La peña femenina de Julio Robles  :   
 Un movimiento de liberación de la mujer castellana. 
 Pueblo.    27/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

LA PEÑA FEMENINA DE JULIO ROBLES

Un movimiento de liberación de la mujer castellana

ESTAS cosas no pasan más que en Ciudad Rodrigo, donde si alguien se decidiera a escribir un libro sobre

personajes pintorescos, encontraría ejemplares humanos de un interés desconcertante. Para empezar, el

pueblo está «gobernado» por un alcalde que vive en Salamanca. No es vecino mas que en los papeles del

censo, pero en cambio, atesora, como único mérito, su condición de ex combatiente y su agradecida

fidelidad a los sustanciosos pluriempleos que le proporcionó el antiguo Régimen, Pero da lo mismo. El

hermoso pueblo, con problemas tan graves como estar sin agua meses enteros, estando á orillas de un río

espléndido, se gobierna tan ricamente a su aire, y cada día ocurren lances originales, más propios de una

jacarandosa e imaginativa ciudad andaluza que de un sobrio burgo castellano. En el orden taurino también

pasan cpsas apasionantes, porque Ciudad Rodrigo, corazón de un importante núcleo de ganaderías bravas,

mantiene una afición viva, con dos tertulias diarias, donde se siguen de cerca los incidentes de la fiesta.

Sin contar una tertulia de ganaderos que se reúne a cualquier hora en el bar Cruce, y otra comarcal donde

los hombres del campo hablan todos los martes, en el tradicional café de El Porvenir. Pero lo más curioso

es que, teniendo Salamanca varios toreros de postín, los que más ruido arman son los de la Peña

Manzanares. Resulta que Julio Robles está todos los días en el pueblo. Pero la peña se la hicieron al torerd

de Alicante. Porque Chema el de «el Rodeo» siente una adoración profunda por Manzanares, y un día se

encontró a treinta amigos que necesitaban una disculpa para viajar y comer. Desde entonces la peña

marcha divinamente. Cenas, meriendas, conferencias. Nunca se habló tanto de toros en Ciudad Rodrigo

como ahora. Y eso salimos ganando. Tientas y comilonas al campo cuando el tiempo lo permite. Hace

poco tenían organizada una en la finca de «El Raboso», pero el astuto ganadero, al enterarse que el torero

no iba a asistir, los dejó colgados la víspera y se quedaron eon la merienda preparada y sin vacas. Menos

mal que un amigo los sacó del apuro, y fui testigo del día que pasaron; hartos de cordero asado y de vino,

torearon todos, y algunos muy bien. Pero dentro de un clima sano, sin una sola nota discordante. Aunque

lo de Manzanares, sea una cosa sentimental de Chema, la peña funciona que es un primor. Pero héteme

aquí que las novias, mujeres, suegras y allegadas femeninas de los socios, al ver lo abandonadas que

quedaban mientras los tunantes se iban a Madrid, Palencia, Valladolid y donde les viene en gana con la

disculpa de prestarle apoyo moral al torero, han tenido una reacción muy actual, muy reivindicativa de los

supuestos derechos del mal llamado sexo débil: fundar otra peña para ellas sólitas. Y la primera gestión

fue buscar como dirigente a la propia mujer del presidente de los de Manzanares. Así ha nacido la Peña

Julio Robles. Ya tiene local propio. Nada de andar de prestado en el bar de un amigo, como los hombres.

Ellas han garantizado su independencia, con un domicilio privado, donde no tienen acceso ios hombres.

Ellas estaban ya un poco hartas de ver salir a los hombres hacia sabe Dios dónde y verlos volver

destrozaditos por la resaca. Así que hicieron la asamblea de fundadoras y, de momento, superaron en

número a los de Manzanares, Y salió de presidenta Patri Salicio, mujer de impresionante trapío, sin más

defecto que su acrisolada honestidad. O sea, que lo de la liberación taurina de la mujer mirobrigense está

«dentro de un orden», que otorga cierta tranquilidad a novios y maridos. Las escenas pasadas se van a

repetir, ¡pero al revés! Así, cuando en las horas de mayor trabajo Chema abandonaba el restaurante,

dejando a su mujer esclavizada en la cocina, se va a dar el caso de que la mujer salga triunfalmente del

establecimiento vestida de punta en blanco. Y, ante el estupor del marido, le responda: «Me voy a la

reunión de la peña.»

Como era de esperar, esta situación ha creado cierto estado de inquietud hasta en los maridos y novios

más liberales. Pero las mujeres ya tienen legalizada su sociedad, y además las respalda la aguerrida Choni

Alaejos que el pasado carnaval fue víctima de una espectacular cogida por uno de los toros del encierro.

Dándose el caso peregrino de que el toro resultó muerto en el lance, mientras el pueblo coreaba por las

calles el desenlace: «Choni, viva; el toro, muerto.»

Al paso que va Ciudad Rodrigo, las secciones taurinas, más responsables de los más importantes

periódicos van a tener que montar allí una corresponsalía en toda regla, porque además ya está en marcha

algo original: por primera vez en la historia se va a montar una corrida de concurso entre las ganaderías

del segundo grupo. Pero al estilo de Jerez. Es decir, sin que pueda participar ningún ganadero que no sea

del pueblo, y para no andar presionando a los jurados para darle el premio al que más convenga, han

decidido que el jurado esté compuesto exclusivamente por los seis ganaderos que se disputen el premio. Y

es posible que las deliberaciones de tan singular jurado se televisen en directo para darle un ejemplo al

mundo de la llamada democracia inorgánica.

El caso es que entre las sobrias piedras románicas de un pueblo monumental, cuyo alcalde vive en

Salamanca, rutas imperiales, cuarenta mujeres del lugar han formado la Peña Julio Robles para darle en

las narices a la tiranía de los hombres. ¡Ahí queda eso!

NOTA.—Ayer me encontró en e! Wellington a El Viti, que se iba a las Américas. Estaba con algunas

personas que no son precisamente partidarios de un servidor. El Viti se levantó de! grupo, cruzó el salón y

me dio un abrazo. Hablamos un rato largo de Salamanca, de las vacas y de los niños. ¿Veis como no hay

guerra? Mañana Santiago podrá venir a torear mis vacas y yo a ver sus caballos. Yo seguiré escribiendo

sobre él lo que me guste y lo que me disguste. Y no pasa nada. ¿No habíamos quedado ya en que se

acabaron las dictaduras?

noviembre de 1976

 

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