Autor: Soria, Mario. 
 Política. 
 Navarra y los vascos     
 
 Arriba.    06/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Política

NAVARRA Y LOS VASCOS

En la disputa que enfrenta a Navarra con el País Vasco no cabe hablar de polémica entres pueblos, sino más bien de diferencias entre políticos. Es lo más probable que, salvo algunos exaltados a los que se debe el asesinato del comandante Imaz y de tantas otras personas, la inmensa mayoría de los vascos no pretenden llevar a cabo una especie de imperialismo «sui generis que, ademas de algunas provincias francesas, trate de absorber a los navarros, nación, país, provincia o pueblo de los más peculiares de España por su historia, idiosincrasia, instituciones políticas, ideología, etc. Como por otro lado, tienen también los vascos UD carácter inconfundible por su lengua, religiosidad, etcétera, resulta apenas creíble que no vayan a respetar la índole e independencia de un pueblo hermano, ellos que tanto se han quejado de la centralización madrileña. Pensar otra cosa significaría sustituir el avasallamiento de ia Villa y Corte por la hegemonía de Bilbao o de San Sebastián. Y esto, huelga decirlo, ni

los navarros lo admitirían ni hay vasco sensato que lo propugne.

Son, entonces, ciertos políticos quienes por su imprudencia y tal vez para llevar agua al molino separatista, tal como afirma el senador Jaime Ignacio del Burgo, los que están echando leña al fuego. De otro lado, atiza a su modo la disputa el terrorismo marxista de ETA. Así, mientras algún partido político pretende pasar de matute la integración de los navarros en la región vasca, ios asesinos tratan de coaccionar a los ciudadanos para que no protesten contra los proyectos de anexión (de «Anschluss», dirían los nazis), ni, una vez realizados, se opongan de manera alguna a lo que resultare. Esto no significa, naturalmente, que colaboren premeditadamente los terroristas con una asociación legal, ni qu« ésta haya intrigado para lograr la cooperación de los primeros. Al contrario, seguramente los crímenes pongan en carne viva una situación que más valdría tocar con el máximo cuidado, con objeto de no enconar las disensiones ni llamar demasiado la atención acerca de lo que se trama.

Lo más juicioso en todo este asunto, que corre peligro de envenenarse con gravísimas consecuencias para España y su frágil democracia, es que se pregunte a los propios interesados si quieren o no incluirse en Euzkadi: un referéndum evitaría justificadísimos estallidos de cólera y una inalterable oposición a la arbitrariedad, pero también seria lo más lógico en un sistema democrático en el cual, al menos por definición, nada de importancia se decide sin la aprobación expresa de los ciudadanos.

En efecto, ¿qué motivo plausible podría aducirse para una determinación de la cual no se sabe con certeza qué opinan los afectados y de la que hasta se intuye que no es popular? Realícese un plebiscito en Navarra y ya veremos los resultados. ¿O se teme efectuarlo? Y en tal caso, si lo que se busca no es la decisión democrática de UD pueblo ¿qué se busca?

Mario SORIA

 

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