Autor: Salas y Guirior, José. 
 En favor de Don Juan Carlos. 
 Confirmada la cesión de los derechos dinásticos del Conde de Barcelona     
 
 ABC.    10/05/1977.  Página: 1. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

EN FAVOR DE DON JUAN CARLOS

CONFIRMADA LA CESIÓN DE LOS DERECHOS DINÁSTICOS DEL CONDE DE BARCELONA

LISBOA, 9. (De nuestro corresponsal.) Los rumores que venían teniendo lugar en los medios cercanos a «Villa Giralda» durante los últimos días parecen confirmarse. Según dichos rumores, el Jefe de la Casa Real Española estaba dispuesto a renunciar a sus derechos a la Corona de España en favor de su hijo el Rey Don Juan Carlos. Y este hecho tendría lugar antes de las elecciones. Pero, a la hora de comunicar, se habla por todas partes de que tal acontecimiento ocurrirá el próximo sábado, fecha en que Su Alteza Real el Conde de Barcelona se trasladará a Madrid.

LEGITIMIDAD HISTÓRICA. — Con la renuncia de Don Juan de Borbón se cancela una dificultad con cuyo término el Rey Don Juan Carlos pasará a ostentar la legitimidad dinástica como heredero de su augusto padre, que lo es a su vez del Monarca anterior, Don Alfonso XIII. No se trata de una abdicación, pues para que ella tuviese lugar sería preciso que el Conde de Barcelona hubiese reinado. Nos encontramos, pues, ante una cesión de derechos históricos.

No reinó Don Juan por una serie de circunstancias cuya relación y análisis excederían los límites de una simple crónica. Pero que la Historia juzgará inexorablemente. Y la Historia empieza para Don Juan la próxima semana.

Al no reinar el Conde de Barcelona tuvo éste ante sí un complicado panorama en el que encontró ocasión de ejercer un noble y muy difícil patriotismo. Un noble y difícil patriotismo con el que pudo rendir inestimables servicios a su país por saber que sólo encontrarían eco en la incomprensión sin remedio posible por la ley del silencio que se le impuso frente a las interpretaciones ajenas a que se vio sometido durante toda su vida. Una dignidad casi espectacular, un silencio verdaderamente augusto y una generosidad que jamás albergó rencores fueron su constante respuesta.

ACIERTOS. — Como todo ser humano pudo haberse equivocado en múltiples ocasiones y estar hoy pagando sus errores. Pero el humanísimo Don Juan no se equivocó. Cuando se produjo la segunda guerra mundial advirtió a los españoles acerca de la victoria aliada y de los peligros que podría llevar consigo cualquier veleidad en otros terrenos. Acertó. Cuando se tocaron las consecuencias de la guerra española hizo ver la necesidad de una reconciliación sobre bases humanas. Acertó. Cuando planteó su pensamiento sobre una Monarquía para todos los españoles sin distinción dejó esbozada una solución para los problemas de entonces. Acertó. Cuando previo lo que ocurriría tras la muerte de Franco acertó también. Sin embargo, siempre se dijo que lo dicho había sido inoportuno. Y nadie pudo explicar aquella oportunidad que saltaba a los ojos.

EL EXILIADO MAS ANTIGUO. —Como consecuencia se ha dado el caso peregrino de que así como todo el mundo paga sus errores, en el caso del hijo de Don Alfonso XIII, éste haya tenido que pagar por sus aciertos. Y así, quien parecía llamado por ley natural a ser Rey de España vino a ser el exiliado más antiguo de nuestro país, siendo posible que sea uno de los últimos en volver a vivir en la tierra que tan entrañablemente amó siempre. Y ello bajo el peso de una leyenda negra que le adjudicó en todo momento las peores y más injustas etiquetas. Porque permiso para atacarle siempre lo hubo. Para defenderle, no.

En esas condiciones hubiera sido casi milagroso que tuviera popularidad aquel a quien se imputaba dicha carencia como justificante de su apartamiento. En esas circunstancias fue como se estableció el silencio egregio, la soberana dignidad de que antes hablábamos.

Su último acto de generosidad va a llevarlo a cabo ahora. Tanto el Rey Don Juan Carlos como el Conde de Barcelona hablaron siempre de que la renuncia tendría lugar cuando el interés de España así lo reclamase. Y va a ser ahora. Cuando el Rey reciba de sus manos el legado multisecular de la legitimidad histórica recibirá también cuanto puede ser válido en el momento transformador en que España vive: la herencia espiritual de Don Juan de Borbón, que fue el primero en preconizar el triunfo en el tránsito hacia nuevas fórmulas de convivencia bajo la Corona Real. Los principios de Don Juan pasan, en olor de actualidad, a las manos de Su Majestad Don Juan Carlos I. El heredero de Alfonso XIII es también el heredero del Conde de Barcelona.

RECUERDOS SIN RENCOR. — Cuando Don Juan de Borbón haga su renuncia formal en favor de su hijo tendrá muchos recuerdos bajo sus ojos. En ninguno de ellos habrá rencor para nadie, pues ésa es una palabra que no existe en su humano y particular diccionario. Cuando el Rey le conteste ante el ministro de Justicia, como notario mayor del Reino, también recordará cuanto le fue inculcado con un desvelo y ese difícil patriotismo de que hablábamos.

Sólo nos queda confirmar la fecha de que tanto se habla. A ese respecto «Villa Giralda» se muestra impenetrable. La Secretaría del Conde de Barcelona, que no se encuentra allí en estos momentos, difunde una nota que dice textualmente: «Ante las noticias que circulan en la Prensa sobre la posibilidad de una renuncia de los derechos históricos del Conde de Barcelona en favor de su hijo. Su Majestad el Rey Don Juan Carlos, esta Secretaría confirma que efectivamente, tal hecho se proyecta llevar a efecto en fecha próxima en el Palacio de la Zarzuela.»

Si los rumores a que me he referido son ciertos, ya sabemos cuál es la fecha exacta. Si no lo fuera diferirá muy poco de ella, según se deduce de la nota que acabamos de transcribir. Faltan muy pocos días en todo caso. Y lo que cuentan son los hechos. Unos hechos de los que hablará largamente la Historia. Pero que en tiempo presente nos inclina a todos ante la figura de Don Juan Carlos. Quien tanta sensibilidad muestra en los asuntos de Estado no será indiferente al homenaje de quienes sirvieron con lealtad y afecto a quien pudo ser Rey y no lo fue por amor a su Patria. —José SALAS Y GUIRIOR.

 

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