Autor: Apostua, Luis. 
   El sello dinástico     
 
 Ya.    15/05/1977.  Página: 12. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

SEMANA ESPAÑOLA

EL SELLO DINÁSTICO

Don Juan de Borbón, un ejemplo de fidelidad a sus convicciones

Estas han acabado por imponerse en el concepto de una Monarquía superadora de la guerra civil

No resultó el concepto de Monarquía insertada en el aparato franquista

Como si una misteriosa y profunda cronología rigiese los acontecimientos españoles, podemos presenciar la forma metódica con que la arquitectura política y constitucional del generalísimo Franco está sometida a revisión. La causa primera de ello reside, a mi entender, en que no hay poder personal que sobreviva a su protagonista. En contra de ciertos eslóganes de moda en otro tiempo—como el de "después de Franco, las instituciones"—, la realidad se impone, porque el desaparecido jefe del Estado creó una clase política y un sindicato de intereses, pero no creó instituciones arraigadas.

Su problema principal sobrevino cuando pretendió implantar en su propio sistema otras instituciones, como es la Monarquía. Las Monarquías, cuando pretenden ejercer su verdadero papel, son transpersonales y, por consiguiente, es muy difícil someterlas a dictados. Para el franquismo, la conducta de don Juan de Borbón, conde de Barcelona, era incomprensible, porque tenia una visión de España en la que cabían vencedores y vencidos de 1939. Esa idea de una institución que superase la guerra civil era incongruente con el sistema, basado en la marginación de media España. A la larga esta concepción de la Monarquía es la que ha salido triunfante. El conde de Barcelona cede voluntariamente sus últimos derechos dinásticos a su hijo, ya proclamado Rey con absoluta independencia de ellos, cuando ya viven en España hasta los últimos y más encarnizados adversarios del franquismo y de la Monarquía. En una palabra, se asume toda la historia de España y no sólo la de los vencedores en una guerra civil ya lejana.

En este aspecto, el conde de Barcelona no ha cambiado desde el manifiesto de Lausana, que provocó una verdadera tempestad en el régimen y que sólo fue conocido en nuestro país veinte años más tarde. "El Rey tiene que ejercer el poder arbitral por encima de los partidos políticos y clases sociales sin distinciones" es una frase del discurso de ayer, virtual calco de los conceptos del famoso documento de 1947.

Aunque don Juan Carlos no necesitase de esta cesión de derechos, por cuanto su accesión al Trono y su aceptación mundial son hechos preexistentes a esta renuncia, no cabe duda que le refuerza el manto de la legitimidad dinástica por cuanto le entronca con don Alfonso XIII, último rey efectivo según la Constitución de 1876. Los muchos hombres que han servido abnegadamente la causa del rey exiliado, en Estoril estarán hoy contentos de ver unidas la legitimidad dinástica y el hecho monárquico en la persona del nieto de don Alfonso XIII.

Para los no monárquicos españoles, la fecha es también importante. Estos no monárquicos, también muy numerosos, encontraron atención y audiencia en Estoril cuando todas las puertas de Madrid se cerraban para ellos. La propaganda del régimen empleó contra ellos, frecuentemente, la palabra contubernio. La palabra era injusta y equívoca. Ni el conde de Barcelona pretendía que la carretera de Estoril fuese un camino de Damasco de los veteranos republicanos ni éstos pretendían hacer del hijo del rey destronado un Felipe Igualdad. Cada uno jugaba su papel con bastante claridad y especialmente la Corona era bien explícita en sus pedimentos: un régimen democrático donde tuviesen cabida todos los ciudadanos.

Hoy esa renuncia del conde de Barcelona, refusada al generalísimo Franco a lo largo de décadas, ha sido graciosamente otorgada a su hilo en una prueba de que el hecho monárquico como derivación última del anterior régimen sale de un propio origen para adquirir propia sustantividad. En una palabra: la adjetivación "Monarquía del 18 de julio" es ya una expresión sin sentido. Como decía el gran Machado, no está el mañana ni el ayer escrito.

Luís APOSTUA

 

< Volver