La fe y la confianza que nos eran debidas...     
 
 ABC.    22/07/1959.  Página: 36. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LA FE Y LA CONFIANZA QUE NOS ERAN DEBIDAS...

Uno, de los mayores y más positivos efectos producidos por el definitivo carribio de rumbo que acaba de operarse en la economía española a través de los importantes acontecimientos acaecidos simultáneamente en Washington, París, y Madrid es la espectacular expectación y el extraordinario interés que han producido aquéllos en todo el mundo. Dé un golpe nuestro país se ha colocado ante las candilejas de la actualidad. Y. de un golpe también el "papel" España ha subido visiblemente en ese mercado difuso e inconcreto donde se cotizan las actitudes y los prestigios, en ésa unidad monetaria, también difusa e inconcreta, que es el crédito y la confianza,, moneda a veces de muchos más quilates que la propia moneda de cambio.

Es indudable—nadie puede ponerlo ya en duda—que algo hemos hecho para merecer ese primer empréstito de fe en España y sus´destinos por parte de los demás países, sin cuyo empréstito previo no poáían esperarse los otros empréstitos contabilizados en dólares, que de forma tan. unánime, con igual unanimidad con que se produjo la admisión de España en 1a Ó. E. C. E., que anunció el propio Ellis Rees—un antiguo amigo de España, donde estuvo como consejero económico de la Embajada inglesa durante la última guerra—han sido otorgados, sin la menor vacilación, antes bien, con sincero deseo de que sirvan de prenda segura de amistad; Jior tantos organismos internacionales y por tantos Bancos privados:

Rueff y Per Jacobsson, los dos economistas que más recientements nos han visitado, precedidas ambos de una justa aureola de experimentada competencia en problernas monetarios y económicos, concedieron extraordinaria importancia á ]UE factores psicológicos en el desarrollo de toda política monetaria. Es más, creemos que fue Rueff—ahora lo ha confirmádü también Jacobsson—quien aseguró que sin ese clima favorable de confianza que representa la seguridad de que un país, se propone seriamente poner en orden y en equilibrio su economía, tiene pocas probabilidades de éxito cualquier intento Ordenádor en este sentido. Pues bien; la mejor prueba, de que los factores psicológicos han comenzado a actuar --y sólo Dios, sabe a qué extremos de eficacia pueden llegar cuando se trate de cóntabilizar, entradas de divisas—es esa unánime expectación demostrada en todo el mundo mientras se ha estado elaborando el programa de estabilización, y la también unánime v acorde importancia con que la Prensa de los principales países ha acogido la resolución definitiva. Para que sea cpmpleta. no podrá faltar d reactivo, que no hará más que destacar con mayor fuerza las líneas vigorosas de nuestra reforma económica y financiera, de los eternos enemigos de España, cuyos ladridos serán la mejor prueba de que hemos acertado a cabalgar.

Fe y confianza recíproca de España en Europa y de Europa en España, que se añade a la fe y confianza recíprocas entre España y Norteamérica, esta última hace más tiempo experimentada y vigente. El presidente tle la Delegación española en la O. E. C. E., Sr. Núñez Iglesias, cerró su discurso con esta feliz alusión, que resume, de manera rnuchó más expresiva que cualquiera otra, la verdadera esencia de estos acontecimientos interhacionales en los que España ha sido, acaso por vez primera en su Historia, el

menté, más que los 418 millones de do-Inres con que se ha rubricado la confianza que tantos países y tantas organizaciones internacionales tienen en nuestro destino futuro, vale esa misma confianza y esa misma fe, que durante tantos años nos fue negada y que ahora, porque era justo, se nos devuelve con amplios intereses de demora.

 

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