El museo sin mecenas     
 
 ABC.    13/12/1959.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

EL MUSEO SIN MECENAS

Y al decir Museo se sobreentiende que nos referimos al primero entre todos, al del Prado, cumbre suprema del Arte. La pluma que enjoya muchos días una página de nuestro periódico y la viste de fiesta con los primores de una prosa bruñida y perfecta, a cuyo pie centellean tres estrellas, se dolía en reciente comentario del desvío de los españoles poderosos por su riquesa hacia el Museo del Prado, el más desvalido de todos los grandes museos, aunque sea tenido por muchos cojno el primero y mejor del mundo. Una prueba de tan lamentable olvido es el limitado ejercicio en España de la noble misión del mecenazgo, a juicio de don Francisco Javier Sánchez Cantón, al observar las escasas y poca valiosas aportaciones de particulares recibidas en los últimos noventa años.

Cabría preguntarse si los Persoajes a quienes por su fortuna consideramos idóneos para el mecenismo entienden éste como una obligación primordial de los encumbradas por la fortuna, según lo definía el duque de Alba en su discurso de ingreso en la Real Academia. Porque la levadura del mecenismo, ha escrito Peres de Ayala en uno de sus artículos, modelo de aticismo y lozanía, es la"intelectualidad; o sea, la persuasión de que. la primacía de todos los valores humanos corresponde a la inteligencia. Por eso bien, pudiera suceder que llamemos desvío a lo que debiéramos designar con el nombre de ignorancia. La donación o el legado suele ser desenlace lógico de un estado espiritual previo, creado por la inteligencia: y el amor.

Todos los días llegan a nuestro Museo peregrinos del Arte, viajeros procedentes dé tientas lejanas, imantados por la irresistible influencia de los relumbrantes tesoros en aquél expuestos, y Para cuya irradiante, atracción no existen fronteras. ¿Nuestros posibles Mecenas forman acaso en aquellas peregrinaciones o en los cortejos integrados por vecinos de Madrid, con la sensibilidad necesaria para estimar el museo como elemento de felicidad, que serena y eleva los espíritus a las esferas superiores, de la belleza?

Persona adscrita a los sérvicios del Museo del Prado, preguntada, antes de nuestra guerra, sobre qyién era el Personaje español más incondicional y enamorada del Museo, respondió sin vacilar; Don Francisco Cambó. En los frecuentes viajes a Madrid ¿el..político catalán jamás de jaba de incidir en la agenda de sus jornadas, harto complejas y enmarañadas de trabajo y compromisos, una hora o unos minutos para dedicarlos al Museo. Solía ser su primera visita al salir por las ntañanas del hotel cercano a las pinturas. Dijérase que con aquella contemplación estética y gozosa ennoblecía y elevaba su espíritu sobre la humareda de los ajanes cotidianos.

Murió el señor Cambó lejos de España, como es sabido, y no se olvidó del Museo de Madrid tii del de Barcelona, como destino preferido, y propio, para su fastuosa e incomparable coleccián de cuadros.

El legado era la rúbrica adecuada, a su admiración, a su gran conocimiento artístico y el anhelado y complacido final para, sus tesoros. ¿Estamos seguros de que no sólo nuestras hombres de finanzas, sino otras muchas gentes cultas e inteligentes, incluso con inquietudes artísticas, avecindadas en Madrid, conocen el Museo del Prado? Muy bien puede ocurrir que la misma proximidad sea un inconveniente y les suceda´ aquello que le pasaba al insigne Eugenio d´Ors. Decía, éste: "Jamás he alcansado a conocer bien aquellas ciudades del mundo a donde llegué creyendo tener mucho tiempo por delante. En cambio, en ocasión de breves excursiones de turista, ocho días pueden bastar para una ciudad enteré, sus monumentos y sus curiosidades. Digo lo mismo de un museo y, acaso, de un hombre."

Así es. Resulta ion fácil la visita y está tan a la mano el Museo para cuántos viven en Madrid, que cualquier día, w bueno para visitarlo. Y se pasan los días y los años y hasta la vida sin que se presente la oportunidad. Lo demasiado fácil a veces se hace imposible.

Y acaso la ignorancia explique la ausencia de mecenas, que los apasionados del Museo lamentan con justa pena.

 

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