Autor: Saralegui, Francisco José de. 
   Navarra: Le basta seguir su destino  :   
 No necesita inventarse una constitución como si hubiera nacido ayer. 
 Ya.    30/10/1977.  Página: 20-21, 23. Páginas: 3. Párrafos: 88. 

NAVARRA: LE BASTA SEGUIR SU DESTINO

NO NECESITA INVENTARSE UNA CONSTITUCION COMO SI HUBIERA NACIDO AYER

Un cincuentavo de España en extensión territorial, un sesentavo en riqueza, un setentavo en población.

La industria convive con la agricultura como en pocas provincias.

Navarra es la vigésima provincia en producción, la octava en renta por cabeza y la quinta en bienestar social.

Desde los años sesenta, el catolicismo militante se ha deteriorado como raíz catalizadora dé voluntades en España.

El 80 por 100 de los navarros son hijos de agricultores medios.

DECIA Marcel Proust : "Para hacer una buena novela, bastan dos elementos : la provincia y el amor." Pues al escribir estas lineas, sólo eso tengo: Navarra y el amor.

Como una mano tendida del Ebro a los Pirineos, palma al suelo, Navarra no es grande, aunque sea muy querida para mi corazón. Resumen de España, región de clase media en una nación de clase media, el Viejo Reino del Norte es :

Un cincuentavo de España en extensión territorial, un sesentavo en riqueza, un setentavo en población.

La geografía y la historia son como el cuerpo y el alma de los pueblos; su influencia recíproca es inextinguible y patente.

No se pueden mover los grandes ríos. Si se puede ordenar, encauzar y represar su caudal y convertirlo —de arbitrario enemigo — en productor de paz y de riqueza.

La magnificencia de las cordilleras, frontera natural, mil veces se ha transformado en frontera política. Y a pesar del tenaz trabajo de los hombres y los poderosos medios de la técnica, siguio habiendo Pirineos.

Esa muda lección de la geografía tiene — a mi juitodos los rincones de España.

Cuenta el autor, en 415 páginas, la dura historia de las tierras del Norte de los siglos VIII, IX y X, hace mil años.

Ya entonces el genio de Roma había construido las ciudades y los caminos, la cultura, el idioma. Una calzada de Zaragoza a Galicia seguía el valle del Ebro hasta Logroño; y luego Nájera, Briviesca, León y Astorga hasta Coruña, antigua Brigántium.

Otra, de Briviesca a Burdeos, subía por Pancorbo hasta cerca de Vitoria y luego, por la Barranca, Pamplona y el hueco de Ronces-valles, hasta las Gallas. Al norte de estas vías y perpendiculares al Cantábrico, la loca geografía del país sólo permitió dos líneas más tomanizadas: Orduña-Bilbao y Treviño-Reinosa-Santander.

Acción y reacción

En todo caso, la idea de Sánchez Albornoz es que esas regiones del Norte, por dificultades geográficas y resistencia de sus naturales, fueron romanizadas con mucha menos intensidad que la Tarraconense o la Bétíca —costas del Mare Nostrum—y que las llanadas del centro, de fácil acceso a las legiones. Por otra parte, las tierras entre el Ebro y el Cantábrico no eran agrícolamente ricas ni tenían extremado interés militar; no tentaban a la invasión.

Pero la sólida construcción del Imperio se cuarteó con las invasiones visigóticas y se vino abajo con la conquista mahometana a partir del 711. La. guerra relámpago de los árabes, golpeando una estructura agrietada, destrozó las Españas en una década. En 718 había caído Pamplona. Los invasores siguieron —hacia Francia—por Ron-cesvalles. Hasta que la ruta de Poitiers (732) cerró para siempre al Islam los caminos de Europa.

Fue por estas fechas cuando comenzó la reacción expansiva de la España antigua del Norte, hasta entonces atacada por todos. Los núcleos menos romanizados del pais, densamente poblados, con hábitos y estructuras militares, ante un entorno que se debilita, inician a su vez el ataque.

Las Asturias descienden hacia León, Falencia y Valladolid. Las tierras vascongadas no invadidas por encima de Orduña—siguen a la monarquía de Oviedo. Y en la llanada de Álava, en Treviño, entre Pancorbo y Briviesca, el empuje vasco empieza a cuajar la Castilla histórica, entonces "harto pequeño rincón".

Navarra vacila. Entre el 800 y el 900 está dividida entre la monarquía de Pamplona—los Arista—y sus parientes los Banu-Muza, católicos convertidos a Mahoma, que dominan el valle del Ebro desde Tudela, Borja y Tarazona.

Sólo a partir de 905 Navarra se alia a Asturias y León contra los musulmanes —-por razones en buena parte religiosas—y contribuye al nacimiento de Castilla y al contraataque feroz de la Reconquista, que en 1085 llega a Toledo y en 1212 a Las Navas.

