"Afirmo rotundamente que hemos de escuchar a la juventud"  :   
 Palabras del Príncipe de España al ser investido doctor "honoris causa" por la Escuela de Ingenieros Industriales de Bilbao. "Es preciso desterrar para siempre infundados complejos de inferioridad y de singularidad". 
 ABC.    15/10/1974.  Página: 29,31-32. Páginas: 3. Párrafos: 60. 

"AFIRMO ROTUNDAMENTE QUE HEMOS DE ESCUCHAR A LA JUVENTUD"

Palabras del Príncipe de España al ser investido doctor "honoris causa" por la Escuela de Ingenieros Industriales de Bilbao

"ES PRECISO DESTERRAR PARA SIEMPRE INFUNDADOS COMPLEJOS DE INFERIORIDAD Y DE SINGULARIDAD"

Con Doña Sofía acompañaron a Don Juan Carlos el presidente del Gobierno y el ministro de Educación

BILBAO 14. A las nueve menos cuarto de la mañana, en el expreso «Costa Brava», llegaron a Bilbao los Príncipes de España, Don Juan Carlos y Doña Sofía, acompañados del presidente del Gobierno, don Carlos Arias Navarro, y del ministro de Educación y Ciencia, don Cruz Martínez Esteruelas, junto con sus respectivas esposas. Al pie del vagón esperaban a los Ilustres visitantes, las primeras autoridades vizcaínas. La esposa del gobernador civil de Vizcaya, señora de Coll de San Simón, hizo entrega a la Princesa de España de un ramo de flores, mientras que el Príncipe portaba el bastón de mando del Ayuntamiento de Bilbao, que en su primera visita oficial a Vizcaya le entregó la Corporación bilbaína.

Los Principes de España, el presidente del Gobierno y el ministro de Educación y Ciencia, fueron cumplimentados en el andén por un consejero de Renfe, en representación del presidente de la compañía; gobernador civil de Vizcaya, presidente de la Diputación de Vizcaya, alcaldesa de Bilbao y otras autoridades y representaciones.

Sus Altezas Reales fueron aclamados por numerosas personas que se habían congregado en las inmediaciones de la estación, quienes expresaron de este modo su simpatía y adhesión hacia sus personas.

A continuación, los Principes de España y acompañantes subieron a sus respectivos automóviles y se dirigieron al Gobierno Civil, donde Don Juan Carlos recibió en audiencia privada a diversas Corporaciones vizcaínas.

Al filo de las doce partieron del Gobierno Civil con destino a la Escuela Superior de Ingenieros Industriales «Leandro José de Torróntegui» Sus Altezas Reales, el presidente del Gobierno y el gobernador civil, acompañados de sus esposas.

En el recinto exterior de la Escueta rindió honores una compañía del regimiento de Infantería de Garellano. En el vestíbulo esperaban las autoridades nacionales y académicas y claustro de profesores, con el rector magnifico de la Autónoma de Bilbao, don Justo Pastor, quien presentó al Príncipe al claustro y profesores de la Escuela.

Don Juan Carlos subió a unas dependencias privadas, donde se revistió de toga y muceta.

Formóse la comitiva académica, al final de la cual iba el Príncipe, acompañado del padrino de la ceremonia y director de la Escuela, don Joaquín María de Aguinaga, dirigiéndose la citada comitiva al aula magna, mientras los invitados, de pie, y el coro de la Asociación Bilbaína de Amigos de la Opera, acompañados por la Orquesta Sinfónica de Bilbao, interpretaban el «Gaudeamus Igitur».

El Príncipe ocupó la primera fila de butacas, frente al estrado, situándose en otra butaca, al lado opuesto, la Princesa.

PRIMER DOCTOR «HONORIS CAUSA» EN INGENIERÍA INDUSTRIAL

Comenzado el acto, el rector cedió la palabra al subdirector de la Escuela, profesor Zubillaga, quien dio lectura al acta de nombramiento del Príncipe como primer doctor «honoris causa» en ingeniería en España. Seguidamente el padrino del doctorado dio lectura a su discurso diciendo, entre otras:

«Establece el ceremonial para la colación del grado de doctor, que sea un profesor de la institución otorgante quien, ante la corporación académica, formule el elogio del nuevo doctorando y solicite de la presidencia la correspondiente investidura solemne. En esta histórica ocasión me ha correspondido el solemne privilegio de anunciar, por vez primera en vida de nuestra Escuela, el otorgamiento del titulo de doctor «honoris causa» en ingeniería industrial.»

