Autor: Iglesias Selgas, Carlos. 
   La abdicación del Conde de Barcelona     
 
 Pueblo.    16/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

LA ABDICACIÓN DEL CONDE DE BARCELONA

Por Carlos IGLESIAS SELGAS

La renuncia a sus derechos dinásticos por el conde de Barcelona hace confluir en el Rey Don Juan Carlos I tres legitimidades que pueden ser puestas a prueba próximamente, cuando las nuevas Cortes elaboren la nueva Constitución, que desearíamos fuera de la Monarquía española. Cabe pensar que entre las razones por las que Don Juan ha elegido esta oportunidad para su cesión de derechos haya contado la de reforzar la Monarquía en «I que puede ser su momento más difícil.

^ La discusión d« la forma de Gobierno de las Constituyentes hubiera podido soslayarse si en la ley de Reforma Política se hubiera consignado que las nuevas Cortes asumirían, entre otros cometidos, el de elaborar la Constitución de la Monarquía española. Es en este sentido en el que formulamos unas sugerencias que, nos consta, también fueron defendidas en otra versión, por el profesor Jesús Fueyo. El Gobierno, por razones que ignoramos —pero que cabe atribuir a compromisos con la oposición—, no aceptó la sugerencia; el hecho fue tanto más sensible cuanto que una declaración expresa de este tenor no hubiera tenido la menor repercusión en los resultados del referéndum, pero, en cambio, hubiera podido evitar problemas en las próximas Cortes.

Es conocido que Don Juan Carlos I ha sido

Rey por expreso designio del general Franco y por el voto mayoritario de una Cortes orgánicas. Esta consagración legal le proporcionó la oportunidad de acceder al Trono, lo que difícilmente hubiera ocurrido en otras circunstancias.

Justo es reconocer que, una vez accedido, desde éste se ha esforzado por completar su legitimidad legal con la legitimidad democrática, única reconocida válida en nuestro mundo. Creemos que ha estado acertado cuando, en breve plazo de tiempo, ha favorecido desde su Alta Magistratura el restablecimiento de las libertades suspendidas y el sufragio universal, ha liquidado la guerra civil y ha promovido la reconciliación de los españoles. La Monarquía se está mostrando como una vía idónea para instaurar un Régimen de libertades auténticas y desarrollar la legitimidad democrática, siguiendo el esquema inventado por los ingleses, y aplicado poco después por las Monarquías del norte de Europa.

La más importante contribución de la Monarquía ha sido la liquidación d« la guerra civil. Por todo un conjunto de circunstancias, el clima postbélico se prolongó cerca de cuarenta años, hasta el momento de la Restauración. Sólo han pasada unos meses, y ya las diferencias entre los españoles tienen más que ver con el inmediato presente que con el lejano pasado. La consecución ha sido tanto mayor cuanto que, durante muchos años, las espadas se mantuvieron alzadas, y mientras unos fueron objeto de trato desigual, otros pudieron temer, y de hecho temieron, por la represalia revanchista. Enterrar el hacha de guerra ha sido el mejor servicio que ha prestado a España el Rey Juan Carlos.

Lo que es evidente es que, en el período constituyente, podía ponerse en tela de juicio la figura del Rey en razón a que la única legitimidad de que disfrutaba procedía del franquismo o había sido ratificada democráticamente y por referéndum en periodo franquista, lo que, por otra parte, era natural, dados los supuestos de hecho de la vida española durante los últimos cuarenta años.

En cuanto a la legitimidad dinástica, a que se circunscribe la renuncia, aunque tiene un valor relativo en la sociedad moderna, no deja de tener su trascendencia, de lo que constituye prueba el hecho de que Estados modernos de significación claramente democrática, la admiten en el norte de Europa. Es cierto que los derechos dinásticos son, en sí, una supervivencia de una sociedad en la que las magistraturas públicas se transmitían por herencia, con lo que, por tanto, era natural que se transmitiera también la Corona. En la sociedad actual, en que se discute la transmisión por herencia de la titularidad de los bienes de producción, estos derechos dinásticos no resultan fácilmente asimilables por la filosofía social.

El conde de Barcelona ha dado alias prueba» de patriotismo, cuando ha reforzado con estos derechos residuales la situación jurídico-política creada por el general Franco, y que ha permitido la Restauración de la Monarquía en la persona de Juan Carlos I. Con ello ha confirmado una trayectoria que ha podido tener hechos discutibles y discutidos, pero que, en todo caso, se ha inspirado en el mejor servicio a España. Desde su perspectiva de Estoril, pudo apreciar mejor que otros españoles los peligro» que se cernieron, en más de una ocasión, sobre nuestra patria, y trató de conjurarlos, Aun los actos que pudieron ser más discutidos constituyeron alternativas válidas para el pueblo español, en coyunturas de máxima emergencia. En los momentos en que los hechos se produjeron, no fueron adecuadamente comprendidos.

La renuncia de sus derechos dinásticos por el Conde de Barcelona refuerza indudablemente a Don Juan conde de Barcelona refuerza consolidar la Monarquía. Al subrayar la altura dé miras y el patriotismo de quien, durante muchos años, ha ostentado la jefatura de la Casa Real española, hay que esperar que los acontecimientos justifiquen los sacrificios que ha supuesto esta renuncia. También cabe presumir que se reconozca un «status» en consonancia con su prolongada situación de Pretendiente y con el hecho de que, durante muchos años, y aun ahora, ha tenido que cargar con la tarea más difícil.

La misión histórica de la Monarquía de Don Juan Carlos I ha de completar la legitimidad conjugando la dinástica —que ahora le ha sido confirmada por el conde de Barcelona— y la legal —esta última, heredada del franquismo—, con la legitimidad democrática, única que justifica auténticamente a los poderes públicos en una sociedad moderna.

 

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