Autor: Sáez-Angulo, Julia. 
 El archivo de Estoril, a disposición de Pedro Sainz Rodríguez. 
 El "reinado en la sombra" de Don Juan de Borbón, al descubierto  :   
 La personalidad del Conde de Barcelona ha sido víctima de una campaña calumniosa en el pasado régimen. Don Juan es hoy el primer súbdito y más leal de Don Juan Carlos. 
 ABC.    10/11/1981.  Página: 23-25. Páginas: 3. Párrafos: 45. 

REPORTAJE

El archivo de Estoril, a disposición, de Pedro Sainz Rodríguez

El «reinado en la sombra» de Don Juan de Borbón, al descubierto

La personalidad del Conde de Barcelona ha sido víctima de una campaña calumniosa en el pasado régimen

Don Juan es hoy el primer súbdito y el más leal de Don Juan Carlos

He separado en mi libro cuidadosamente la lealtad de lo que puede parecer adulación

Aparte de lo documental aporto la transcripción de siete cintas de conversaciones con Don Juan

MADRID (Julia Sáez-Angulo), »Un reinado en la sombra», es el título del último libro de don Pedro Sainz Rodríguez, publicado en la colección Espejo de España, de la Editorial Planeta. El libro ha sido una revelación, de datos y hechos decisivos de nuestra historia reciente, que han sorprendido incluso a historiadores de este período, como Ricardo de la Cierva, quien ha calificado *Un reinado en la sombra como "testimonio sin precio” y "conjunto documental definitivo". Pedro Sainz Rodríguez ka sido uno de los consejeros más antiguos y continuados de Don Juan de Borbón, y su libro recoge el resultado de siete conversaciones grabadas en siete cintas magnetofónicas, entre Don Juan y su consejero, por lo que el libro tiene el valor de un doble testimonio, aparte de una primera base documental decisiva, del archivo de Estoril. La correspondencia, privada entre franco y Don Juan de Borbón queda claramente reseñada en "Un reinado en la sombra", que ha querido recoger, Junto a las conversaciones, una selección de documentos importantes y decisivos.

Del libro se podría desprender una tesis: la actividad política de Don Juan tuvo una eficacia histórica definitiva, para hacer posible la llegada de una Monarquía constitucional y parlamentaria a España. La República no era así la única salida del régimen dictatorial de Franco. Europa vio en el Conde de Barcelona una firme positividad histórica de sucesión de la Monarquía constitucional. El era el depositario de la legitimidad de la Corona y la actuación de Don Juan, ocultada por la censura o desvirtuada por la propaganda del régimen anterior, iba a tener la trascendencia de un reinado, de ahí el título del libro. Aunque su protagonista, Don Juan de Borbón, sea hijo de Rey y padre de Rey, sin haberlo sido el mismo, su tarea de eficiencia y eficacia política e histórica para la Corona, merece la calificación de reinado.

Sainz Rodríguez tiene actualmente ochenta y cuatro años, es miembro de las Academias de la Lengua y la Historia y cuenta con una vialidad envidiable. Entre sus libros destacar «Don Bartolomé José Gallardo y la crítica literaria de su tiempo», «Introducción a la historia de la literatura mística en España», «Epistolario de Valora y Menéndez Pelayo» y "Testimonios y recuerdos», de carácter autobiográfico, que publicó en 1978. Es un conversador nato, con la gran cualidad de hacer su erudición siempre amena.

FIEL AL MANIFIESTO DE LAUSANNE —En este «reinado en la sombra» de Don Juan, ¿qué cabria destacar más: su faceta política, diplomática o histórica?