LA INVESTIDURA

Tras el discurso del padrino, éste bajó del estrado e invitó al nuevo doctorando a que se acercase al centro. Al mismo tiempo, el rector magnífico pronunció las palabras rituales:

«Señor: A propuesta de la Escuela Superior de Ingenieros Industriales de Bilbao, con ocasión de conmemorarse el 75 aniversario de su fundación por vuestros augustos antepasados, y en reconocimiento de los méritos y circunstancias históricas que concurren en la persona de Vuestra Alteza, habéis sido nombrado doctor «honoris causa» en Ingeniería industrial. En virtud de la autoridad que me está conferida os entrego dicho título y os impongo como símbolo la placa doctoral, venerado distintivo del alto magisterio español, llevada sobre vuestro pecho corno símbolo de vuestros merecimientos. Recibid, señor, el anillo doctoral que en la antigüedad se entregaba en esta venerada ceremonia corno emblema del privilegio de firmar y sellar los dictámenes, consultas y censuras de vuestra ciencia y profesión, así como los guantes blancos, símbolo de la pureza, que han de conservar vuestras manos. Unos y otros signos también de la distinción de vuestra categoría.»

Terminada la Investidura, el rector rindió homenaje al nuevo doctor, diciendo:

«Porque os habéis incorporado a este claustro y en él al de toda la universidad española, recibid ahora en su nombre, Señor, el testimonio de adhesión y de homenaje dé los que se honran y congratulan de contar a Vuestra Alteza entre sus claustrales.»

El Príncipe y el rector se fundieron en estrecho y cordial abrazo, mientras la orquesta interpretaba el Himno Nacional.

Posteriormente, el padrino y el rector descendieron para pedir a la Princesa Doña Sofía que subiese al estrado, ocupando los Príncipes sitiales preferentes en el centro del mismo.

DISCURSO DEL RECTOR

Don Justo Pastor Rupérez, rector magnifico de la Universidad de Bilbao, pronunció un discurso en el que dijo, entre otras cosas:

«Este solemne acto académico, señor, presenta características de juventud, de unión y de esperanza. De juventud, pues en Vuestra Alteza Real, en la que los españoles tenemos fe y seguridad para el futuro de España, concurren las circunstancias de vuestra juventud con la investidura del grado de doctor de una Universidad joven que cuenta, por años de edad, los siglos de la mayoría de las universidades españolas.

La unión, señor, es también otra característica de este solemne acto académico, pues vuestra incorporación a esta Universidad con el grado de doctor en Ingenieria Industrial otorga vuestra alta sanción a la reciente integración a las hasta hace poco denominadas escuelas especiales de Ingeniería (de glorioso historial) en la Universidad española.»

PALABRAS DEL MINISTRO DE EDUCACIÓN Y CIENCIA

Finalizado el discurso del rector, tomó la palabra el ministro de Educación y Ciencia, quien felicitó a Su Alteza por la concesión de la investidura y por la aceptación de la misma.

«Considero —apuntó— que este acto es una renovación de la necesidad, del estrecho compromiso que tiene que existir entre la Universidad y las instituciones públicas, sin el cual se hace imposible la enseñanza.

La constitución de diversos países atribuyen a los Reyes la misión de ser protector, tutor y celador de la enseñanza. Estamos seguros de que Vuestra Alteza tendrá siempre presente la enseñanza y hará honor a estos titulos.

El futuro de la enseñanza y de la Universidad —continuó el señor Martínez Esteruelas— es problemático a nivel mundial y el compromiso con las Instituciones públicas harán mas fácil esta andadura.

Las necesidades económicas de nuestro tiempo necesitan de los ingenieros industriales y de las Escuelas. Felicito, pues, a la Escuela de Ingenieros de Bilbao por su iniciativa y confío en el gran porvenir de este Centro, como en el de las restantes Escuelas de Ingenieros de España, una vez que se han integrado en Universidad, de acuerdo con la ley general de Educación.

A continuación Su Alteza Real el Principe de España pronunció el signante discurso:

DISCURSO DEL PRINCIPE

Señor presidente, Señor Ministro, Rector magnifico, señoras y señores:

Es para mi un gran honor recibir de una institución tan prestigiosa este titulo de doctor «honoris causa» en ingenieria que me habeis otorgado al cumplirse los setenta y cinco años de la fundación de vuestra Escueta Superior da Ingenieros Industriales.

Cuando se reciben tantas muestras de afecto y se percibe claramente la sinceridad de vuestra adhesión, resulta difícil expresar los sentimientos que embargan el ánimo en este acto tan solemne y en esta Villa de Bilbao que siempre quiso estar en la vanguardia de la Ingeniería española.

Las características de los tiempos que nos han correspondido vivir —con sus apasionantes exigencias a la investigación científlca y al desarrollo tecnológico— parecen aconsejar que en esta señalada ocasión hagamos algunas consideraciones sobre «la ética y la innovación en la ingenieria» dando ademas, con ello, cumplimiento a la costumbre tradicional de pronunciar un breve discurso que, según señalan las rúbricas, es obligación en quien acaba de graduarse.

