Autor: López Sancho, Lorenzo (ISIDRO). 
 Los Reyes, en Iberoamérica. Recepción de honor de Don Juan Carlos y Doña Sofía. 
 "El cambio es siempre posible a través de medios pacíficos" (Don Juan Carlos)     
 
 ABC.    29/11/1978.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

ABC. MIÉRCOLES. 29 DE NOVIEMBRE DE 1978. PAG. 9.

LOS REYES, EN IBEROAMÉRICA

RECEPCIÓN EN HONOR DE DON JUAN CARLOS Y DOÑA SOFÍA

«EL CAMBIO ES SIEMPRE POSIBLE A TRAVÉS DE MEDIOS PACÍFICOS» (Don Juán Carlos)

BUENOS AIRES, 28. (De nuestro enviado especial.) Anoche, ya en la madrugada española, podía enviar come un simple recado telefónico un sumario anticipo de los muchos acuerdos de cooperación económica preparados durante la ¡ornada por los ministros señores Oreja, español; su homólogo argentino, señor Pastor, y los respectivos equipos oficiales. Poco antes me encontraba en el suntuoso Palacio del Consejo deliberante en el que el presidente Videla celebraba una recepción en honor de Sus Majestades. Empecemos por este acto.

«Argentina aspira —señaló Videla— a la plena vigencia de un pluralismo fecundo y creador»

Primera nota: El edificio y las calles circundantes quedan bloqueadas previamento por coches de la Policía atravesados. Un irrompible cordón de seguridad desvía la circulación desde muchas calles antes. El pueblo queda bastante lejos de estos altos escenarios. Segunda nota: Los espléndidos salones repletos de uniformes blancos cruzados por bandas con los colores argentinos, cíe charreteras doradas, de damas lujosamente ataviadas, de caballeros de esmoquin me hizo pensar en ciertas recepciones ya lejanas de El Pardo. Lo que a mi me faltaba allí para que la semejanza fuera completa era Lola Flores. Pues bien, Lola Flores se presenta hoy en el Teatro Avenida como Lola de España. Por si faltaba algo. Entre la numerosa asistencia vi a personalidades de la Armada, como Massera y Bardi. que no hace mucho habían pertenecido a la Junta Militar. Hay un cierto grado de disidencia posible en el sistema. Tengo la impresión de que Videla es más moderado que su Junta.

BRILLANTE RECEPCIÓN A LOS REYES Dejémoslo. La Pareja Real cansó el impacto que su presencia produce en todas partes. Son jóvenes, apuestos, sencillos, simpáticos. Esto cautiva inmediatamente a las señoras. Domina a los señores. Llegaron, rieron y vencieron, pues, como hubiera dicho Julio César. Y, sin embargo, durante un rato, mientras yo, pobre cronista, admiraba, absorto cómo aquella muchedumbre enjoyada asaltaba las bandejas con toda suerte de primores culinarios y las bandejas en las que abundaban más los refrescos con el «whisky» nacional, se difundió por los salones el rumor de que el Rey no iba a pronunciar su previsto discurso.

«SE RESALTAN LAS EXIGENCIAS DEL CAMBIO EN TODOS LOS ORDENES»

Videla ofreció con un buen discurso la recepción. Resalto las frases que me parecieron más significativas. «Se resaltan —dijo luego de declarar hecho histórico la visita de Don Juan Carlos— las exigencias del cambio en todos los órdenes y se hace cada vez más evidente la necesidad de respuestas idóneas a las nuevas realidades culturales, políticas y sociales.» Destaco la frase por lo que contiene de intención. Confirma opiniones que he recogido aquí en una comida de periodistas en la que tuve el honor de contestar en nombre de los españoles al cordial ofrecimiento hecho en nombre de los argentinas por Juan G. Burnet Martín, luego de unas breves palabras del director general de Prensa, que es un capitán de fragata, Héctor de Pirro, de que Videla es el más moderado del actual régimen y desea una lenta evolución hacia formas democráticas, deseo en el que no es precisamente apoyado por la Junta Militar. ¿Me siguen? Me disculpa la prisa y la multitud de acontecimientos de la falta de rigor cronológico. Exigencias de cambio subrayadas por Videla y que me sonaron a una concesión al verdadero significado de la visita regia.

«España irrumpe, pues —dijo en otro momento—, en la modernidad con su sello distintivo, con el talento de sus clases dirigentes, con su reafirmada pertenencia.

