Don Juan Carlos, en Aquisgrán. Durante la solemne ceremonia de entrega del premio Carlomagno. 
 El Rey reafirma la vocación y la voluntad europeas de España  :   
 "Hemos estado presentes en todas las emrpesas de Europa y nos proponemos seguir estándolo". 
 ABC.    21/05/1982.  Página: 33-34. Páginas: 2. Párrafos: 35. 

VIERNES 21-5-82

NACIONAL

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Don Juan Carlos, en Aquisgrán

Durante la solemne ceremonia de entrega del premio Carlomagno

El Rey reafirma la vocación y la voluntad europeas de España

Por encima de sus diferencias y sus crisis, Europa vivió ayer una jornada de exaltación de sus valores y posibilidades de futuro durante la entrega del premio Carlomagno, concedido por la ciudad de Aquisgrán al Rey Juan Carlos. Todos los discursos girarían en torno a los viejos ideales de unidad, poder moral y capacidad para encontrar un lugar destacado en el mundo, empezando por el del propio Soberano español, quien manifestó sentirse especialmente orgulloso, en esta fecha, de ser un Rey europeo y un Rey de España que tanto ha contribuido históricamente en la construcción de esa Europa, en la que el pueblo español desea verse plenamente incorporado para futuras tareas comunes.

La necesidad de la integración española en la Europa comunitaria fue destacada también por cada una de las personalidades que intervinieron en los actos, aunque reconocieron que las realidades económicas dificulten su puesta en marcha. Las ceremonias de Aquisgrán, primero en la Catedral y luego en el Ayuntamiento, estuvieron presididas por una brillantez a la que contribuyó la presencia de figuras como la del presidente de la RFA, Carstens; el canciller Schmidt, el ex presidente alemán Scheel, la ex presidenta del Parlamento Europeo, Veil; el secretario general de la OTAN, Luns; el jefe del Gobierno belga, Tindemans; el presidente de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, Areilza; el presidente del Gobierno español, Calvo-Sotelo; así como varios miembros de la Familia Real española, ministros, militares, diplomáticos y personalidades de la vida cultural, además de las personalidades que integran la Comisión que concede el premio, presidida por el alcalde de Malangre. Don Juan Carlos tuvo ocasión de constatar a lo largo de su estancia en Aquisgrán el respeto que despierta en medios europeos su labor durante estos años de la transición española y, sobre todo, su actitud durante los difíciles momentos que vivió el país el pasado año.

«Hemos estado presentes en todas las empresas de Europa y nos proponemos seguir estándolo»

«Gran honor es para mí, un Rey europeo, recibir el premio Carlomagno, instituido en recuerdo del primer Soberano qué soñó con ser Emperador de Europa.

Egregias personalidades me han precedido: Alcide de Gasperi, Jean Monnet, Konrad Adenauer, Winston Churchill, Robert Schumann, entre muchos, han sido honrados y, a su vez, honran a este premio Carlomagno.

Todos ellos supieron dedicar lo mejor de su voluntad y lo más fecundo de su pensamiento a la obra común de la creación de una Europa unida.

Europa nace como real dad histórica a consecuencia de uno de los hechos más trascendentes de la Edad Medía: la división de la cuenca mediterránea, origen de la cultura antigua, por las invasiones islámicas del siglo VIl y comienzos del VIII.

El Mediterráneo deja de ser el Mare Nostrum: va a ser e! mar de tos cristianos y el mar de los musulmanes. La orilla cristiana queda aislada de lo que había sido el África helenizada, romanizada, cristianizada de los Ptolomeos o de Filón o de San Agustín. Y, como su «hinterland», surge Europa.

Esa Europa incipiente, naciente, va a ser a un tiempo románica y germánica. La Romania fragmentada por las invasiones se va articulando con una Germania que se va incorporando a una historia común.

El gran sueño político es, durante siglos, la restauración del Imperio romano, con un explícito elemento germánico y, por supuesto, cristiano: el Sacro Imperio Romano Germánico. Pero en realidad, lo que se está creando es otra cosa: Europa.

El año 800, por obra del gran Carlos, empieza a germinar aquí, en esta ilustre ciudad, esa comunidad europea, tantas veces escindida y en lucha, siempre renacida.

