Monarquia: Forma y materia     
 
 ABC.    26/04/1960.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

MONARQUÍA: FORMA Y MATERIA

"Pueblo" nos plantea—y a nosotros directamente , se dirige— el tema mismo que los doctos doctores de su concurso "Diálogo con Pemán" no curaron siquiera de examinar´ acomodándose rigurosamente a aquella convocatoria que el querido colega había hecho pública. Nos plantea el tema de la Monarquía considerada en su aspecto jurídico formal y en su aspecto político material. Equívocas las palabras, pero explícita la intención. ¿Qué es lo formal y qué lo material? La "Escuela", con Aristóteles, decía que todo se compone de una "causa" formal y de otra "causa" materia!. La "causa" formal es la que hace que las cosas existan como ellas son y no como queremos. El "formalismo" kantiano suscribía la idea aristotélica dé que la materia de la cual surge el organismo individual es distinta a la forma, que es aquella cosa que impele a ]a potencialidad humana a convertirse, por desarrollo normal, en hechos, en realidades, y así la Razón Pasiva es materia, y la Razón Activa es forma. Luego, lo "formal" es la "causa" eficiente, duradera y necesaria; aunque lo "material" sea prácticamente imprescindible y fundamental

Formalmente, España es ya una Monarquía, como el Caudillo ha reconocido: católica, social y representativa. "Pueblo" coincide con nosotros, o nosotros con "Pueblo": ¿qué más da? Por lo que arriba apuntamos nos interesa lo formal"; la Monarquía instaurada por Franco. Ella dará de sí, porque es "forma". Dice "Pueblo": "Desde el punto de vista jurídico formal, nuestro país está constituido en Reino, y la Monarquía no es cuestión o problema, sino un hecho." "Pueblo" nos hace el honor de reconocer que ésa es la recompensa a "tantos años de fidelidad y de servicio ininterrumpido" "noble y valientemente" declarado por ABC; ello es justo y digno de agradecimiento por parte nuestra.

Y queremos decir que somos, por "formales", tradicionalistas; que la tradición monárquica española, en todos los tiempos, antes y después de los Reyes Católicos, al servicio del pueblo ha estado gozosamente sometida, y en esa vinculación de propósitos y de logros que si en algunas ocasiones se ajustaron a corrientes y tendencias excesivamente avanzadas, en otras muchas gloriosamente las superaron, no ha habido en los Estados monárquitfos europeos ejemplo alguno que la Historia de España registre como aleccionador para nosotros. Para hablar de los siglos XIX y XX de nuestra Patria, haciendo el estudio paralelo con otras naciones europeas, es conveniente no olvidar la historia comparativa con las Monarquías extranjeras y contemporáneas a las nuestras. En el año 1909, desde Salamanca, don Miguel de Unamuno escribía un artículo titulado "Materialismo popular". Eran los años del liberalismo puro. Las teorías liberales prosperaban, y verbeneaban en la calle y en los periódicos. Ni Francia, ni Inglaterra, ni Italia extremaron como Esoaña extremó, para su infortunio, los principios de aquel liberalismo. Bien lo recoge Unamuno en estos párrafos:

"Cuando estuvieron aquí los profesores bordeleses, una de las cosas que más les sorprendió fue ver fijado en la tólle-un cartel convocando a republícanos a un banquete en conmemoración del trigésimo sexto aniversario de la proclamación de la Republica en España. "Pero ¿no es España una Monarquia? me preguntaban y luego:

"¿Cómo consiente esto el Gobierno?" Y acababan con un "C´est étonnant!" En efecto: en Francia y en la Francia de hoy, violentamente sectaria, no se permitiría una cosa análoga.

En la Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia se ha fijado, y en el sitió más visible de la casa, una lápida que dice: "A Darwin, los escolares médicos valencianos, en el primer centenario de su nacimiento, 14 de febrero de 1909." ¿Permitirían hoy a los estudiantes católicos franceses de una Universidad cualquiera de la República poner una lápida a un adalid de la ortodoxia, aunque fuera de los más grandes y los más puros?

Pocas cosas hay, en efecto, más la meritables, más tristes, que la "librepensaduría" española. Me recuerda una graciosa caricatura francesa, sugerida por las circunstancias por que está atravesando Francia, y cuya leyenda dice: "Aquí no se permite pensar libremente. ¡Aquí hay que ser librepensador!"

Nadie en España ha predicado más que yo la cultura y su difusión, y, sin embargo, ocasiones hay en que mi fe en ella desmaya o por lo menos en que dudo si será el mejor camino el de enseñar a leer y que lea la gente.

Sí, hay veces erv que me pongo a dudar : si convendrá que los obreros sepan leer, en vista de las cosas que leen.

Basta echar un vistazo al catálogo de alguna de esas bibliotecas populares y enterarse de cuáles son los libros que más se leen."

(Es innecesario insistir en que de ningún modo podemos estar con aquel entendimiento de la libertad que conducía tantas veces al libertinaje político y social.)

Y ahora, comeásemos :a aqueuo que "Pueblo" califica ae problemas políticos materiales, y que él adscribe a la estructura sindical qué Franco ha dado a nuestra Patria. Y que rio haya al respecto discrepancias entre nosotros. Si nos interesa "la forma", y si esa "forma" es de Franco, y si somos nosotros los que realmente sabemos que la "forma" se desenvuelve y se. desenvolverá siempre en contacto con ei pueblo y acudiendo a sus necesidades, ¿cómo hemos nosotros de renunciar a las conquistas sociales que ha consolidado el Reino de Franco? El futuro "material" de España se transformará inevitablemente sobre las bases y realizaciones creadas por Francisco Franco y el Sindicalismo nacional. Esas transformaciones, esos avances no pueden ser refrenados por "problemas políticos formales", sino que "lo formal" a instituido, será precisamente lo que immlse, de acuerdo siempre con los tiempos, 1 progreso. La Monarquía no es un sistema "formal", en sentido peyorativo.

Desearíamos que las coincidencias que "Pueblo" señala con nosotros quedaran ahora mejor subrayadas. Pues muy en serio decimos que no quisiéramos ofender al querido colegar atribuyéndole antojos de"señoritismos "formales" en el campo en que nosotros caminamos, despejada la frente y el ánimo bullicioso.

 

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