Unidad y confianza en el mensaje del Rey     
 
 ABC.    26/12/1978.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

UNIDAD Y CONFIANZA EN EL MENSAJE DEL REY

Como es lógico una vez aprobada la Constitución, las palabras de S. M. el Rey, en el tradicional mensaje navideño, no contienen concreta referencia a ninguno de los problemas planteados en el área de la política cotidiana. Su Majestad el Rey —rodeado de su familia— ha hablado al país entero desde su legítima y bien ganada neutralidad constitucional.

Sería necesario, por ello, remontarnos a su primera alocución, al mensaje de la Corona en noviembre de 1975, para encontrar la raíz de la que brotan sus palabras de ahora. Palabras en las que se advierte en seguida una clarísima afirmación da unidad; de la unidad patria, establecida por encima y sin demérito alguno de las diferencias regionales y de las autonomías: «Sin unidad, malograríamos el esfuerzo que cada uno de nosotros ha hecho, desde sus propias convicciones, para iniciar, partiendo de presupuestos democráticos inesquivables, un futuro de paz y prosperidad.»

Resuenan aquí, evidentemente, los ecos aún vivos de su propósito de ser, sin desfallecimiento y sin ambigüedades. Rey de todos los españoles, aun al comienzo del camino que iba a devolver la soberanía nacional al pueblo: «Hago el propósito de que la Corona continúe y ahonde su voluntad de robustecer la solidaridad de los españoles, su voluntad de unir a los Individuos, familias y pueblos, de armonizar sus Intereses, de alentarles en la función vertebral de vivir y convivir con grandeza en la patria común.»

Contempla, así, la Corona a toda la nación como un conjunto que debe mantenerse unido, con independencia de sus divisiones políticas democráticas, para resolver, con esfuerzo común y solidarlo, su porvenir. Y queda la Corona —como debe ser en buena teoría constitucional— el margen de las particulares opciones de región, partido o qrupo, y ajena, desde luego, a parcialidades o a banderías que dividirían e! núcleo y el propósito comunes.

Ha reiterado, S. M. el Rey, el más clásico y claro de los ejemplos en su propósito de estimular a la unidad: la familia. La familia como «célula matriz y natural de la sociedad»: y la familia como entramado que configura «nuestro ser nacional». Claramente se deduce —y en las palabras de! Rey se explica— que ambos conceptos familiares, el reducido de la comunidad de parentesco y el amplío de la convivencia nacional, si permanecen en armónica coexistencia, avanzan hacia la prosperidad, y si se enfrentan, si se oponen, si siguen caminos distintos, ya se porten en peligro de disolución.

Y precisamente porque la Corona —éste es su papel— es promotora de unión, conservadora de solidaridades, defensora de entendimientos, moderadora de difefrencias, arbitro de arbitrariedades, la Corona contempla con razonable optimismo el futuro nacional. Eso sí, contando con el esfuerzo constructivo de todos, contando con la capacidad de resurrección histórica de todo el pueblo, «un pueblo animoso y altivo».

Muchos son, desde luego, los problemas sin resolver todavía. Muchos son también, en el conjunto popular español, quienes «son más sensibles a las sombras que a las luces y cierran sus ojos con aprensión ante el porvenir». Pues bien, la Corona, con plena consciencia de su función y de la responsabilidad que recae sobre la totalidad nacional, hace una importantísima apuesta por el futuro: «Que desechen temores y no se rindan ante las eventuales dificultades que todo perfeccionamiento social, político y económico lleva consigo.»

Decíamos, no hace mucho, que deberíamos, desde ahora, aprender comportamientos democráticos para tener, además de democracia, modales y reacciones de demócratas. Ninguna lección más importante que una perfecta lección de democracia es la que se deduce del mensaje navideño del Rey.

La Corona, sin Implicaciones en la política; la Corona en la cumbre constitucional desde la que abarca a todos y a todos tutela. La Corona sin inmiscuirse en problemas que deben resolver los Gobiernos. Pero la Corona, expresando con máxima autoridad la unión nacional, la unidad española, y confiando —precisamente porque la unión nacional es la definitiva definición de la soberanía reconocida del puebla— en un futura de más prosperidad para todos los españoles, si todos los españoles —como una familia— están dispuestos a apoyar el asentamiento y progreso de la democracia como lo estuvo desde la recuperación nacional de la Monarquía, te Corona.

 

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