—No se pueden separar esas facetas. Don Juan había concebido una política, que fundamentalmente está en el Manifiesto de Lausanne y a la que ha sido fiel, pero todas las negociaciones y transacciones no las ha hecho personalmente Don Juan, han sido negociaciones de grupos políticos de distintas procedencias que se han entendido entre sí Don Juan no ha pactado una bandera política; por eso la gente que ha pactado con él, es que ha ido con Don Juan, no Don Juan con la gente. Por eso muchos no acaban de entender cómo el tradicionalismo se ha incorporado. Don Juan nunca modificó su política, porque nunca descendió a hacer un programa concreto, sino a tornar unas posiciones políticas generales: él quiere ser el Rey de todos los españoles; la Monarquía no puede vincularse a ningún partido o a ninguna clase social; es una entidad nacional Por eso los que aceptaban a Don Juan aceptaban esas premisas generales, pero quedaban con las manos libres para sostener puntos de vista concretos sobre estructura del Estado, sobre el sistema parlamentario o cosas concretas «de facto-, sobre las que no tenía Don Juan que prever ni promulgar. En cuanto a su diplomacia, la ha tenido y muy hábil para tantísima gente de tanta procedencia política que se ha acercado a él. Don Juan ha mantenido siempre su idea central y ha sabido conversar con otro punto de vista, sin romper y dejando siempre la puerta abierta a una adhesión.

MAS UNA TÁCTICA QUE UNA POLÍTICA

— ¿Se podría decir que el antagonismo de la figura de Don Juan ha sido Franco?

—Ha sido el antagonista "de facto», porque Franco ocupaba el sitio que debía tener Don Juan, es decir, la jefatura del Estado español. Y como Franco no quería decirle una arbitrariedad «estoy aquí porque si o por la fuerza», ha tenido que construirse su teoría, lo mismo que lo hacía para el pueblo español y elaboraba una especie de doctrina que era un conglomerado de ideas políticas de la oposición durante la República. Franco tenía más una táctica que una política, para perdurar y para gobernar. Gobernaba de buena fe, No creo que Franco quisiese que el pueblo español lo pasase mal. Todo lo contrario, el tenía su orgullo en ver que iba a hacer crecer y engrandecer a España. Tenía un patriotismo primario, un poco elemental, pero muy fuerte. Una vez que estaba en el Poder pensaba en el bien del país y en decir las cosas necesarias para continuar en el Poder. Y bajo su mandato, no sé si bajo su inspiración, han ocurrido cosas buenas y beneficiosas para España, pero Franco nunca había previsto que una falta de política a la larga vista podía conducir a situaciones, en que todos esos beneficios se viniesen abajo, por un gran fracaso final.

— ¿Podría sintetizarme los datos nuevos y reveladores de este libro?

—En primer tugar, la verdad de lo que pasó en las entrevistas entre Don Juan y Franco; las negociaciones con las izquierdas, cuyos términos concretos nadie sabía. Aquí mucha gente piensa que después de la entrevista del «Azor», Franco estuvo en ruptura, y se escribió así en los periódicos, pero bajo cuerda seguían las negociaciones. El estaba ya archiconvencido de que la República no podía ya volver a España, precisamente por la política de Don Juan. El día en que Don Juan lanzó el manifiesto de Lausanne, dejó de ser una posibilidad la sucesión de Franco por la República y eso, los primeros que lo vieron fueron los republicanos. Lo vio Araquistain, lo vio Giralt, probablemente lo vio Negrín y lo vieron todos. Creían ellos, con buena fe, que Don Juan tenía más posibilidades de actuar contra Franco, visto que las potencias no echaban a Franco, pero ignoraban que justamente una de las fuerzas políticas y sociales, que estando decididamente con Don Juan podían haber obligado a Franco a retirarse, estaban en gran parte entregadas a Franco. Había el tipo de monárquico que era monárquico-franquista o franquista-monárquico pero que no quería por nada del mundo que Franco se fuese prematuramente.

LA EXTRAORDINARIA MEMORIA DE DON JUAN

— ¿Hasta qué punto Don Juan es coautor de este libro? ¿Quién tenía más urgencias en decir o contar lo que se recoge en «Un reinado en la sombra»?