La cuna vasco-castellana

Es, pues, la España mecos romanizada, autocrática, rural y militar, la que se abre hacia el Sur como las varillas de un abanico. Divide la Península, penetra en la Meseta, el Sistema Central, Levante y Andalucía, dejando al Este y al Oeste las dos regiones más romanas de las Españas: Cataluña y Lusitania, hermosos nombres.

Pluralismos

Navarra—producto de mil años de historia—es contradictoria y pluralista, asume todas las diversida-des y antinomias. Lo mismo que se habla de las Españas podríamos hablar de las Navarras, pues las tierras torales han tenido (y tienen aún, aunque en menor medida) muchas fronteras interiores: de la tierra, de la situación social, de la cultura, de la economía y del alma. Difícil será encontrar en toda Europa, sobre un millón de hectáreas, tanta diversidad.

En "la mano tendida" se dan las tres geologías y los tres climas de España: el cantábrico y húmedo, al Noroeste; el pirenaico, casi alpino, en los valles de Salazar y Roncal, y el mediterráneo, al sur del Perdón y Alaiz, en el viejo, latino y amigo valle del Ebro.

En lo social, siempre ha habido en Navarra, como en todas partes, ricos, medios y pobres. La sólida clase media—ancha en Navarra—hoy lo es mucho más. Y aunque las diferencias permanecen, un alto porcentaje de f a m i lias tiene—como dicen en la Ribera—"un buen pasar",

Y si Navarra es, en producción, la vigésima provincia de España, en renta por cabeza es ´a octava o novena. Y la quinta si se atiende a los datos de confort de las viviendas, atenciones médicas y culturales y bienestar social.

En cuanto al alma de esta tierra, creo que ha sido durante siglos el catolicismo combatiente, para bien y para mal.

El nuevo 98

El 98 de Cuba fue hace ochenta años. Pero hoy, sin guerra, nuestra Patria está perdiendo, a mi juicio, una parcela importante del alma nacional. Más que parcela, raíz.

Me refiero a la fe católica, matizada aquí por la historia con un cierto talante combativo y militar. Y es que del siglo VIII al XVI, España luchó—alma al brazo—contra el Islam; el XVI y XVII, contra el protestantismo; el XVIII y XIX, contra la Revolución francesa, y el XX, contra el marxismo.

Bien sé que católico significa universal y que ningún país, régimen o época ni grupo social puede monopolizar tan ilustre adjetivo. Pero sé también que, quizá indebidamente, España ha identificado al catolicismo con parte de su ser nacional. Y que en la ley de Principios del Movimiento, el segundo consideraba a la fe católica como "única verdadera, inseparable de la conciencia nacional que inspirará su legislación".

No obstante, desde hace siglo y medio, pero quizá con más gravedad desde la década de los sesenta (extinguida la breve llamarada de la guerra y de los veinte primeros años de paz), se está deteriorando esa raíz, catalizadora de voluntades, que vinculó al país con lo trascendente y le creó una misión, le confirió un destino.

A mi juicio, el catolicismo militante ha sido una de las raíces más hondas del alma de España; también una de las que más ha pesado en el reforzamiento de la estructura centralizada y autoritaria del país.

Cuando se persigue una misión y ésta es larga y arriesgada, se acaban imponiendo esquemas mi1itares.

Pero ¿qué sucede si la misión se extingue o se pierde la íc en ella? Que la rigidez de las estructuras que aquélla ayudó a crear resulta pesada y se sufre con desgrana y desconsideración.

De razas valdría más no hablar, pero es evidente el mestizaje vasco-romano tradicional, con añadiduras judias y moras en la Ribera y en Tierra Estella. Y desde los años sesenta, un nuevo saldo de integrantes de otras regiones españolas que son acogidos, en conjunto, con magnanimidad.

Pueblo y ciudad

Hoy, ciertamente, la diferencia más visible y la frontera más clara esta entre los centros urbanos industrializados y la población diseminada en los pequeños pueblos rurales.

Aquella Navarra labradora que algunos añoran, creo yo—que la he vivido en mi niñez—que nunca fue bucólica ni sencilla ni medianamente justa. Y nada lo atestigua con más fuerza que esa huida del campo a la ciudad, que bien podría llamarse—en toda España—"el plebiscito de los pies". El 80 por 100 de los navarros de hoy somos nijos o nietos de agricultores medios. Pero en este año de gracia de 1977 sólo quedan 20.000 labradores propietarios, 15.000 que trabajan con la familia y 10.000 jornaleros, 45.000 personas en total, mientras los empleos industriales pasan ya de 80.000. El trabajo del campo lo hace sólo, por tanto, el 9 por 100 do la población foral; o bien—con otro punto de vista—, la cuarta parte de la población activa.

