Un Rey demócrata     
 
 Diario 16.    05/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Un Rey demócrata

El cumpleaños del Rey —que hoy llega a los cuarenta— coincide con un evidente agigantamiento de su figura política y del papel que está jugando en el proceso de consolidación de la democracia. Durante los meses del agitado 1977 se han erosionado muchos prestigios personales e institucionales, algunos ídolos han comprobado lo tornadizo de la fortuna política y otros muchos han ido dejándose la piel a tiras en el fragor de las batallas. El Rey, por el contrario, ha logrado ampliar su capital político porque con su actuación prudente y ponderada ha convencido a propios y extraños de su carácter de clave de bóveda de la complicada operación de la transición.

No deja de ser sorprendente que en este país donde apenas si hay monárquicos se haya llegado a un acuerdo, que casi todos comparten, respecto a la función estabilizadora y democratizadora del Rey. Hasta el comentado voto particular del PSOE sobre los artículos del proyecto de Constitución relativos a la forma de gobierno, tiene sobre todo, el carácter de homenaje a una larga tradición y de concesión a los sectores más radicalizados de su base. El propio Alfonso Guerra ha precisado la postura de su partido: "Las posibilidades de la monarquía están en ella misma."

Más allá de nuestras fronteras es a Juan Carlos a quien principalmente se atribuyen los éxitos políticos de los últimos meses como muestra que dos revistas tan notables como "Le Point" y "L´Express" le hayan considerado "hombre del año". La imagen exterior de España, que tanto ha mejorado en el último año, se debe en buena medida al prestigio del Rey.

Hasta el momento, Juan Carlos ha sabido desmentir la opinión de Karl Loewenstein, que en su libro sobre "la monarquía en el Estado moderno" dudaba de las posibilidades de consolidación de las monarquías restauradas. Con su comportamiento, Juan Carlos está demostrando que monarquía y democracia no son necesariamente incompatibles y que el secular recelo de los demócratas españoles frente al trono merece ser sometido a revisión.

Cualquier observador imparcial tiene que concluir que la monarquía de Juan Carlos no sólo no ha sido un obstáculo para la difícil andadura democrática, sino que, de hecho, está siendo la condición indispensable para avanzar por ese camino. Como acaba de decir d profesor Tierno Galván: "Sólo el Rey evita que determinadas fuerzas arrasen la democracia incipiente."

En el umbral de la cuarentena, que marca la llegada a la madurez, esta constatación debe ser bien grata para quien ha sido calificado por "L´Express" como "símbolo de la paz civil y hombre del diálogo y del pacto democrático".

 

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