—Cuando escribí mi «Testimonio y recuerdos», mucha gente echaba de menos el relato de la acción política que se había realizado en Estoril. Yo aludí vagamente a algunos puntos, cuando era inevitable y, por eso, decían que hacia falta un segundo lomo o la segunda parte de las Memorias y ya he dicho siempre, que no era la segunda parte de las Memorias, sino que lo que quedaba libre para la historiografía contemporánea, era la historia del reinado de Don Juan y, como Don Juan no reinó realmente nunca, por eso digo que es un reinado jurídico teórico en la sombra. Esos treinta años de reinado estaban sin historiar y ese reinado ha tenido su eficacia. Es un reinado que ha pasado a la sombra porque la censura española ha impedido que los españoles se enteran de él y, la reserva obligada de muchas de las acciones de ese reinado han hecho, que no se pudieran divulgar ni siquiera entre minorías. Son una laguna que yo tenía obligación de hacer; primero, por no defraudar a ese publico que después de leer mi libro esperaba una segunda parte, y, segundo, porque si no lo hacía yo es muy difícil que lo pudiera hacer nadie, porque yo era el que conocía todo lo que había pasado, porque yo era un personaje, que por no ser jefe político de ningún sector podía ser un historiador imparcial. Los libros de Rodó y de Gil Robles son interesantes, peto son libros escritos por personas que tienen un compromiso político y, por tanto, están escritos desde ese compromiso. Yo no tengo compromiso alguno, porque nunca he pertenecido a ningún partido. No he sido más que católico, monárquico y pedro-sainzista. Pedro Sainz Rodríguez es el único jefe político que he tenido.

Luego, cuando yo te propuse esta idea a Don Juan, él que es un amante de la verdad, le pareció bien. Además hay otra cosa: Don Juan sabe muy bien que incluso su vida privada, su personalidad en todos sus aspectos, ha sido víctima de una campaña de calumnias durante el mandato de Franco, por tanto él también ha sentido la necesidad, no la del historiador, sino la de reivindicar su verdad y por eso ha cooperado en este libro enormemente, primero, poniendo a mi disposición todo el archivo de Estoril, que he podido manejar, seleccionar, fotocopiar, etcétera. Ha puesto a mi disposición todas las cartas cruzadas con Franco y documentos importantes... Hay muchas cosas que habíamos elaborado o vivido juntos y él me ayudó a puntualizarlas con su memoria excelente, porque Don Juan, como es proverbial en los Borbones, tiene una extraordinaria memoria. Por eso pensé yo, que un complemento natural de este libro deberían ser una especie de conversaciones o interviús entre Don Juan y yo, sobre los temas relacionados con el libro. Muchas cosas que están dichas en el libro con la frialdad del documento, en la conversación cobran un calor de humanidad y con unos detalles superiores. Hay muchas cosas que, en el calor de la conversación, han surgido en el recuerdo de Don Juan, y que ahí quedan relatadas de primera mano. Cosas por las que yo sentía curiosidad en matices, como puntualizar qué le han parecido a él los grandes personajes políticos, cómo han sido sus conversaciones con los Papas, cómo habló con Franco en cada momento, en fin, cosas humanas y personales, que no podrían ponerse en un libro de historia y que, en las conversaciones son un complemento que añaden un enorme valor al libro, porque puntualizan lo que se dice en él, porque da calor humano a lo que pasó y, porque añaden una nube de detalles, sensaciones e impresiones, que sólo el personaje que las vivió puede comentarlas.

QUEDAN MUCHOS DOCUMENTOS EN LOS ARCHIVOS DE ESTORIL

— ¿Usted cree que todavía hay más cosas que decir por parte de Don Juan? ¿Que le ha quedado algo en la recámara? ¿O más documentos que ver, aparte de los recogidos en el libro?

—Documentos hay muchos. Este libro estuvo redactado en un tamaño mayor y, por motivos comerciales, la editorial me dijo que era conveniente reducir su tamaño, por eso podé el libro de cosas menos importantes y adjetivas y lo reduje en una tercera o cuarta parte. Pero no he quitado nada trascendental.