Se ha definido la ingeniería como la profesión que, mediante la adecuada preparación científica y técnica, es capaz de utilizar los grandes recursos de la Naturaleza en servicio del hombre. Su campo de actuación es muy amplio y los fines que persigue son muy atrayentes para el mundo actual.

Los trabajos que desarrolla la ingeniería se extienden, en primer lugar, a descubrir las necesidades que siente el hombre en su lucha constante por el progreso, y a realizar un análisis lógico de los problemas que plantea la vida moderna. Como consecuencia de ello, hay que tratar de encontrar soluciones adecuadas para mejor servir a los demás; el estudio de estas soluciones y su aplicación práctica a la producción de recursos, buscando una organización racional que permita la mejor utilización de los medios puestos a la disposición del hombre, es quizá la tarea que afecta más directamente a vuestra noble tarea. Tiene además como condicionante, que estos logros alcancen al mayor número de personas.

NORMAS ETICAS DE ACTUACIÓN

No pretendo señalar aquí los rumbos específicos que debe seguir vuestra actividad investigadora, pero sí quiero decir unas palabras sobre las normas éticas de actuación que pueden ser de utilidad en vuestra trascendental misión de abrir nuevos caminos para la ingeniería española.

Cuando se investiga es difícil predecir de antemano los logros que pueden alcanzarse en un determinado problema. Pero si es necesario programar el trabajo con detalle y actuar con equipos bien conjuntados, formados por profesionales competentes cuya estructura haga posible el superar la simple suma de los talentos individuales de sus componentes.

Nada en verdad sustituye al talento individual, pero en ocasiones es necesario estar dispuesto a renunciar al brillo personal y aceptar con gusto tareas de menos relieve para lograr resultados más eficaces. También hemos de aprender a someternos de buen grado y trabajar a las órdenes de personas que quizá puedan parecemos menos capaces, pero que con una mayor experiencia hacen posible la coordinación de esfuerzos, necesaria para que una labor tenga éxito. Y esta disciplina ha de servir para preparar a alguno en la tarea de dirección que en el futuro habrá de realizar.

Éstos trábalos de investigación, como las tareas políticas o el servicio a la Patria en las filas del ejército, requieren vocación, entrega y desinterés. Sin estas cualidades, nunca se podrá ser ni un eficaz investigador ni un buen soldado ni un verdadero hombre de Estado.

TAREA ESENCIAL PARA LA SUPERVIVENCIA

Y ahora podemos aplicar estas ideas a quienes tenéis que realizar este importante servicio para el país, sintiendo la responsabilidad de que vuestra tarea es esencial para nuestra supervivencia, y estáis integrados en una estructura que exige la aceptación y el ejercicio de unas normas de disciplina.

Muchas veces se subraya la necesidad ineludible de que el investigador disponga en su tarea de una total libertad como condición indispensable para desarrollar su capacidad creadora.

No seré yo quien niegue esa necesidad, pero me gustarla hoy añadir, con palabras del Premio Nobel, doctor Heisemberg: «La libertad de volar consiste en el conocimiento de las leyes de aerodinámica. De igual modo, la libertad en las decisiones de la vida sólo es posible por la adhesión a normas éticas, y quien pretenda despreciarlas, como si fuesen una coacción, pondría sólo desenfreno en lugar de libertad."

Como las tareas de investigación no admiten ordenamientos excesivamente rígidos, ni es posible obtener mediante la coacción resultados auténticamente innovadores, se hace necesario que la coherencia funcional del equipo investigador y su ideal de servicio nazcan de una vigorosa y voluntaria autodisciplina por parte de los miembros que lo integran. Por cierto, que la contemplación viva de un trabajo de investigación así realizado no es la menor de las lecciones que diréis a vuestros colaboradores.

La solución que las nuevas demandas sociales esperan de la ciencia y de la técnica exigen que esta virtualidad innovadora y esta potencia de creación no estén jamás ausento en la tarea ordinaria del investigador.

COMPLEJOS INFUNDADOS

No es escaso, a este respecto, el genio imaginativo y la originalidad de nuestro pueblo. Tampoco es cierto que seamos gentes, carentes de tesón para las tareas de investigación; en éste como en otros aspectos, es preciso desterrar de una vez para siempre infundados complejos de inferioridad y de singularidad.

También creyó eI pesimisrno de alguna generación pasada que eran escasas las posibilidades de industrializar nuestra Patria, y sin esta realidad actual de nuestro desarrollo industrial, que tanto os debe a vosotros los ingenieros españoles.

