Los tres años del Rey     
 
 ABC.    22/11/1978.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

LOS TRES AÑOS DEL REY

Hace tres años, en la más difícil y comprometida situación política de la historia española contemporánea, en el tránsito de todo lo que había sido España, pasado cancelado, a todo lo que España podía y debía empezar a ser, futuro esperado, un joven Rey, de la línea dinástica legítima, con sangre de los Reyes que jamás perdieron su derecho, aunque su derecho les fuere negado por la fuerza, asumió, en admirable acto de supremo servicio patriótico, la nobilísima responsabilidad de la continuidad nacional. Por este acto quedaba restaurada de hecho, sin violencia alguna, la Monarquía. Y desde esta restauración, con las rotundas palabras del mensaje de Su Majestad, quedaba irrevocablemente abierto el camino de la democracia para España.

Al cumplirse tres años, y cuando faltan muy pocos días para la aprobación popular de la Constitución que establece la democracia y ratifica «de jure» a la Corona en la cúspide institucional del Estado, no hace falta argumentación alguna para demostrar que el Rey ha sido el verdadero y más decisivo impulsor del proceso del cambio político. De su roble mano, no sin normales temores, no sin Incomprensiones y sin resistencias, pero con decidida y prudente seguridad, ha pasado e] país entero de la orilla muerta al prometedor futuro. Ha saltado España de la tutela dictatorial a la recuperación de sus libertades y sus responsabilidades nacionales, ejercidas desde la soberanía popular.

Han sido tres años verdaderamente difíciles. Difíciles para todos y en todo. Y

particularmente difíciles y sacrificados para el Rey Don Juan Carlos, obligado a moverse en inmediaciones políticas que no son las propias de la Corona en buena teoría constitucional, pero que si él no las hubiese asumido, en esta etapa permanecería aún España vacilante en la Infecunda confusión, sin horizonte y sin esperanza, del vacío real da poder, herencia fatal del régimen político anterior.

Sería ahora fácil, tan fácil como poco riguroso, discurrir sobre otras hipótesis de solución para el camina cerrado de España en noviembre de 1975. Pero la consumación de los hechos priva de fundamento a las hipótesis. Fue 3a Monarquía, encarnada en el Rey Don Juan Carlos, quien asumió, con la autoridad de su prestigio secular, la responsabilidad de clausurar con dignidad el pasado y abrir con ¡fusión el porvenir. Fue la Monarquía la institución que comenzó una nueva etapa en la historia de España, por ía democrática vía de la integración de todos los españoles.

Ni las circunstancias internacionales ni las particulares circunstancias internas, en conjunción adversa, sobre todo en los decisivos planos de la economía, han propiciado un recuento de datos triunfalistas para abonar al resumen de estos tres años. Pero, en verdad, tampoco es necesario triunfalismo alguno para el elogio de lo logrado en ellos. El grande y decisivo triunfo es político. No reclama traducción material. Y políticamente España ha recuperado, en lo interior, su pulso; en lo exterior, su tradicional y justo prestigio.

Asentada la Corona, establecida la democracia, en marcha de nuevo España hacia el mejor futuro que merece, quedan atrás tres años de especialísimo servicio del Rey a la nación. Y se abren adelante años prometedores, en los cuales, bajo el poder moderador de la Corona, le corresponde al pueblo español ejercer su recuperado protagonismo político.

 

< Volver