCD: el fortalecimiento de las luchas obreras y populares que supondría un mismo marco autónomo vasco.

El estatuto que nosotros reivindicamos en este momento debe afirmar explícitamente la soberanía nacional vasca y reconocer la existencia d@ lazos nacionales con Euskadi norte; debe reconocer como nacionales vascos a cuantos venden su fuerza de trabajo en Euskadi, sean nativos o inmigrantes; debe instaurar definitivamente la democracia eu tierras vascas, 10 que traerá consigo la amnistía total, la

legalización de todos los partidos y la sustitución de las actuales fuerzas represivas por fuerzas sometidas al control exclusivo de los poderes autonómicos vascos.

Debe declarar el Euskera como lengua oficial de Euskadi, la obligatoriedad de su conocimiento y la cooficialidad del castellano; debe decretar el control de los medios de comunicación y de la cultura por los poderes vascos.

Debe poner en pie órganos legislativos, judiciales y administrativos propios1 y dejar en manos del Estado español la representación internacional de Euskadi, la firma de tratados internacionales y conflictos entre las naciones del Estado.

Debe solucionar el comienzo del control por los vascos de sus propias "riquezas, control que sólo será total cuando desaparezca el capitalismo: sobre su economía y su hacienda, sobre su territorio y la defensa del medio ambiente, sobre la planificación del urbanismo y la sanidad.

Debe respetar, en fin, la popularidad de las cuatro provincias —nosotros las llamamos regiones—. Deben ser los habitantes de éstas quienes en asambleas provinciales decidan su estatuto peculiar.

Nosotros proponemos con el estatuto el inicio del establecimiento de las libertades vascas, sean guipuzcoánas, vizcaínas, alavesas o navarras. La UCD propone.coa su "navarrismo" la defensa de tos intereses. del caciquismo y de la oligarquia y m sujeción al centralismo madrileño.

 

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