En defensa     
 
 ABC.    21/11/1959.  Página: 49. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

EN DEFENSA

Hace unas semanas que ha aparecido en las librerías un caótico e increíble volumen en el que su autor, un autodidacta poco familiarizado con la crítica histórica, hace una larga, serie de graves afirmaciones, de las que puede ser símbolo ésta: "La Monarquía proyectada, la del pretendiente don Juan, ha pactado con toda la anti-España indígena y extranjera." Para el autor, la anti-España son nada menos que el marxismo, el anarquismo, la masonería y sus instrumentos; esto es, intelectuales, aristócratas, banqueros, burgueses democristianos, clero separatista, militares inquietos, organizaciones proletarias, etc., etc. Una acusación de este calibre exige que se la rechace de plano y con la máxima energía, ya que no por otras razones, al menos en defensa del derecho que las instituciones y las personas tienen al propio honor.

Para fundamentar su curiosa tesis, el autor se apoya en algún que otro irresponsable e irrelevante documento, en dos nauseabundos artículos de Indalecio Prieto, que cita "in extenso" y en los testimonios de im pintoresco libro de Memorias, impreso en eL extranjero va para diez años y prácticamente desconocido en nuestro país. Excepcionalmente se aduce algún texto serio, pero, en este caso, merced a inhábiles malabarismos ´interpretativos, queda enteramente desfigurado.

La materia prima fundamental procede de la obra titulada "Para qué" (Buenos Aires, 1951), de autor español, a quien en el libro que comentamos se le toma como principal testigo de cargo, después de haberle calificado de tartarinesco, infantil, mentalmente cerrado a cal y canto, tonto, ingenuo congénito y otras imputaciones de este jaez.

Después de tal planteamiento no se comprende cómo cabe luego apoyar una tesis en el testimonio de un hombre a qvien se estima tan poco, y en un libro de cuya intrascendencia estaba, sin duda, convencido quien lo escribió, al presentarlo como Memorias de su perro "Tarín". Pero en la triste obra que nos ocupa, las citas de ese libro son objeto de tantas manipulaciones, recortes, glosas e inducciones caprichosas, que resultan un puro dislate. Es lástima que, a pesar de las invitaciones que el autor reiteradamente le dirige, el aludido no pueda, salir de su tumba a replicar. Hubiera podido responder si su contradictor no hubiese esperado casi una década para refutarle. En esto es consecuente consigo mismo, porque gusta mucho de citar testigxis muertos para apoyar sus declaraciones más sensacionales, como las de las páginas 27 y 138.

Pero lo más grave no es la preagónica endeblez de los testimonios aducidos; es la sorprendente técnica exegética del autor. Cuando las frases son tan calumniosas como la de que "Don Juan de Borbón es mason", nuestro autor las pone en boca de personajes imaginarios o entre interrogantes y siempre al cabo de docenas de páginas insinuantes y resbaladizas. Y, finalmente, para cubrirse ante el juez de guardia, escribe: "En nuestra opinión, don Juan no es masón." Entonces, ¿para qué tantos capítulos de referencias gratuitas y deleznables? ¿Acaso para llevar al ánimo del lector una tesis que el propio autor no se atreve a sostener? En los momentos capitales del libro las inducciones son tan caprichosas, que producen asombro. Para probar, per ejemplo, la existencia de una alianza monárquico-soviética se resalta que en el manifiesto del Conde de Barcelona de marzo de 1945 se dice "reconciliar a todos los españoles", y que en el informe del partido comunista de septiembre de 1958, trece años después, se habla de "reconciliación nacional". Con este indignante procedimiento, habitual en este libro, se podría sugerir el criptocomunismo de casi todos los autores recogidos en la colección Rivadenéyra, incluida Santa Teresa de Jesús.

Finalmente, y por si no estuviesen harto probados el sectarismo y la pasión que por todas sus páginas rezuma el libro, bastaría resaltar la indelicadeza y el mal gusto con que se agravia a una dama; dama egregia que no sólo merece rendidamente el respeto y la admiración de los españoles por sus virtudes acrisoladas y alteza de miras, sino también por el hecho imborrable de haber compartido con la máxima dignidad el Trono de España durante un cuarto de siglo y porque tantas veces fue visitada por el dolor, serenamente afrontado y tantas veces supo inclinarse, con abnegación, al sacrificio.

No vale la pena descender a más detalles. Las conclusiones principales del libro no tienen el menor fundamento serio, y al someterlas a la más ligera crítica resultan hilarantes casi tanto como el agarbanzado aliño literario del autor, que, por cierto, escribe reiteradamente "Premio Novel, en vez de Nobel, acaso porque cree que dicha distinción se otorga a escritores noveles. Pero estas menudencias caen bajo la competencia de ía enseñanza primaria. Lo que deben saber quienes leen libros es que estamos ante una obra que es un modelo fie dudoso estilo y un eximio ejemplo de cómo no se puede escribir la historia por muy pequeña, que sea.

 

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