En la recámara de Don Juan no queda nada, pero en los archivos de Estoril quedan muchos documentos que aprovecharán los historiadores futuros. Espero —en parte ya está hecho— que el archivo de Estoril se microfilme y que pase a la Casa Real, como está el archivo de Palacio con los documentos de los demás reinados. Allí irá a parar, supongo, esa documentación, que con la guía que es mi libro, podrá ser explorada por los historiadores. Yo tengo muchas fotocopias de documentos que he utilizado para mi libro y otros que no. Cuando yo me muera, mi biblioteca, archivos científicos, ficheros y archivos personales pasarán a la Fundación Universitaria. Allí tendrán los historiadores más de quince cajas de documentación utilizada para este libro, pero la mayoría no ha sido publicada, puesto que mi libro es sólo una selección.

UNA GRAN VOCACIÓN DE MARINO Y UN GRAN AMOR A ESPAÑA

—Usted he hecho un retrato amplio y hermoso de Don Juan en su libro. Me gustaría que para esta entrevista me hiciera un retrato sintetizado de Don Juan como hombre y como padre del Rey.

—Pues mire usted, Don Juan es un hombre que ha tenido siempre La idea de servicio; que ha sacrificado su vocación y su vida por un servicio político que justamente, creo, que no le interesaba ni como oficio ni como responsabilidad. Ya digo en mi libro lo que pienso —y él nunca me lo ha negado— que si hubiese existido su hermano más pequeño, si no hubiese muerto el que le sucedía puede que le hubiese dicho a Alfonso XIII: «Renuncio como mis hermanos mayores y que pasen los derechos a mi hermano pequeño.»

Creo que es probable que lo hubiera hecho. El tenía la vocación de marino y quería tener su vida particular, pero sentía un gran amor a España, un gran respeto a su padre y un gran sentido del deber de la Dinastía. Comprendió que no podía renunciar, si no tenía quien le supliese. Y aceptó. Y este es el primer gran sacrificio que ha hecho Don Juan por España: renunciar a una imagen de vida que ya tenía trazada. Y luego lo ha cumplido con sus virtudes personales. Don Juan es un señor que es inaccesible al rencor; es lo que se llama un caballero por naturaleza, no por educación. Y tiene unas ideas amplias, una gran humanidad... Y Don Juan que no es un beato, como dicen en la montaña «meapilas», tiene una sensibilidad profundamente religiosa y esa profundidad religiosa hace que las almas buenas se rijan por el amor y la caridad. Yo he visto ayudar a Don Juan a misa, y ese hombre, que no tiene esa beatería externa a la que acabo de aludir, ayuda a misa, con verdadera comprensión y con fervor.

— ¿Pero no se descubre en algunos momentos de Don Juan cierta melancolía, amargura, frustración o dolor por su renuncia histórica?

—Puede que Don Juan tenga motivos, no diré de amargura o melancolía, pero sí de pensar que estos sacrificios de la vida que ha llevado y todas sus intenciones se han tergiversado sistemáticamente. Esto es evidente que a todo el mundo le amarga y ese, es uno de los motivos de que él haya visto con complacencia, que yo me lance a hacer este libro. Y tiene un motivo, que él no lo dice, pero yo sí lo digo. De todo esto que ahora se va a enterar España, creo que convendría que de algún modo, quedase constancia histórica de que España lo ha agradecido, por lo menos la España que nace de esa acción política que él inició.

—Pero, ¿Cómo podría España reconocer a Don Juan sus servicios históricos?