Para mí, como Rey de España, tiene singular emoción el ser honrado en Aquisgrán, en el lugar en que fue coronado Emperador, en 1520, mi antepasado y mi antecesor en la Corona de Espada, Carlos I, a quien por esa dignidad se conoció después como Carlos V. Al dar las más profundas gracias por el honor que me habéis hecho al designarme para recibir este premio que lleva el nombre de tan remoto fundador de Europa, permitidme asociar a él el de mi lejano abuelo, artífice también de la construcción de esta gran comunidad de pueblos, que contribuyó de modo tan extraordinario a la proyección y dilatación de Europa más allá de los océanos. a la creación histórica y política del Occidente. El nombre de aquel otro Carlos en cuyo reinado e! hombre tomó posesión física de la redondez del Planeta, cuando EIcano lo circunnavegó por primera vez en la Historia.

LOS MONARCAS EUROPEOS

Los países de Europa han nacido como partes de un conjunto más importante que cada uno de ellos, sobre un suelo nutricio del que han derivado lo común de su sustancia.

Por debajo de la fragmentación, de los intereses particulares, las rivalidades y la lucha por el Poder, los elementos europeos han actuado como un factor de unidad y convergencia: la herencia cristiana; el recuerdo de Roma, con su unidad, su lengua universal, convertida en vehículo de la cultura, y la liturgia, el Derecho Romano y el sentido de la autoridad más allá de la fuerza; los impulsos de libertad individual y lealtad personal, aportación germánica a la Edad Media.

Desde esos principios, Europa ha dialogado durante siglos, a veces en paz, otras en combate, con el Islam, y ha llevado dentro de sí no sólo la tradición judaica del cristianismo, sino la presencia de un fermento judío estimulante, unas veces aceptado como enriquecedor y otras rechazado.

Y a esa Europa latinizada se ha ido integrando la otra, griega y bizantina, incorporada principalmente por los pueblos eslavos, que tantas veces se ha segregado del resto, por cismas teológicos o políticos, pero que todo verdadero europeo considera irrenunciable.

Las Monarquías han sido a lo largo de la historia europea un factor de unidad. No sola-

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Don Juan Carlos, en Aquisgrán

«He creído que mi obligación como Rey era restablecer la unidad, la libertad y la concordia entre todos los españoles.»

mente han superado la atomización de tos minúsculos poderes, sino que han establecido relaciones personales entre los pueblos, representados por sus Reyes.

SE CONSTITUYE ESPAÑA

La nación española se fue constituyendo mediante un sistema de sucesivas incorporaciones creadoras de los Reinos, Principados o Condados medievales, en que todos los Reyes españoles habían llegado a ser de la misma familia, de manera que, desde muy pronto, no hubo relaciones de extranjería entre ellos. Y esto explica el hecho admirable, y pocas veces señalado, de que los Reinos cristianos de la España medieval combatieron entre sí incomparablemente menos que las partes de las demás naciones actuales de Europa.

La gran empresa española, la Reconquista, daba un sentido de fraternidad a los cristianos y hacía que sus energías se dirigieran casi exclusivamente en lo belicoso a la recuperación de lo que se llamó "la España pérdida".

Esto explica la Constitución de España como nación moderna en fecha tan temprana, casi medio siglo antes de la coronación de Carlos V en Aquisgrán. Cuando esto ocurre, España lleva ya una larga historia nacional y ha realizado una segunda innovación política e histórica: la superación como comunidad de pueblos, eso que ahora anda buscando la Humanidad para superar sus problemas más agudos y evitar los. mayores peligros.

La Monarquía española fue pronto la "Monarquía hispánica , integrada por diversos países en ambos Hemisferios, bajo la misma Corona: la primera realización efectiva de Occidente.

De este modo se creó una comunidad de pueblos hispánicos que perdura más allá de los vínculos políticos como unidad de lengua, de cultura, de tradiciones y costumbres.

