Lección de patriotismo     
 
 Arriba.    15/05/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LECCIÓN DE PATRIOTISMO

LA Monarquía española, personificada en el Rey Don Juan Carlos, ha recibido ayer su legitimidad histórica. Ha sido muy importante el acto íntimo que ayer se celebró en el Palacio de la Zarzuela. Ha sido, además de un hecho que también debe figurar en las páginas de la historia, el grandioso testimonio de una forma de entender el servicio a España, de demostrar el patriotismo, por encima de cualquier otra consideración, de hacer palpable Un amor a España que don Juan de Borbón sintió siempre, aunque no siempre —como él mismo dijo— haya podido llegar a conocimiento de los españoles. Y, al margen de la crónica periodística del testimonio de una renuncia, ha de quedar la certeza de que ayer, ante muy pocos testigos físicos, pero con la garantía de un acta notarial, ha quedado más consolidada, más robustecida, la Monarquía que está haciendo posible la reconciliación de los españoles.

EN La Zarzuela, en efecto, se dieron un abrazo dos símbolos: el de la legitimidad histórica, que encama el Conde de Barcelona, y el de la legitimidad de consenso, que día a día se ganó el Rey Don Juan Carlos. El Conde de Barcelona significa la continuidad de una Institución que atravesó momentos difíciles, pero que fue artífice de la unidad de España y protagonista de sus capítulos más gloriosos. Su hijo, el Rey, personifica un talante nuevo, el reflejo de una generación nueva, y recibe a diario la adhesión de un pueblo que ve precisamente en la Corona la garantía de sus derechos y el árbitro capaz de garantizar una convivencia estable. Ambas realidades queden ahora unificadas en la persona de Don Juan Carlos, y si hay mucho de sacrificio y de desinterés en el gesto del Conde de Barcelona, hemos de suponer que ha de servir para dos fines: primero, para cerrar el capítulo de consolidación de la Monarquía después de su reinstauración y, segundo, para que no quede ni un solo aspecto discutible en la cúspide del Estado español.

AL margen de estas consideraciones, que nos parecen tan importantes como elementales, nos agredó ver refrendado el espíritu con que Don Juan Carlos comenzó su reinado: «El Rey tiene que serlo de todos los españoles», dijo don Juan, y Su Majestad Don Juan Carlos añadió: «Respetaré la voluntad popular.» Es cuanto le podemos pedir, como ciudadanos, a la Corona en estos momentos apasionantes de nuestra realidad nacional. Reinar sin exclusiones es la fórmula aplicable cuando todavía quedan sobre la piel de este sufrido país factores que, de una forma tácita o visible, se oponen a la reconciliación que el Gobierno de la Corona quiere hacer posible. Respetar la voluntad popular es el gran indicio de estabilidad cuando el país se dispone, por primera vez en ocho lustros, a otorgar con su voto representatividad a quien conecte con sus intereses.

ACABAIS de pronunciar —respondió Don Juan Carlos a su padre— importantes palabras. Las recibo, las oigo « las medito.» Creemos que en el breve discurso que pronunció don Juan de Borbón todos los españoles tenemos también argumentos para la meditación; para saber comprender que, por encima de las atribuciones y derechos particulares, está el servicio a una comunidad de 36 millones de habitantes; que sólo la comprensión de este principio es capaz de consolidar nuestra convivencia. En definitiva, los españoles acabamos de asistir a la demostración de un ejemplo de patriotismo y voluntad de servicio que puede y debe obligarnos a todos en la comprensión de los deberes históricos actuales para una nación que busca penosamente una paz duradera.

Viñeta: Por la democracia los demás no (Navas).

 

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