—Eso ya no lo sé. Es un tema vidrioso y personal y yo no me quiero meter en él, porque incluso no lo sé bien. Pero, en fin, unas veces se echa al vacío... Por ejemplo, él mismo, en el discurso que ha pronunciado ahora en la Universidad de Alcalá, ha dicho que la Ciudad Universitaria, la Complutense, probablemente no existiría sin la iniciativa del padre, y dice en su discurso: «Francamente echo de menos algo que perpetué ese recuerdo que se merece el fundador.» Pues yo calculo, que si eso lo siente por la obra universitaria de su padre, también lo sentirá por la obra política suya.

DON JUAN, EL PRIMER SUBDITO Y EL MÁS LEAL

— ¿Qué cualidades ha heredado nuestro Rey de su padre?

—Mire usted, yo siempre he separado cuidadosamente la lealtad de lo que puede parecer adulación. Y justamente a la gente que está en el Poder es a la que se le dicen cosas más gratas. Claro, que yo a Don Juanito le puedo elogiar con las manos limpias, porque le conozco desde que nació y le he visto crecer.

En mis «Memorias» cuento rasgos suyos de mi convivencia con él, cuando era niño. Tampoco puedo hablar imparcialmente sobre Don Juanito, porque le quiero como persona. Comprenderá usted, que un niño que ha salido conmigo, que hemos recorrido Portugal juntos, que hemos jugado al ping-pong y a otros juegos, que he tenido con él una convivencia casi familiar, no puedo hacer elogios que sean imparciales. Es como si me pidiese usted que elogiase a un hermano o a un hijo mío. Sólo en privado puedo decir de Don Juanito todo lo bueno que pienso de él, pero nunca con aire publicitario como en una interviú, que parece una forma más o menos adulatoria a un Rey que está en el Trono.

—Entiendo. Volvamos a Don Juan. Por sus conversaciones con él, ¿podría decir si Don Juan es un conversador ameno?

—Sí, porque ha vivido tanto, conoce tantos territorios y gente que hablando con él, y hablando con él resulta que conoce personalmente a Gadafi, que estuvo con él y tiene una idea clarísima de Gadafi. Y si se habla del sultán de Marruecos, pues resulta que también le conoce, porque ha estado y hablando con él y lo mismo con Giscard D´Estaing, con quien ha almorzado y han hablado mucho. En cualquier conversación sobre temas internacionales, aparece que Don Juan tiene una cosa que decir de primera mano, que es algo que no tenemos todos. La experiencia vital de Don Juan es algo extraordinario. Esto, como es un hecho, no es una adulación. Es un hombre que conoce casi todo el globo terráqueo, menos Australia, creo; conoce centenares de personas; ha vivido en las más diversas sociedades... toda esta experiencia vital en un hombre interesante y además comunicativo, le da a su conversación un atractivo «sui generis».

— ¿Cómo ha asumido Don Juan el papel de hijo del Rey y padre de Rey?

—Lo asume como la mayor elegancia y lealtad. Es evidente que no hay paso que dé, que no piense en ayudar a su hijo, en beneficio de su hijo y que no piense en hacer nada sin que a su hijo le parezca bien y sin que sea útil para él. Cuando ahora ha presidido la apertura de la Universidad, ha ido en representación de su hijo. Don Juan es hoy el primer súbdito, el más leal y el más eficaz de Don Juan Carlos. Don Juan es incapaz de doblez.

—Usted no se atrevería a hablar de los defectos de Don Juan...

— ¡Hombre!, los defectos nacen de sus virtudes. Por ejemplo, yo me atrevo a decir que sí que tiene algún defecto, por ejemplo, quizá el ser demasiado confiado. Como no cree que la gente pueda ser mala, pues él se confía a personas que a veces le han salido ranas. El es muy sagaz, pero al final le puede su bondad.

— ¿Ha sentido Don Juan algunas traiciones o, si la palabra es muy fuerte, algunas deslealtades dolorosas?

—No ha habido traidores personales, pero ha habido una traición general, incluso de clases. Muchos aristócratas eran más franquistas que monárquicos; muchos españoles eran más germanófilos que monárquicos. Eso no lo llamaré traición, pero si falta de adhesión.

