Autor: Cortés-Cavanillas, Julián (ARGOS). 
   Trono, cetro y corona     
 
 Informaciones.    14/08/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

TRONO, CETRO Y CORONA

Por Julián CORTES-CAVANILLAS

CUANDO a poco de nacer el siglo XX el famoso almanaque «Bailly-Bailliere» publicó numerosos grabados con tronos, cetros y coronas de las principales naciones monárquicas de Europa —que eran tantas entonces— se consideró necesario explicar qué representaban aquellos símbolos del poder supremo encarnado en la realeza. Y hoy mismo no está de más hacer conocer la significación del trono, el cetro y la corona. Evidentemente, por su sonoridad rotunda no hay palabra que exprese mejor la idea de la majestad que el trono; no obstante, en realidad, no sea otra cosa que un sillón o asiento, más o menos decorado y más o menos realzado, bajo las sedas historiadas de un gran dosel.

Y si es cierto que cualquiera, de la condición social que fuere, puede pasearse a pie, en coche o a caballo, en cambio únicamente los reyes pueden sentarse en el trono. En cuanto al cetro, ¿de dónde arranca la idea de ver en este atributo, que suele engarzar esmaltes y piedras preciosas, el emblema del mando? Sobre esta cuestión hay dos versiones. Según una, el miedo a la paliza, que es el comienzo de la obediencia, porque el que tiene un palo o un bastón en la mano manda en jefe, llámese rey, genera], mayoral o director de orquesta. La otra versión es que la palabra cetro significa bastón, y el bastón es para apoyarse. Como los primitivos jefes fueron los ancianos, que son los que caminan ¡sobre tres pies, es decir, con ayuda de un bastón, quiere decirse que el símbolo de un jefe es tener un cetro en la mano.

En orden a la forma del cetro y a sus adornos, ha cambiado mucho desde los países y los tiempos. El cetro de los Emperadores de Oriente y después el de los de Constantinopla estaba coronado con un águila, y es un águila de una o dos cabezas la que adorna los cetros de Prusia, Rusia y el napoleónico de Francia. En cuanto a la corona real, fue en un principio sencilla diadema de oro que ceñia la frente. Más tarde se hizo pesada, cubriéndose de parias y piedras preciosas, aunque conservando su forma anular. Al comienzo de la Edad Media los nobles, comenzaron también a usar diademas, más o menos adornadas, según su categoría, y entonces fue cuando los reyes adoptaron, como atributo máximo de la dignidad real, la corona cerrada y terminada, en los reinos cristianos, con una cruz, y en los orientales mahometanos, con la media luna. Entre las coronas que se hicieron más famosas se encuentran la de hierro de los reyes lombardos, cuyo anillo interior dícese que está hecho con uno de los clavos de la cruz de Cristo. Otra importantísima, la de San Esteban, correspondiente al reino de Hungría, y que acaba de ser devuelta & Budapest por e! Gobierno de los Estados Unidos, a la que siempre se la consagró como una reina mística con su palacio y su guardia de honor.

Otra excepcional por su categoría y forma es la corona del Papa, llamada la «tiara», que consta de tres coronas superpuestas, por lo cual también se la denomina «trirregno». En cualquier caso, los símbolos de la realeza se magnifican por su belleza y por la grandeza de la Historia. Pasan los reyes, pero permanecen los tronos, los cetros, las coronas, que conjuntan heráldicamente la importancia de los pueblos con alcurnia o de los países que no renunciaron nunca a caminar a lo largo de ese ancho sendero escribiendo en paz y en guerra, en el bien y en el mal, las páginas que hacen a los hombres de un reino dignos o indignos ante Dios.

 

< Volver