Es lo que ha hecho del español una lengua universal, en la que conviven creadoramente trescientos millones de personas de muy diversos países y razas; una lengua en la cual tienen una patria espiritual y encuentran un milenio de literatura propia y de pasado histórico común. ¿Se entendería de otro modo que Carlos V antepusiera el ser Rey de España a toda otra dignidad, incluso a la imperial que aquí recibió?

HONOR Y RESPONSABILIDAD

Hace seis años que tengo sobre mí el honor y la responsabilidad de llevar ese mismo título de Carlos I. He sentido mi deber de fidelidad a esa tradición. He creído que mi obligación, como Rey de España era restablecer plenamente la unidad, la libertad, la concordia de todos los españoles.

En el siglo XX esto no puede hacerse más que democráticamente, y he tenido interés en impulsar el proyecto constitucional de España, que había de dar una ordenación jurídica a nuestra vida pública, y señalar mi puesto de servicio a mi Patria.

Puedo decir con satisfacción que, sin rupturas ni discordias, sin exclusiones ni venganzas, se ha establecido en brevísimo tiempo un orden de libertad, de convivencia y diálogo, de autoridad legítima, de afirmación del pluralismo, que permite avanzar en el camino de la justicia.

Hoy me siento orgulloso de ser Rey de España: el honor de ser el primer servidor de mi país me compensa de los trabajos, las preocupaciones o tos riesgos que esa magistratura lleva consigo.

España, sin comprometer una paz que estima más que ninguna otra cosa, después de haber experimentado en su carne el dolor de la discordia y de la guerra, ha superado la tentación del inmovilismo y avanza hacia grandes empresas: el desarrollo de su personalidad histórica, la conservación de sus fecundas diferencias, el incremento de la libertad, la consecución de una mayor justicia, la dilatación de una cultura que tanto ha contribuido a la formación de Europa y de todo Occidente.

España no puede hacer esto, más que como nación europea. Lo ha sido siempre, ha estado hecha de sustancia europea desde su nacimiento. Se ha dicho que los demás países europeos son europeos porque simplemente lo son, y no pueden ser otra cosa, pero que España, invadida a comienzos del siglo VIII por los musulmanes, es europea, porque, contra toda aparente razón, quiso serio y no perdió su condición latina y cristiana como otros pueblos que también la poseían. España ha estado presente en todas las empresas de Europa, y se propone seguir estándolo.

Y no olvidemos que ahora se trata de construir entre todos, más allá de la unidad, de la ya antigua unidad de Europa, su unión.

VISION ADELANTADA

En esa empresa, España.ha sido también adelantada. Dos de los más grandes espíritus de la España actual, José Ortega y Gasset y Salvador de Madariaga, «que también fue galardonado con el premio Carlomagno, han sido defensores inteligentes y entusiastas de la unión europea.

Pero hay algo más que tengo que recordar ante vosotros: España, nación radicalmente europea, no es solo europea; es, transeuropea, está proyectada, desde su mismo nacimiento como nación moderna, más allá de nuestro Continente: es una nación hispánica, uno de los miembros —ciertamente el más antiguo, el originario— de una comunidad de naciones hispánicas Independientes.

¿Disminuye eso su condición europea? Al contrario, la refuerza, porque Europa es transeuropea, ha consistido siempre en ir mas allá de sí misma, en irradiar, en verterse hacia otros pueblos. Una Europa cerrada, egoísta, desdeñosa de los demás, sería ciertamente menos europea.

Al ser fiel a su condición hispánica, al referirse constantemente a los pueblos de lengua española al otro lado del Atlántico, incluso a las comunidades que conservan esa lengua en otros Continentes, España no disminuye su europeidad, sino que la afirma y realiza creadoramente.

Así entiende hoy España, y personalmente su Rey, sus deberes históricos. Mantenimiento de la paz y la convivencia dentro del país y contribución a afianzarles en el mundo entero. Incremento de la libertad para los hombres, los grupos sociales, las comunidades autónomas y fuera de nuestras fronteras, para los diversos países que con ningún pretexto deben ser violentados, dominados o invadidos.

Si en algo contribuyo durante mi reinado a que esto sea así, al final de él creeré que he merecido el premio Carlomagno. Por habérmelo anticipado hoy, os doy otra vez rendidamente las gracias.»

 

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