La moderación de la Corona     
 
 ABC.    03/11/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

La numeración de la Corona

Consideramos del más alto interés nacional la difusión del documento que el Rey dio a conocer verbalmente a los líderes políticos el pasado 27 de octubre, día de reflexión y víspera de las elecciones generales a Cortes. El documento puede considerarse a la vez como expresión testimonial del papel que corresponde a la Corona en una Monarquía constitucional y como diagnóstico valeroso de los dos principales problemas que acosan a la convivencia en paz y a la libertad de los españoles.

No es que necesitáramos saber, porque lo sabíamos, el lugar en que se encuentra el Rey y el compromiso que tiene asumido en la defensa de las libertades. Pero conforta especialmente, en las presentes circunstancias, la pública ratificación de ambas cosas. La firmeza en la condena del terrorismo y del golpismo aparece acompañada en el documento de dos observaciones que consideramos también del mayor interés.

Por una parte, el Rey subraya inequívocamente la necesidad de oponer .al terrorismo toda la energía necesaria para desarraigar lo que constituye una plaga intolerable, mientras que, en lo que concierne al golpismo, subraya que resulta tan injusto como improcedente extender al conjunto de las Fuerzas

Armadas responsabilidades e intenciones que pertenecen sólo a una parte mínima y aislada de las mismas.

La apelación hecha por el Rey «a todos los partidos políticos, a todos los españoles» es fundamentalmente la apelación a un esfuerzo común, que con unas miras mucho más elevadas que el interés personal o el de los grupos partidistas, aspire a solucionar definitivamente estos problemas. La empresa es una tarea en la que caben, sin duda, distintos pareceres, pero que desde esa misma independencia de criterios exige, sobre todo, la colaboración y la voluntad general como condiciones para afrontar el futuro. Esta llamada a la responsabilidad de todos los españoles, sin distinción de ideologías, es quizá la parte fundamental de las palabras del Rey, al recibir a los líderes de los partidos en la víspera de lo que la voluntad mayoritaria ha querido que fuera un profundo relevo en el poder político nacional.

En una Monarquía constitucional las funciones de la Corona son estrictamente arbitrales, de respaldo al poder elegido por el pueblo. Y esto, que en principio es de una claridad meridiana, ha tenido que ser subrayado por el Rey con acentos ejemplarizadores, pues, esta es la verdad, ninguna institución como la Corona ha asumido de forma tan entera el histórico compromiso con la democracia.

El periodo abierto después de la consulta electoral transcurre, en lo que a las fuerzas políticas corresponde, de modo enteramente satisfactorio; es decir, en el general ejercicio de una se-renidad merecedora de más amplios y suficientes precedentes. La llamada del Rey a la mesura vale para más tiempo que este del periodo intermedio para la que ha sido convocada. La moderación, más que virtud reclamada por este o por aquel partido es condición esencial a la propia naturaleza y a la misma estabilidad del sistema democrático. Y es también en este caso la esencia misma de la Corona.

 

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