Autor: Osorio García, Alfonso. 
 Cinco años de Juan Carlos I. 
 Semblanza de un Rey     
 
 Ya.    22/11/1980.  Página: 30. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Semblanza de un Rey

a ARA un monárquico de convicción y corazón es siempre difícil hacer la semblanza de un rey. Juegan demasiado ka condicionamientos del respeta y de la lealtad para que U pluma sea fluida. En nuestro caso, sin embargo, hacer la semblanza de don Juan Carlos I es más fácil, porque el respeto y la lealtad no necesitan ser utilizados como coartadas para justificar la evasiva hábil o el silencio deferente.

Cuando Joaquín Bardavio publicó su libro «El duerna» señalaba que el que tuvo que resolver don Juan Carlos al asumir la Corona fue elegir entró ser un pequeño caudillo o un gran Rey, y que optó, sin vacilar, por intentar ser lo segundo.

Ser un gran Rey significa ser y dedicarse a ser el símbolo de la unidad de la Patria, la garantía de su continuidad, la imagen de su presencia en el mundo; ser un gran Rey supone ser y pretender serlo por igual de todos los pueblos de España y de todos los españoles sin excepción, de los que eran monárquicos antes, de los que los son ahora y de los que lo serán después, de los de la derecha y de los de la izquierda, de los humildes y de los poderosos; ser un gran Rey quiere decir ser y pretender ser el guardián supremo de la ley, su primer ejecutor y servidor y el primer defensor e impulsor de la justicia; ser un. gran Rey lleva consigo encontrarse siempre dispuesto a estar en lugar del peligro, de la dificultad o del dolor; ser un gran Rey requiere no sustituir a ka políticos en su acción, aunque les aliente o les advierta; ser un gran Rey, en fin, entraña aplicar la prudencia y la templanza a las actitudes y a las decisiones, filtrar con ellas las ambiciones, las intrigas y los cabildeos.

Cualquiera que no tenga telarañas en los ojos o mal ánimo en el corazón tiene que reconocer que a todas esas cosas, en todas esas cosas, se ha empeñado el Rey en estos cinco años con seriedad y discreción.

Vivimos tiempos difíciles. En un mundo inquieto y atormentado, con la crisis energética atenazando a las naciones desarrolladas, con el paro empobreciendo los hogares, con el terrorismo alterando la paz, con el diseño del Estado envuelto en la indefinición, problemas cuya resolución es misión y responsabilidad de los gobiernos, la presencia de un Rey que apuesta por la convivencia es un bien necesario que a toda costa hay que conservar, porque, al fin y a la postre, la Historia nos enseña que los pueblos comprenden cómo los gobiernos pasan, pero los reyes prudentes permanecen. Los reyes como nuestro Rey.

Alfonso Osorio

 

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