Pamplona y su comarca suponen hoy el 45 por 100 de la población foral y el 70 por 100 de la riqueza industrial de Navarra. Mientras tantos pueblos olvidados se deterioran y decaen. Bien es verdad que en menor medida que en otras tierras de España: por la propiedad agraria, más repartida, y por el empeño navarro de orientar la industria hacia las merindades, a las cabezas comarcales, donde se han montado 19 polígonos, tratando de evitar la macrocefalia de la capital y estabilizar la población rural con el arrimo de la industria cercana. Polígonos modestos y eficaces, que en ninguna región de España—ni quizá de Europa—han tenido, a pesar de todo, el favorable tratamiento que lea viene dando la Diputación Foral.

Navarra: Federal

Los navarros sabemos —hace mil años—que la "pureza" de lengua, de raza, de casta, de ideas, no suele significar virtud, sino pobreza.

Navarra no es una región natural, sino una federación histórica, socio fundador, a su vez, de otra unión mas amplia e ilustre, que es Híspana. El antiguo reino pirenaico, unido siempre a la tarea común, sigue manteniendo su histórica voluntad de ser diferente, de ser como es, hacia dentro y hacia fuera.

En Navarra, del Pirineo al Ebro, la geografía es pluralista y contradictoria. La historia, más aún: tierra de paso y de entrada, con un fuerte componente fronterizo y militar, en Navarra siempre ha habido peregrinos y soldados; sobre todo, soldados: desde Pompeyo a 1936, pasando por Almanzor, Carlos V, el virrey Gonzaga, Wellington, Napoleón, Mina, Tomas de Zumalacárregui, Emilio Mola.

El vascuence coexiste con el castellano, la montana con el valle; los apellidos tienen—en casi todas las familias—raices vascas, románicas, judias; a veces, moras.

La Industria convive con la agricultura como ea pocos lugares de España.

En pocos años, una sociedad que nunca la tuvo ha asimilado la uníversidad, quizá la institución más dinámica e imaginativa de Occidente. Y el proceso de urbanización y emigración interior—que tantos traumas, violencias y tristezas está produciendo en medio mundo—ha sido absorbido también sin graves trastornos.

Es difícil saber si sucederá lo mismo con la cuestión más honda de la fe católica. Pero intuyo que vamos todos aprendiendo, en obligadas lecciones, la vieja virtud de la tolerancia.

Todo ello ha sido posible, a mi juicio, por la tradición poderosa y soterrada del respeto a la diversidad, respeto que en último término es sinónimo de amor a la libertad.

Es obvio que la diversidad lleva a contradicciones, tensiones y dudas, y que éstas no sólo se dan en el ámbito social y público, sino en nuestro propio corazón. Pero eso es la vida.

Y en ella es sabio no valorar la contradicción como hostilidad, y prudente buscar para las divergencias una unidad superior. Ya vamos aprendiendo todos que es legitimo y normal que no todos loa hombres den iguales respuestas a las grandes preguntas que plantea la vida.

Porcentajes e ideas

Pero de la visión general de la historia descendamos al "ahora y aquí". En las elecciones del 1& de junio, Unión Autonomista de Navarra (fundamentalmente PNV) consiguió el 7 por 100 de los votos útiles, precedida por Alianza Foral {8,35), Unión Navarra de Izquierdas (9,31), PSOE 120.8) y UCD (28,5).

Ciertamente, el socialismo navarro—o mejor, sus líderes—parece inclinarse por Euzkadi. Pero sólo una votación universal con esa pregunta especifica aclararía la verdadera voluntad de los votantes de Navarra.

El proyecto de régimen preautonómico para el País Vasco elaborado por el PNV concede a la llamada Asamblea Confederal el control de los servicios de orden público, los medios de comunicación social (especialmente la radio y televisión) y la coordinación de los organismos torales en planificación territorial, infraestructura, educación y cultura, política económica, política sanitaria, cooficialidad del éusquera, además de ser la que acuerde con el Gobierno la transferencia de facultades a que daría lugar la implantación del régimen preautonómico.

Bien es cierto que se reconoce a cada territorio histórico el derecho de veto; derecho negativo, con el cual nunca se ha construido nada sólido en la historia. Las diputaciones, en cambio, quedan convertidas en órganos ejecutivos de la Asamblea Confederal.

Con estos porcentajes y estas ideas es difícil que Euzkadi obtenga el consenso mayoritario de los navarros.

La historio total

Yo amo la historia, maestra de la vida. Y amo la verdad, raíz de buenos árboles y sabrosos frutos.

Pero la historia y la verdad han de tomarse completas. Pues nada más falso que una verdad parcial ni más engañador que un pequeño trozo de historia.

