Envidia     
 
 ABC.    09/06/1959.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

ENVIDIA

Estamos en la buena época para el turismo. ¡Cuánto extranjero! Llenan nuestros hoteles, aficionados a las terrazas callejeras hacen el mayor gasto de sillas y veladores, se asocian a nuestras diversiones, se entusiasman con nuestras corridas de toros, nos admira encontrarlos en restaurantes recónditos o tabernas típicas, cuya dirección aprendieron de guías expcrtos y "gourmets". Si viajamos por la Península nos sorprenderá el sabio instinto de los turistas que les permite descubrir en sitios alejados dé las rutas conocidas paisajes famosos, rincones de mucho sosiego, mesones o residencias de cocina acreditada, en el Sur y en Levante, en Galicia y en la Costa Brava, en Asturias o en Extremadura. Allí están también ellos, los extranjeros, nuestros amigos, felices de compartir nuestro bienestar y nuestra paz.

Disfrutan de plena libertad, nadie les molesta, gozan de la cortesía y amistad del español, nunca xenófobo, sino todo lo contrario, afanoso por atender al forastero y hacerle grata su estancia en España.

Así lo reconocen y lo proclaman todos.

Pero siendo tan grande !a muchedumbre de huéspedes, no pueden faltar las excepciones: los disidentes que, a la vista del espectáculo apacible y optimista de nuestras ciudades y aldeas, sufren accesos de ictericia. Porque esta sensación de contento no se circunscribe a una zona o unas calles, sino que se hace patente en las más apartadas barriadas, en cualquier taberna donde uuos hombres, con una dignidad que para sí la quisieran muchos asiduos a bares elegantes cosmopolitas, ponen fin a la jornada de trabajo, en la mesa o ante el mostrador, en animado diálogo, ante unos vasetes de vino. Al contemplar, decimos, los que tienen preconcebida aversión a nuestras cosas el espectáculo risueño y gozoso que les rodea, se ensombrecen sus cerebros y sienten ganado su espíritu por ese desasosiego del emponzoñado por la envidia.

E! espectáculo les resulta insufrible. No puede ser, no admiten que pueda ser. ¿Con qué derecho un pueblo sin oro, sin petróleo, de moneda débil, deficitario de primeras materias, puede permitirse el lujo de no ir cubierto de harapos y adoptar ese aspecto de satisfecho y regocijado? ¿No es excesiva osadía que sé atreva a mantener constante rostro risueño y aire de fiesta? ¿No resulta también intolerable que construya coches, motores, locomotoras, televisores, radios, lavadoras, máquinas de calcular y de precisión? ¿Qué deja entonces para los pueblos preponderantes de industria omnipotente, soberanos por su riqueza?

Cuando ha recapacitado sobre estos y otros temas, el hipocondríaco y macilento abandona el gran hotel, el club, las calles atrafagadas, con su comercio fulgurante y espectacular, y se lanza, en busca dé estercoleros, para fotografiarlos, y de gentes derrotadas y míseras, que nunca faltan en ninguna ciudad del orbe, a quienes entrevistar, para poder decir desde su periódico cómo, pese a todas las apariencias, España es un pueblo andrajoso, hambriento, analfabeto.

Esta inquina contra. España en ciertos sectores internacionales no es de hoy, sino de siempre. Esos accesos de envidia son congénitos en algunos sanedrines, que al correr de les años se relevan, persitiendo invariables sus estatutos. Alquilan, folicularios de plumas purulentas, fotógrafos especializados ea escenas sarnosas, y contratar, los espacios que algunas publicaciones reservan para publicidad injuriosa.

Siempre ha sido así. La política, puede ser la rampa ocasional para el lanzamiento del cohete, pero el blanco es el mismo: España. Con monarquia y con república, con Primo de Rivera o con Franco, en paz y en guerra. Se nos combate por lo que hacemos y per lo que no hacemos. Por cultivar con aracío o con tractor. Porque carecemos do hierro o por haber creado la siderúrgica de Aviles. Por nú tener iniciativa o por exceso de imaginación. Si vestirnos o si vamos desnudos. Por ser un pueblo agrícola o por querer industrializarnos. Porque nos gustan los toros o porque vamos al fútbol. Porque construimos demasiado o porque vivimos en chabolas. Por tener desamparada a la gente o por edificar sanatorios y hospitales para trabajadores...

Los envidiosos, estipendiados para la difamación, encuentran siempre motivos para su desahogo. Y claro es que los formados en esa escuela de la calumnia y de la envidia no se circunscriben a España; acometen a lo que se les pone delante.

Tenemos a la vista un caso bien concreto que lo demuestra. El "New York Herald Tribune" del 2 de junio publica una, información de su corresponsal en Moscú, la Unión Soviética ha celebrada el Día de la Infancia. La "Pravda" dedica cuatro páginas a conmemorar la fecha, y las encabeza con la fotografía de una familia minera de Kentucky (Estados Unidos) desharrapada y mugrienta junto a una desvencijada choza de madera. Según la "Pravda", dicha familia simboliza el estado de miseria en que viven en Occidente, la explotación de los niños por el capitalismo. El diario soviético dice que la fotografía es la imagen exacta de la vida de Pintados Unidos y del mundo libre. "Pravda" se aprovecha de una fotografía", comenta el "Herald Tribune".

Aprovechamientos de este genero se dan también en otros países. Y la Prensa de los Estados Unidos no píreas tirar la primera piedra. Se lo diremos si "Newsweek", por citar uno entre tantos aprovechados que por allí pululan.

 

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