Ahora se os exige que forméis ingenieros con capacidad de innovación, preparados para aportar su imaginación al proceso de investigación y al desarrollo que el país reclama.

Yo afirmo rotundamente que hemos de escuchar a la juventud. Ante esta nueva exigencia van a ponerse a prueba vuestros criterios de actuación y vuestra capacidad de autogobierno para encauzar la aportación creadora y Ia de vuestros mas jóvenes colaboradores.

A veces suele aparecer entre estos equipos de investigadores noveles una tendencia a postular un cambio radical de todo lo existente como condición previa a cualquier inicio de labor que merezca su ínteres. Esta ambientación pesimista, y muy dañosa por sus consecuencias de esterilidad, pretende encontrar su justificación en las deficiencias que, lógicamente, pueden existir y de hecho existen en toda tarea humana. Ciertamente, habrá que tratar de subsanar por todos los medios estas deficiencias.

Pero cuando en esas posturas, se observa esa terca tendencia a señalar exclusivamente lo negativo, a ignorar el valor de lo hecho previamente por otros, y a insinuar que solo un cambio destructor puede ser el fundamento de una solución válida, hay que sospechar que en esas actitudes falta un verdadero deseo de servir a la sociedad a la que se pertenece y que el cambio que se postula está condicionado por motivaciones bien ajenas a las de la ciencia y la tecnología.

VALORES ETERNOS

Una última consideración en la linea expositiva que han tenido hoy mis palabras. Por encima de la independencia de criterio que el investigador ha de poseer, están los eternos valores que el Creador mismo ha impreso en la conciencia del hombre. En último extremo, es esta ley inmutable la que determina la moral de toda actuación humana.

Por eso, cuando el objetivo mismo de una actividad investigadora se aparta claramente de esa suprema norma, ya no hay una verdadera búsqueda ni de la verdad ni del bien. Por muy espectaculares que puedan parecer los resultados, se trataré de falsa ciencia o de pseudo-tecnologia, cuyas innovaciones no las queremos para nuestro pueblo ni pare ninguna nación de la tierra.

Voy a terminar. Cuando una institución como vuestra Escuela de ingenieros industríales puede lanzar una mirada retrospectiva y contemplar cómo a lo largo de mas de setenta y cinco años, siendo fiel a su linea fundacional, ha sido capaz de responder a las cambiantes demandas que se le han ido planteando a lo largo del tiempo, es que ha sabido atraer a sus filas maestros y discípulos de reconocida y probada competencia, entre los que es un privilegio poder contarse.

Por todo ello quiero agradeceros, en mi propio nombre y en el de cuanto represento, esta señalada distinción de que me habeis hecho objeto.

Y quiero también agradecer al presidente del Gobierno el haber querido acompañarnos en este acto de indudable trascendencia por muchos motivos.

Sabed que tanto la Princesa como yo sentimos una especial satisfacción de estar hoy entre vosotros, en Bilbao, en esta casa de la ingeniería industrial española, hontanar donde se percibe con singular viveza el futuro de esa Patria mejor que queremos para nuestros hijos, obra que entre todos hemos de levantar.

UNAS IDEAS DE ALFONSO XIII

Y para poner fin a este acto, con el que iniciáis el curso 1974-75, quiero recordar unas ideas que mi abuelo, el Rey Alfonso XllI, dedicó a los ingenieros españoles como presidente de honor que fue de su instituto.

«Nada es tan grato como enaltecer en justicia a los hijos valiosos de la Patria, presidir las abnegaciones de la virtud, las obras del talento, los arrojos del valor y todos los frutos excelsos de una raza.

Que si la autoridad no fuera tutela de esas noblezas espirituales, seria cosa bien menguada y, en verdad, nada atrayente.» Considero que estas palabras conservan toda su vigencia para los ingenieros españoles.

He dicho.

Una vez concluido el discurso del Príncipe de España, Don Juan Carlos y Doña Sofía, presidente del Gobierno, autoridades nacionales, rector y claustro se retiraron a un salón anejo al aula magna, para recibir el saludo de los invitados que pasaron a dar la mano al nuevo doctor «honoris causa».

Desde la Escuela de Ingenieros Sus Altezas Reales y el presidente del Gobierno se dirigieron al Gobierno Civil, dónde almorzaron en privado, dándose por terminada su estancia en Bllbao a media tarde.

LLEGADA A MADRID

Sus Altezas Reales los Príncipes de España, Don Juan Carlos y Doña Sofía, llegaron ayer tarde al aeropuerto de Barajas, procedentes de Bilbao, acompañados por el presidente del Gobierno, don Carlos Arias Navarro. El viaje fue efectuado a bordo de un avión de la Subsecretaría de Aviación Civil. (Resumen de Agencias.)

 

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