Autor: Martínez de Azagra, José Javier. 
   Los fueros de Navarra     
 
 ABC.    06/12/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

MARTES, S DE DICIEMBRE DE 1977. PAG. 3

LOS FUEROS DE NAVARRA

LA defensa de los Fueros de Navarra no es cosa nimia para nadie y menos para unas Cortes y un Gobierno aue quieren ser democráticos al tiempo que respetuosos, con la ley.

Porque ninguna institución hay más profundamente democrática que el Fuero de Navarra. Su esencia es, precisamente, la limitación del ejercicio del Poder, el control estricto y permanente de su desarrollo en evitación de que, al socaire de querer servir al bien común de todos se atiendan de hecho los medros de unos pocos. Por ello desde los albores de nuestro Reyno allá por el siglo VIII, ningún Rey podía hacer ni la guerra, ni la paz o la tregua, «ni otro granado hecho o embargamiento del Reyno sin consejo de doce ricoshombres o doce de los más ancianos sabios de la tierra», según reza nuestro Fuero General. Cuando el Rey se apartaba en su gobernación de lo prometido, pactado y jurado, los tres Estados y el pueblo dé Navarra no eran tenidos de obedecer, antes bien, se tenía lo dictado por «nulo y de ninguna eficacia y valor», como también se dice en el juramento foral

El Fuero de Navarra quedó reducido en su contenido material desde la Ley Paccionada de 1841, pero igual de vivo en el espíritu de nosotros los navarros, es una limitación, una contención del Poder. Por eso el pueblo navarro no ha conocido el absolutismo. Por eso todos los poderes en ejercicio se han resistido, en la entraña oculta de su ser, al reconocimiento del Fuero.

Los navarros siempre hemos cumplido con nuestra parte en el pacto. No hubo jamás empresa nacional a la que fuera llamada Navarra y no esistiera. Renunciamos, de una vez y para siempre, a la independencia y desde entonces el separatismo ha sido en nuestra tierra una flor para cultivada sólo en los pocos invernaderos del egoísmo culposo o el resentimiento enfermizo.

Puede bien alto decirse que hoy el espíritu foral, la esencia misma del Fuero, no sólo está conforme con los principios democráticos, sino que puede y debe ser un modelo para todos aquellos, individuos o regiones, que dicen profesarlos.

Asistimos a una defensa, quizá sea medida y tino mucha veces de las autonomías. Todavía la Constitución no se ha recibido, no está ni siquiera presentada a las Cortes y nacen ya. a diestro y siniestro, como hechos consumados, las pre-autonomias. Sin definirlas ai conceptual ni jurídicamente. ¿Con qué ideario se ha formado esa baraúnda que amenaza ya, no con la división nacional, sino con la mera posibilidad de la gestión coordinada de un Gobierno? Con bien escasos y generales ingredientes: las lenguas, las etnias cuando las hay y algo d« trozos de historia mal digeridos, mezclado todo en la olla, siempre profunda, de la ambición de jefaturas. Amplísima-mente sazonado, eso sí, con los vocablos de «pueblo» y «libertad».

El concepto autonómico es tan difícil y delicado como legítimo. En cuanto representa una limitación al poder «entra! hay que prevenir que «u ejercicio. no anule a aquél, puesto que una comunidad, nacional o regional, sin referencia a un poder efectivo es una siempre trágica quimera. Pero también hay que dotarlo de un contenido real en el que sujeto autonómico pueda verdaderamente autonormarse, definirse y buscar so» perfiles propios sin merma de la necesaria coesión y subordinación al ente nacional superior en el que está inmersa. Maridaje difícil que muchas veces h* terminado en simple amancebamiento. Hacen falta años, muchos años, quizá siglos, para coger «1 tacto y el puteo necesarios. Lo cual en manera alguna quiere decir que no baya que empezar añora mismo.

Pero, si de autonomías se trata, ¿cómo se intenta ahora cercenar, modificar, cambiar por sutiles procedimientos la de la única región que ha sido autonómica desde su mismo origen? Porque Navarra viene siendo autónoma desde el siglo VII hasta hoy: más de mil doscientos años; más de un milenio.

Navarra fue y es la más democrática entre lo* Reinos y provincias de España. Por derecho propio. Porque en Navarra se celebraban Cortes cuando Castilla se veía privada de las suyas; y en nuestras Cortes se discutían los proyectos de ley cuando la Corona, por sí sola, las dictaba para Castilla; porque ninguna cédula ni orden real tenía, vigencia en Navarra mientras no recibía e] consentimiento de la Diputación del Reyno por medio de la sobrecarta.

Y ahora, al parecer, el señor Clavero Arévalo se olvida de los doce siglos, se olvida de la legislación rigente y centenaria, se olvida de todo y, para tratar de lo que no sabe, llama a quien no corresponde. ¡ Ridículo espectáculo si no fuera trágico! Trágico porque el desmantelamiento de los Fueros de Navarra puede ser el anuncio del desmantelamiento de todas las instituciones del país.

Ceguera tal sólo se ha dado muy pocas veces en nuestra historia. Nunca se pudo acabar con los Fueros de Navarra, pero en cambio sí vinieron muchas y grandes calamidades para todos los españoles.

Como quizá hoy.—José Javier MARTÍNEZ DE AZAGRA IRUJO.

 

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