Autor: Armero, José Mario. 
   Un discurso que hizo época     
 
 ABC.    02/06/1981.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

OPINION

ABC/5

Un discurso que hizo época

Normalmente ios discursos son flores de un día: nacen y mueren recién dichos y recogidos en tos medios de comunicación. Son muy pocas tas palabras pronunciadas que marcan un hito en la convivencia de los pueblos; muy pocas las que merecen recordarse ai transcurrir del tiempo.

Sin embargo, hace hoy cinco años que se pronunció, muy lejos de aquí, un discurso de singularísima trascendencia. Fue en Washington, ante el Congreso de los Estados Unidos de América. Y lo pronunció Don Juan Carlos I, Rey de España. En aquellos momentos las palabras dichas fueron recogidas con una gran ovación por los representantes del pueblo americano. Pero no tuvieran el debido eco en España,

Pero recordemos el marco; 2 de junio de 1976. Franco había muerto casi ocho meses atrás y el Gobierno estaba presidido por Carlos Arias Navarro. La ambigüedad, el temor, las tensiones entre aperturistas e inmovilistas, nos hablan llevado a un punto muerto político y las incomprensiones entre el Rey y Cartas Arias Navarro presagiaban una ruptura que no acababa de llegar. Don Juan Carlos había avisado de su pensamiento e incluso de sus Intenciones, poco a poco: en unas palabras ante el Consejo del Reino, en unas declaraciones a la revista «Newsweek» y, anteriormente, influyendo en que hubiera hombres con ansia de futuro en el primer Gabinete de la Monarquía, Pero diversos y a veces fuertes embates reformistas se estrellaban contra la clase política entonces instalada y que hundía sus rafees y su vocación para el mañana, en el régimen anterior.

Por eso después de gestos que no fueron recogidos y de recomendaciones expresas, el 2 de junio del 76 el Rey aprovechó su visita oficial a Washington para decir al Congreso:

«La Monarquía española se ha comprometido desde el primer día a ser una Institución abierta en la que todos los ciudadanos tengan... participación política sin discriminación de ninguna base ni presiones de grupos sectarios o extremistas. La Corona ampara a la totalidad del pueblo... La Monarquía hará que, bajo tos principios de la Democracia, se mantengan en España la paz social y la estabilidad política, a la vez que asegure el acceso ordenado al Poder a las distintas alternativas de Gobierno según los deseos del pueblo libremente expresados.»

Esta clarísima declaración de intenciones democráticas no fue recogida por Carlos Arias Navarro ni por la ciase oficial más radicalizada. Por ello Don Juan Carlos, antes de un mes de pronunciadas estas palabras, procedía a pedir la dimisión al jefe del Gobierno.

Fue un gran discurso; de esos, precisamente, de los que hay que decir que hacen época. Porque inmediatamente después empieza la época de la transición democrática. Al año se celebran elecciones con el Partido Comunista incluido.

Mucho ha llovido desde entonces y las seguridades ofrecidas por la Corona no han vacilado, a pesar da los difíciles momentos que han transcurrido. El Rey se ha mostrado respetuoso con la Constitución que, para muchos, ha minimizado su Poder. Sin embargo, hace unos meses, con el Congreso de

los Diputados y el Gobierno cautivos, sus ideas, su temple, su autoridad, lo suplió todo. Seguía siendo el hombre del discurso de Washington. A los cinco años de entonces su mismo genio y su misma figura: palabra de honor;- palabra de Rey.—José Mario ARMERO.

 

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