Autor: Romero, Emilio (FOUCHÉ). 
   El viaje del Rey     
 
 ABC.    27/10/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 1. 

El viaje del Rey

Con admirable cuidado, con impecables formas dialécticas de advertencia, el periódico «El Pais» señala el territorio del Rey en sus relaciones personales o en sus viajes «Son visitas de Estado —dice— y no negociado nos de Gobierno» So refiere, en este caso a la visita del Rey a los Estados Unidos y a su calurosa entrevista con Rengan. Sucede que estas asignaciones políticas y constitucionales de un Jefe de Estado se encuentran luego con una realidad que hace imposible establecer fronteras temáticas Por lo pronto en las sociedades occidentales es imposible admitir un Jefe da Estado a la manera de Hiro Hito, donde su fama universal después de la segunda guerra mundial se debe a su cuidado admirable de las llores El Trono británico, aparentemente distante de la refriega política y de la gobernación del país, toma resoluciones cuando piensa que es necesario, y no son escasos los acontecimientos en los quo la Reina ha dado señalas de que la titularidad del Estado no tenía una significación orna-mental. Nuestro caso, sin embargo, es singular, y conviene hacer un poco de historia y algún recordatorio.

El Rey fue, a partir de 1976, el gran restaurador de la democracia la izquierda que regresaba, o que aparecía, ora republicana por tradición y ejercicio, y quien la abría las puertas del país era un Rey, porque digámoslo de una ver para evitar errores históricos, los políticos de entonces capitaneados por Adolfo Suárez en osa empresa eran solamente mandados. El Rey era, como dijo Areilza, «el motor del cambio» Entonces la gratitud do la izquierda se redujo, en la elaboración de la Constitución del 78, a tragarse la Corona con azúcar y a reducirla exageradamente su territorio. Pero la Historia es sorprendente, y acostumbra a voces a gastar unas bromas tremendas. El Gobierno y e! Parlamento fueron secuesliados por un audaz teniente coronel de la Guardia Civil que superó con creces a Pavía en cuanto a la operación, y si no le acompañó el éxito no fue por otra cosa que por la actitud y por la acción del Rey, cuando su territorio constitucional era tan limitado que ilustres juristas han señalado que sirvió a la democracia precisamente para salvar a la Constitución, y con ella a los políticos. Desde entonces acá, la izquierda y la derecha civilizada hacen muy bien en celebrarlo.

Pero hay todavía algo mas que es necesario decir, por pura objetividad histórica Los políticos del 77 han convertido a la democracia en frágil. El verdadero poder que la sostiene —y sin poder en la Constitución— es el Rey Por eso, si en lugar de haber hablado con Reagan, exclusivamente, del descubrimiento de América, de los vinos de Jerez, del cielo que tenemos y do la cultura que atesoramos, han salido los temas de la OTAN, de Oliente Medio y tantos otros, para clarificar donde estamos, y no servir de quintacolumnistas de nadie, no se habrá excedido, porque, entre otras cosas, una de las condiciones personales del Rey en su modo de tratar a las personas es la de proveer de satisfacciones al interlocutor, que apetece oír lo que le gusta, y entonces el Rey, generosamente le provee sin compromiso. «El País» señala que el

Rey todavía no ha ido a la Unión Soviética Un día lo hará, a no dudarlo, y ese día Breznef —si todavía viviera—, con sus enormes cejas de alarma constante y sus ideales revoluciónanos monumentalizados sería feliz.

El temor no será nunca que el Rey pudiera excederse en sus viajes, a través de conversaciones y de compromisos, sino que la fragilidad de la democracia en nuestro país pudiera ser un día más fuerte que el poder efectivo, y no constitucional, del Rey.—Emilio ROMERO.

 

< Volver