Autor: Hermida, Matilde. 
   Los Reyes recogen la esperanza y la ilusión de los pueblos     
 
 ABC.    07/03/1980.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Los Reyes recogen la esperanza y la ilusión de los pueblos

Albacete, 6. (De nuestro enviado especial.) Este segundo día de los Reyes en tierras murcianas y albaceteñas ha sido bástente duro. Divertido, si atendemos a la forma que ha cobrado la recepción de Don Juan Carlos y Doña Solía en muchos de los pueblos visitados. Menos alegre si se considera el fondo áspero del olvido, las dificultades y el aislamiento material de que se quejaban, con timidez y cierta desesperanza, en muchos de ellos.

la jornada oficial empezó, sobre las nueve, en Muía, muy próximo a Murcia. Fue un derroche colorista, el mayor de todo el viaje.

Todo estaba allí: la banda, inasequible al agotamiento; un cabo de la Policía Municipal, poseído de su deber y con bigotes increíbles, tropecientos niños y gente en los tejados o hacendó guardia desde hacía mil horas.

En cuanto a las pancartas y a las peticiones, una muy clara: un buen colegio «con todo lo adecuado». Es curioso cómo la mayor parte de las peticiones de escuelas (ha, habida muchas) van dirigidas casi siempre a la Reina. Aunque las palabras oficiales del alcalde sean para el Rey.

Cehegín fue otro punto. Más reposado, más «rico» —por las conservas—, pero necesitado también de un fuerte empujón. No hubo banda, sino rondalla. Hace años ya recibieron a los entonces Príncipes. Sin saberlo, el Rey les rompió el esquema cuando, espontáneamente, se dirigió a saludar a unos niños muy graciosos con sus flores y sus vestidos tradicionales. Según la atribulada maestra de ceremonias, «estaban para el final».

Salto a Caravaca de la Cruz, un buen pueblo, con la plaza resplandeciente, gracias a las gualdrapas bordadas con todo lujo, y que se lucen en las fiestas de mayo.

El alcalde solicitó el interés de] Rey para sus proyectos de desarrollo, sobre todo para el posible renacimiento de la artesanía local, que se vería impulsada si existiese una buena Escuela de Artes y Oficios.

De Caravaca el salto fue, en helicóptero, a Cartagena. Aquí hubo mucho mas calor humano del oficialmente previsto. Y también machas pancartas v banderas locales

con un, indudable objetivo: insistir en el tema de la provincialización. El alcalde, señor Escudero, en su discurso, hizo mención explícita del tema, además de solicitar medios pata luchar contra la grave contaminación que sufre la ciudad, provocada en buena parte por empresas paraestatales. El Rey, cauto, eludió en sus palabras y en sus vivas finales el primer tema. Pero contestó con verdadero afecto al de los cartageneros, que le recuerdan de otras visitas.

Al término del almuerzo ofrecido en la Casa Consistorial, nuevamente por aire se llegó, ya en Albacete, a Yeste, un pequeño pueblo serrano azotado por la emigración y las promesas empolvadas.

Hubo un cierto patetismo en las palabras del alcalde, que dijo comprender «las dificultades de la economía española» y no quería resultar gravoso al solicitar la terminación de cincuenta kilómetros de carretera y las indemnizaciones prometidas a cambio de un embalse v olvidadas sistemáticamente desde el año 29.

La verdad es que al Rey le toca un papel un poco difícil: recoger la esperanza y la ilusión de una gente confiada, y que sus peticiones luego se duerman en los despachos o que desaparezca atropellado por cuestiones «más urgentes».

Y de Yeste, a Hellín, pueblo grande, que espera un impulso que le devuelva la fuerza que tuvo en otra época y que no ha decrecido precisamente por la vagancia del pueblo, sino por los eternos males de escasa infraestructura y poca inversión en esta tierra.

Ahora los Reyes están en Albacete. Un desfile, tambores y aclamaciones populares recuerdan la parte más brillante de esta jornada, en la que, además, ha hecho muy buen tiempo. Mañana se verá qué dicen los pueblos que nos quedan en el resto de la ruta programada.—Matilde HERMIDA.

 

< Volver