Europa y Occidente, con su dinámica proyección hacia la América del habla, la fe y el destino comunes.» Y en seguida: «En este aspecto suscita nuestra particular complacencia (a iniciativa de Vuestra Majestad creando el Centro Iberoamericano de Cooperación.» A lo largo de este viaje, desde el golfo de México a las orillas del Plata, pasando sobre los Andes peruanos, esta idea de un organismo interamericano y español anda con prudencia su difícil camino. Prosiga con el discurso de Videla: «Dados sus trascendentes móviles —prosiguió—, que incluyen la búsqueda de soluciones para todos los problemas de la convivencia, con alto sentido comunitario, comprometernos la calidad y efectiva adhesión del pueblo y el Gobierno argentinos a tan relevante propósito.» Progresamos en la búsqueda de soluciones de convivencia al mismo tiempo que allá lejos, en nuestro país, hay quienes se obstinan en cortar a tiros las soluciones de convivencia.

Y ahí parece ir en otras frases el discurso de Videla, cuando dice: «La vulneración de la libertad, la justicia y la convivencia democrática impuso esa lucha en la que el pueblo entero brindó su apoyo para rescatar la dignidad nacional y los derechos humanos afrentados por la agresión. Argentina triunfó en ese empeño. Hoy se empieza a comprender en el mundo el sentido de nuestra acción. Sus profundas razones, su lacerante urgencia.» Me sonaban estas frases tanto a justificación propia como a advertencia para ajenos. En suma, Videla declaró aspirar a «concretar las bases definitivas de una verdadera democracia estable y exenta de toda deformación demagógica o totalitaria». Aspirar a «la plena vigencia de un pluralismo fecundo y creador». Aspiraciones. Aspiraciones en las que también estamos en España.

PRUDENTE DISCURSO DEL REY

Prudentísimo, discreto, inteligentemente político el discurso de respuesta de Don Juan Carlos. «El cambio —respondió muy directamente— es siempre posible a través de medios pacíficos, ya que los problemas aludidos pueden ser planteados y resueltos políticamente. De la misma, manera, también estamos convencidos de que el orden político y la paz social no pueden tener otros fundamentos que la dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes y el respeto de la ley. Porque el orden puede y debe ser construido y defendido con procedimientos basados en los fines humanos del Poder.»

Como en los guiones cinematográficos, cambio aquí el plano. Este ya no está en la recepción. Está en la entrevista del Rey y Videla celebrada a primera hora de la mañana en el Palacio del Congreso. El Rey había hablado al presidente argentino de los derechos humanos, de su preocupación por los desaparecidos, entre los -que hay españoles. Había, intercedido discretamente sobre esos seis españoles todavía detenidos, ya que otros tantos fueron liberados en vísperas del viaje regio, y otros dos a principios de noviembre, y la impresión es que esos españoles posiblemente recuperen en plazo quizá corto su libertad.

De lo que no parece haberse hablado es de la larguísima presencia del ex presidente peronista Cámpora como refugiado político en la Embajada mexicana. En

México no se nos había dicho que tal vez Don Juan Carlos intercediera para que Cámpora pudiera abandonar su refugio y exiliarse. Pero eso parecía carecer de fundamento. No figuró, si se nos ha informado bien, en la conversación privada de Videla y el Rey.

Y giremos la cámara observadora al plañe anterior. En primer plano, el Rey, que prosigue su discurso: «Estrictamente independientes, pero juntos y solidarios —cata diciendo el Rey—, podemos y debemos alcanzar ese nivel de decisión que hoy nos falta. Pienso que en este mundo de rumbo disperso que nos ha tocado en suerte se detecta sin gran esfuerzo el vacío de una comunidad de naciones y de propósito, que será capaz de implantar un modelo de fraternidad a la que todo nos convoca. En este sentido deseamos proyectar el legado histórico de un pasado vivido en común en una realidad que gravite en forma operante y Viva en el mundo actual, que nos sirva de estímulo en la búsqueda de formas concretas de cooperación, entro nuestros pueblos. Y que nos sirva también para salvaguardar en nuestra área los supremos valores de la libertad, de la justicia y de la paz.» Dibuja el Rey su gran designio de política internacional española. Recordemos, rectificando un viejo refrán, que en estos tiempos querer no es poder. Tres grandes ovaciones arrancaron las palabras del Rey en tres momentos especialmente afortunados.

Salí zumbando hacia la costanera. La noche era tibia y brillante. Necesitaba un «bife». Lo devoré al lado de. mis compañeros Hidalgo de Efe; Del Río, de «Arriba». Al fondo, el mar. Nuestro viejo camina real español.—Lorenzo LÓPEZ SANCHO.

 

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