Autor: Mendo Baos, Carlos. 
 El Rey de España recibe el Premio Carlomagno. Don Juan Carlos es el primer monarca al que se le otorga el Premio Carlomagno. 
 El Rey recibió ayer en Aquisgrán el más importante galardón a la labor en pro de la unidad de Europa     
 
 El País.    21/05/1982.  Página: 13. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

El Rey de España recibe el Premio Carlomagno

Don Joan Carlos es el primer monarca al que se le otorga el Premio Carlomagno

£1 Rey recibió ayer en Aquisgrán el más importante galardón a la labor en pro de la unidad de Europa

CARLOS MENDO, ENVIADO ESPECIAL, Aquisgrán En el marco incomparable del Salón del Trono del Ayuntamiento de Aquisgrán, donde en 1520 fue coronado emperador Carlos I de España y V de Alemania, su descendiente directo, Juan Carlos de Borbón y Borbón recibió ayer el Premio Carlomagno, el más importante galardón europeo que premia la labor de políticos y estadistas en pro de la unidad entre las naciones del viejo continente. El Monarca español, primer rey al que se concede el premio, ha unido así su nombre al de otros europeos ilustres merecedores de tal galardón, y entre los que destacan los de Alcide de Gasperi, Jean Monnet, Konrad Adenaner, Winston Churchill y Robert Schuman.

Ni siquiera una manifestación organizada por grupos minoritarios de la extrema izquierda, que portaban pancartas en contra de la entrada de España en la Alianza Atlántica y un cartel a favor de ETA Militar, ha podido empañar la fastuosidad y solemnidad de la ceremonia. Los gritos de los manifestantes fueron acallados por los cientos de personas que llenaban la plaza Mayor de la bimilenaria ciudad de Aquisgrán, capital del imperio carolingio, y que aclamaron, agitando banderas españolas, la llegada al palacio municipal de los Reyes de España, del presidente de la República Federal, Karl Carstens, y del canciller Hemult Schmidt. Este último hizo referencia a los manifestantes durante el discurso pronuncido en honor de don Juan Carlos al manifestar que, precisamente, la discordancia era una de las virtudes de los regímenes democráticos.

La ceremonia de la entrega del Premio Carlomagno al Rey de España estuvo precedida de una misa solemne, en latín y acompañada del más puro canto gregoriano, que fue oficiada en el altar mayor de la antigua catedral de Aquisgrán por el obispo de la diócesis, monseñor Klaus Hemmerle. La catedral, que data del siglo X, sufrió sensibles daños durante la segunda guerra mundial, pero en ella se puede ver perfectamente reflejada la idea carolingia de convertir a Aquisgrán en la sucesora de Roma. Su parte central es puramente bizantina, en homenaje al imperio romano de Oriente, y su crucero representa el más puro gótico europeo de la alta edad media. Por primera vez, y en honor del Rey de España, el busto de Carlomagno, recubierto en oro, figuraba en lugar preferente en la catedral, junto al sarcófago que contiene los restos del emperador europeo.

Tras la ceremonia religiosa los Reyes se trasladaron al Ayuntamiento de la ciudad, donde fueron recibidos por el presidente Carstens, el canciller federal Schmidt y el alcalde-presidente de la ciudad, Kurt Malangré. En el estrado de honor del Salón del Trono se encontraban situados algunos de los galardonados anteriores del premio, como Josep Luns, secretario general de la OTAN; Leo Tindemans, ministro de Asuntos Exteriores de Bélgica; el ex presidente alemán Walter Schell y la ganadora del premio del pasado año y ex presidenta del Parlamento europeo, Simone Veil.

Apertura con Beethoven.

El rey Juan Carlos ocupó un lugar destacado entre sus compañeros de premio, mientras la reina Sofía, el presidente Carstens, el canciller Schmidt, el jefe del Gobierno Español, Leopoldo Calvo Sotelo, y el ministro de Asuntos Exteriores, José Pedro Pérez-Llorca, se situaban en la primera fila de la tribuna de invitados, situados a la izquierda de la presidencia. El acto comenzó con la interpretación de la obertura de Leonora, de Beethoven, interpretada por la Orquesta Sinfónica de Aquisgrán y seguida por los asistentes en medio de un silencio casi religioso.