UNA SORPRESA: LA EXPEDICIÓN DE DON JUAN POR ITALIA

— ¿Cuántos años hace que conoce a Don Juan?

—Conocí a Don Juan cuando era un muchachito que iba a 9a Magdalena y visitaba la casa de la marquesa de Pelayo, que tenia en Valdecilla. Yo recuerdo a Don Juan cuando era un chico, con los bolsillos abultados llenos de peras que acababan de coger él y su hermano en unos árboles. Esa es la primera imagen que tengo de Don Juan. El, la primera imagen que tiene de mí, según me contó un día, es que cuando yo iba a ver a Alfonso XIII, en tiempos de Primo de Rivera, como yo era la oposición de Primo de Rivera no por monarquismo, sino porque veía que la política de la dictadura estaba equivocada en muchas cosas, y esas cosas eran las que yo combatía. Por eso yo fui miembro de la Asamblea Consultiva nombrado por Alfonso XIII. no por Primo de Rivera. Entonces iba yo con alguna frecuencia a Palacio y en lugar de pedir audiencia e ir públicamente, para que los periodistas diesen cuenta, yo iba reservadamente, generalmente acompañando al profesor de los Príncipes, que era don Antonio Ballesteros, historiador, catedrático, académico de la Historia y muy amigo mío. El iba a dar su clase a los Príncipes y yo me quedaba con don Alfonso hablando de política. Los Príncipes, chicos, tenían una gran curiosidad por saber quién era aquel muchacho gordo que visitaba a su padre, digamos que a escondidas.

Don Juan recuerda que la primera vez que me vio fue, en una de esas entrevistas con su padre, mirando a través de una cortina.

—De todo lo que habló con Don Juan en las conversaciones para su libro, ¿qué fue lo que más le sorprendió?

—No hubo muchas cosas que me sorprendieran, pues yo llevaba treinta años a su lado y he sido testigo de casi toda su vida política-, y cuando no he estado presente me lo ha comunicado. Cuando estaba en Lausanne, yo estaba al corriente de lo que hacía, aunque no estuviese con él. Pero ha habido algunas cosas que no sabía como, por ejemplo, me enteré en estas conversaciones de una expedición que hizo él a Italia, junto con su cuñado el conde Marone, para aprovisionar a los partidarios, a los partisanos que estaban en Italia en lucha con los alemanes. Ahí me ha contado cómo ocurrió un gravísimo peligro para su vida, cosa que yo no sabía. También me enteré, y creo que conmigo muchos españoles, del hábito que reina en la Casa de Borbón, de que hay una placa que el Rey entrega al Príncipe de Asturias y que cuando deja de ser Príncipe se la entrega a su sucesor. Y en el caso de Don Juanito, del Rey Don Juan Carlos, cuando fue nombrado Príncipe de España, Don Juan le retiró la placa porque no era Príncipe de Asturias, cosa que yo ignoraba.

LA RENUNCIA DE ALFONSO XIII, EL MOMENTO DE MAYOR EMOCIÓN

— ¿Qué fue lo que más le emocionó a Don Juan mientras lo contaba en esas conversaciones?

—Eran conversaciones muy familiares, pero sí hubo cosas que le emocionaban de su padre Alfonso XIII, como el telegrama que recibió en el barco en el que le comunicaba la renuncia y que recaía en él la Corona... Fueron momentos en que se emocionó mucho. O la escena cuando Don Alfonso leyó a Don Juan el documento de su renuncia y manifiesto a los españoles, y cuando Alfonso XIII le dijo a su hijo: «Tú comprenderás que después de esto no me queda ya más que morir.» Esto emocionó mucho a Don Juan, como es natural. Yo estaba tan seguro de que Don Alfonso no renunciaría hasta que no viera próxima la muerte, que me acuerdo cuando el propio Don Alfonso me mandó una persona —recuerdo muy bien que yo estaba en el cuarto de baño de mi casa afeitándome y entró un criado a decirme; «Don Pedro ahí está un enviado del conde de los Andes, que le quiere dar a usted un documento», y le dio una copia para que lo conociese—, un secretario que también venía de Italia, y le pregunté: «Pero, ¿es que el Rey está enfermo? ¿Es que se siente morir?». «No, está bien está sano», me dijo. Pero yo tenía la conciencia bien segura de que Alfonso XIII hacía eso porque ya se sentía morir.