Si de la historia vasco-navarra se cita sólo el año 1830—cuando la primera guerra carlista—, resultarán consecuencias tan aventuradas como si se citase sólo 1037, cuando la última guerra civil.

L«r efímero unión «te 1839

En 1839, el Reino y las tres provincias estuvieron unidos en una paz honrosa, preparada por los fusilamiento de Estella (aún se dice allí: "Mea, traidor que Maroto"), la recomendación de Espartero al Gobierno y el abrazo de Vergara, encubridor del desastre militar.

En 25 de octubre de este año fue una ley de las Cortes Españolas, sancionada por i» Reina Gobernadora, la que confirmó—juntos— ´tos fueros de tos Provincias Vascongadas y Navarra, sin perjuicio de Ja unidad constitucional de Ja monarquía".

Seis meses después, en 18 de marzo de 1840, Navarra se despega de nuevo de las provine tas, poniendo en marcha la estrategia que conducirla a la ley Paccionada de 16 de agosto de 1841, vigente aún.

En toda la larga y dura historia nuestra, sólo en otra lejana ocasión (siglo XI) las tierras vascongadas estuvieron políticamente unidas—unos años—a la monarquía navarra.

En 1839, las provincias se niegan a negociar con Madrid, y pierden sus fueros en 1876. El PNV nace en 1894, veinte años después. Fuerista hasta la independencia, con un marcado acento particularista, apoyado en la raza y en la lengua, más bien burgués y conservador, profundamente católico.

Mucho ha llovido desde entonces. Y desde 1839: cuando eran muertos recientes Goya, Beethoven, Fernando VII y Napoleón.

Posado y futuro

No parece prudente convertir en eterno el momento fugaz, ni congelar la historia en la hora que nos conviene. Historia será, esta noche, el día de. hoy. La grandeza y el riesgo de la política es apoyarse en el ¡pasado, pero mirar al futuro.

Un pasado de mil años enseña que el Derecho público de Navarra ha sido siempre vivo, sencillo y claro, como el anglosajón. Como el inglés, donde hay más costumbres que leyes. Como el americano, que lleva un siglo con la Constitución fundacional y unas pocas • enmiendas.

La ley Paccionada de 1841 ha atravesado, sin romperse ni mancharse, cuatro guerras., canco constituciones, ocho regímenes. ¿No bastará—boy—amejorarla?

El régimen anterior a 1839 no puede volver: virrey. Cortes con tres brazos (nobleza, clero, villas), tribunales navarros, aduanas en el Ebro, exención del servicio militar.

Por otra parte, una Constitución de nueva planta para Navarra irá ligada sin remedio a la Constitución española, y seguirá su destino.

Con buen sentido político, la Diputación Foral, en su declaración de 20 de agosto, habla de recuperar las antiguas Cortes. Aunque sus facultades "legislativas" sean muy reducidas, es quizá lo único que vale la pena reintegrar: las Cortes y la Cámara de Comptos, uno de los tribunales de Cuentas más antiguos de) mundo. Pero por el camino ya abierto, sin necesidad de retroceder — precisamente, ciento treinta y ocho años.

¿Crisis?

Soy consciente de que la década de los setenta ha sido crítica ea sus años ya pasados y va a ser decisiva en nuestro porvenir, pero España y Navarra han vivido crisis muchos peores. La España de Femando VII posterior a la francesada, la de Cánovas que siguió a las guerras civiles del XIX, la de Franco inmediatamente posterior a la guerra del 36, ha,n sido momentos mucho más difíciles que los actúales. Que, después de todo, siguen a cuarenta años de paz.

Es quizá la propia costumbre de esa paz—y la especial sensibilidad de algunos sectores del país y la vieja y humanísima ley del péndulo—lo que desmesura las reacciones y lleva a los extremos lo que debía permanecer en una dinámica moderación.

Con razón dice Madariaga que la extrema izquierda ha traicionado síempre a¡ la izquierda y la «xtrema derecha a la derecha.

Enmiendas bastan

Estamos en -una; ley Paccionada de 1841 y un convenio económico de 1969. Pues pactemos con el Estado una enmienda a la ley Paccionada (que reconstruya nuestras Cortes), y con el Gobierno un apéndice al convenio que lo acomode ai Ja reforma fiscal. Los ayuntamientos y la Diputación, que se atengan — en cuento a sus elecciones — al régimen común, como establece la Paccionada. ¿A qué inventar reglas nuevas ?

En esta hora de regionalismos apasionados, Navarra no necesita inventarse una Constitución, como si hubiera nacido ayer. Le basta seguir su camino.

Que nuestras hermanas provincias vascas hagan lo mismo. "Jaungoikoa eta legazarra" (Dios y leyes viejas). Cada caminante a su camino.

Francisco José de Saralegui

 

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