A continuación el alcalde-presidente Malangré dio la bienvenida a las personalidades asistentes y realizó el ofrecimiento del premio al Rey de España. En su discurso, Malangré señaló que Europa sin España estaría incompleta y "seria sólo un contorno geográfico, histórico y cultural, más aún si se considera la actual situación política del viejo continente". El alcalde, después de hacer votos para que España se incorpore cuanto antes a la Comunidad, lanzó un ataque, en una referencia directa a las políticas nacionales de Francia y Gran Bretaña, contra "aquellos que marchan en solitario en perjuicio de todos y, sobre todo, en perjuicio de ellos mismos". A continuación dirigió su artillería verbal contra el Consejo de Ministros de la Comunidad, que "estaría obligado a promover los intereses comunes y que, no obstante, se ha desnaturalizado hasta convertirse en una entidad organizadora de conferencias diplomáticas de intereses nacionales enfrentados".

Malangré pidió la creación de una verdadera unidad política en Europa, y no sólo una simple comunidad económica. Después de recordar varios discursos de don Juan Carlos, en los que se hace referencia a la vocación europea de España, y citar la frase de Cervantes —"La libertad es el más preciado regalo que el cielo hizo a los hombres"—, Malangré rindió tributo a las cualiddes personales y a la contribución hecha por don Juan Carlos a la unidad europea. "Nos debe conmover", dijo dirigiéndose al Rey, "el ver entre nosotros a aquél que hizo suyo el grito a favor de la libertad sin necesidad de la presión revolucionaria y puso el poder en manos de su pueblo".

El canciller Schmidt, que habló tras el alcalde de Aquisgrán, puso de manifiesto la contribución cultural hecha por España a Europa y recordó la frase de Goethe según la cual Cervantes, junto a Sakespeare, es el autor más importante europeo. "Hoy", dijo, "honramos al monarca de la democracia, de quien yo, viejo político, me atreví a predecir, en noviembre de 1975, que sería un gran rey". "Europa", añadió, "recibió de España, entre otras cosas, el concepto y la palabra de libertad, que ya figuraba en la Constitución de Cádiz de 1812, primera entre las europeas que incluyó el término liberal".

Ante los ataques lanzados por el alcalde Malangré contra la aparente inoperancia del Consejo de Ministros de la CEE, Schmidt manifestó que Europa estaba atravesando en estos momentos el período más difícil desde la fundación del Mercado Común y recomendó "tolerancia" a los impacientes. Nosotros sabemos por nuestra historia reciente, añadió, que el camino hacia la libertad y la democracia no está exento de dificultades, para reafirmar después su fe en los valores europeos y su esperanza de que la unidad política que todos desean sea pronto un hecho.

En un momento de su discurso, y refiriéndose a la manifestación que se celebraba en el exterior del edificio, Schmidt dijo: "Yo me siento orgulloso de la libertad y, por tanto, también de esa manifestación, porque supone una expresión de la misma". En términos similares se expresó el ministro de Asuntos Exteriores de Bélgica, Leo Tindemans, al poner de manifiesto "las serias dificultades económicas que atraviesa el Mercado Común en los momentos actuales".

Por último, hizo uso de la palabra el rey Juan Carlos, recibido por una interminable ovación. En estas mismas páginas recogemos un amplio resumen del discurso real. Los Reyes, después de asistir a un almuerzo ofrecido en su honor por el Comité del Premio Carlomagno, emprendieron viaje con dirección a Hamburgo, en compañía del canciller Schmidt, para una visita privada a la ciudad hanseática, como invitados personales del jefe del Gobierno alemán.

Durante el almuerzo ofrecido en honor de los Reyes de España por el Ayuntamiento de Aquisgrán, —al que asisteron también las sesenta personas que se trasladaron a esta ciudad expresamente invitadas por los soberanos españoles— la Reina doña Sofía pronunció unas breves palabras de agradecimiento por los honores recibidos, al tiempo que recordaba los cuatro años de estancia pasados en Alemania durante su época escolar.

EL PAÍS, viernes 21 de mayo de 1982

NACIONAL

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