— ¿Ha sido usted realmente el principal consejero en la sombra de este reinado en la sombra?

—No he sido el principal. He sido uno. Don Juan tiene el suficiente olfato para saber que entre el grupo de consejeros unos pueden ser útiles para una cosa y otros para otra. Supongo que Don Juan jamás me haría una consulta sobre un tema de caza o de deportes... Pero ya no como consejero oficial, sino como amigo, estoy harto de recibir consultas de él, sobre lecturas de libros para distintos temas o sucesos. Don Juan sabe muy bien lo que puede esperar de cada uno. Lo que pasa es que la gente, por ser yo el que ha estado más tiempo, piensa que soy el principal. Lo que podrían decir es que he sido el más continuo. Don Juan ha hecho cosas contra mi consejo, la diferencia está en que la mayoría de los monárquicos cuando el Rey hace una cosa contra su consejo se irritan contra el Rey y, además, hacen pública la discrepancia y critican lo que ha hecho el Rey. Yo he acatado cuando Don Juan ha hecho algo distinto a mi consejo y jamás ha sabido nadie que yo haya discrepado. El silencio sobre mi discrepancia hace pensar a la gente que yo he sido un consejero siempre obedecido.

PREPARO MI DISCURSO DE INGRESO EN LA ACADEMIA DE LA HISTORIA

—Parece que usted pasa con facilidad de un libro sobre la mística española a un libro como éste...

—Este libro entra más dentro de mi profesión porque, al fin y al cabo, es un libro de Historia. Soy, fundamentalmente, un historiador de la cultura, de la literatura, conocedor de la Historia política de la España contemporánea, historiador de la literatura espiritual; pero también de la política, y, en este caso, los documentos eran tan míos, tan exclusivamente de utilización mía, que era un deber mío hacer este libro y, muy difícil, que lo pudiera hacer otro, y manejar el material que yo he manejado.

— ¿En qué trabaja usted ahora? ¿Cuál será su próximo libro?

—Preparo los cuatro restantes tomos de mi «Antología de la literatura espiritual española»; un prólogo a una antología del Siglo de Oro; mi discurso de ingreso en la Academia de la Historia, que se titulará, o que se titula, porque ya está medio hecho, «Las interpretaciones de la Historia de España» y si Dios me da tiempo y vida, y humor, preparo algunas reimpresiones de algunos libros míos, que unos son casi desconocidos o están agotados, sin manera de encontrarlos. Por ejemplo, mi libro sobre don Bartolomé José Gallardo, que fue mi tesis doctoral. Lo voy a reimprimir con modificaciones y con título diferente, llamándole «Un doceañista erudito. Vida y milagros de don Bartolomé José Gallardo» y la reimpresión con la bibliografía puesta al día, de mi «Introducción a la Historia de la literatura mística en España», que fue el libro que obtuvo el Premio Nacional de Literatura, precisamente, a la vez que Azaña obtuvo el mismo premio por otro libro sobre Don Juan Valera.

Al final de la entrevista le vuelvo a preguntar por el tema del reconocimiento de España a Don Juan y simplemente me puntualiza que «sustancialmente lo que un español, de tipo progresista, liberal y demócrata, no debe dejar de agradecer a Don Juan es su acción frente a la dictadura de Franco, que ha sido uno de los factores que han hecho posible la Monarquía Constitucional, que actualmente tenemos, con todos sus defectos legales y doctrinales».

A B C INTERNACIONAL

REPORTAJE

10 NOVIEMBRE 1981

 

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