Autor: Peña, Francisco Javier. 
 Por primera vez interviene allí un Jefe de Estado extranjero. 
 El Rey de España, en el parlamento belga     
 
 Informaciones.    17/11/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 20. 

POR PRIMERA VEZ INTERVIENE ALLÍ UN JEFE DE ESTADO

EXTRANJERO

EL REY DE ESPAÑA EN

EL PARLAMENTO BELGA

Por Francisco Javier PEÑA (Enviado especial de INFORMACIONES.)

BRUSELAS, 17.

SI en Bélgica el Monarca no estuviese, en sus opiniones politicas públicas como Jefe de Estado, tan escrupulosamente ajustado o los. criterios del Gobierno —y a través de éste de los del Parlamento—, el brindis de la comida de gala que anoche ofrecieron los Reyes Balditino I y Fabiola y el Gobierno belga a sus invítados españoles tendría bastante •menos, importancia de la que en realidad adquiere; y seria una mera cortesía:

Se hace en este discurso una valoración sustancia1 —amable, positiva y ciertamente no crítica, pero también seria y ecuánime— de lo que puede aportar la plena integración europea de España Expresado además por unos auténticos, profesionales del europeismo, como son los belgas, y en el mismísimo corazón de Europa se duplica su interés.

En su parte más significativa, dijo el Rey Baldúino: «Vuestra demanda de adhesión a las Comunidades Europeas esta plenamente Justificada. Ademas, ella puede tener, para el conjunto de los Estados miembros" una influencia beneficiosa. Ya desde el siglo XVI, bajo la dirección de un príncipe nacido en nuestras tierras, España puso sus ojos mucho más allá de sus fronteras, abriendo unos horizontes nuevos para toda Europa, y Europa estaría incompleta sin un país que de tai manera ha contribuido a su civilización.

La presencia en el seno de nuestra Comunidad de un país que inspira la hispanidad tendrá, por- otra parte, la feliz consecuencia de aproximar a Europa, el basto continente latina o americano. En las relaciones internacionales, como en el interior de las fronteras, es necesario atenerse a loa hechos. Politicamente hablando —dijo el Rey Baldúino—, la adhesión de España se impone pues. ¿No tiene por objeto la Comunidad Europea, como vos lo habéis, señor, justamente recordado, el transformar una comunidad histórica y cultural en una unión económica social y política de países guiados por los

mismos ideales y los mismos principios?

Esta evidencia política es generalmente admitida. Sin embargo, es necesario obtener las´ consecuencias necesarias superando las inevitables dificultades de orden técnico. Es falso creer que la identidad y las condiciones de existencia de Europa se comprometerían por una ampliación de la Comunidad. No existe a este respecto ninguna dificultad que no pueda ser vencida por la buena voluntad, el espíritu da solidaridad´ y una justa visión de futuro.

Las negociaciones exigirán tanta paciencia como determinación. Las instituciones de la Comunidad tendrán que buscar las soluciones más equitativas para sus miembros actuales y futuros, no sin antes mejorar las estructuras europeas y su funcionamiento.

España y los otros candidatos pueden, por su entusiasmo, dar un impulso nuevo a la unión europea. Puede vuestra presencia aquí, en el centro mismo de la Comunidad, contribuir a hacerla a la vez más acogedora y mas coherente», concluyó su brindis el Rey Balduino.

BRINDIS DE JUAN CARLOS

Por su parte, don Juan Carlos respondía a estas palabras señalando la misma voluntad política que comparten hoy Bélgica y España y la concepción similar del mundo y sus valores proclamando un deseo en lavar de una estructura social democrática; plural y personalista «Por nuestra parte —dijo—, por parte de esa España que siempre tuvo una visión europea de su predicción, queremos reafirmar la voluntad de participación en el proceso de integración de este Viejo Continente. A él pertenecemos y sin nuestra presencia en él; como tantas veces he tenido ocasión de escuchar de labios de los dirigentes políticos europeos, el mapa continental estará siempre incompleto.

Creemos que Europa debe superar las concepciones estrechas que quisieran hacer de ella un gigantesco mercado, para encontrar una nueva racionalidad económica en servicio del bienestar de todos, dentro y fuera de las fronteras del continente.

Creemos —continuó don Juan Carlos— que Europa debe ampliar el campo de su mirada al Norte y al Sur;, al Atlántica y al Mediterráneo, porque España sabe de aventuras mediterráneas y atlánticas, queremos afirmar aquí las responsabilidades de este continente frente a aquellas naciones que al otro lado

Quisiera que la corona que yo ciño sea elemento de concordia, soporte de justicia y garantía de libertad.»

EN EL PARLAMENTO

Para los organizadores no hay duda que el viaja de., los Reyes de España, a Bélgica está siendo un éxito absoluto: don Juan Carlos es el artífice de una «nueva» España y como tal es acogido

los mares, muy especialmente en Hispanoamérica, recibieron el influjo cultural europeo y participan en gran medida en nuestros modos de vida y en nuestras convicciones»

Creemos también que la Europa occidental democrática debe aportar un elemento de paz, libertad y justicia en el orden internacional. Buscando por todos los medios- el reconocimiento de aquellos valores que hacen al hombre dueño de sus destinos y de su entorno, pero también con. tribuyendo a Ja defensa de una seguridad tanto más preciosa cuanto más difícil.

Esa es la Europa que queremos. En nuestros proyectos con respecto a ella, van envueltos nuestra afirmación nacional y la presencia internacional de este antiguo país que se llama España, con admiración y simpatías, sin ficciones. Además ya no quedan en esta capital; antaño pródigo refugio de muchos nacionales alejados de España por razones políticas, exiliados con causas susceptibles- tanto de ser defendidas como explotadas politicamente- y menos, de promover tumultos o concentraciones callejeras; en este sentido todo contríbuye, pues, a la cordialidad. Además, para los organizadores las constantes ampliaciones del proctocoló que excepcionalmente se están teniendo en esta visita con don Juan Carlos, agregan un valor más a los ya específicos del viaje, porque definen, de manera mas positiva esta complacencia oficial belga con su presencia. El ejemplo más claro de esto —dicen— fue la visita de don Juan Carlos y dona Sofía, ayer tarde, al Parlamento belga. visita que no tiene antecedentes y que, por supuesto, no ha figurado en los programas de los viajes de otros jefes de Estado extranjeros a Bélgica.

Hay, empero, quienes discuten la procedencia de que el Rey comparezca tantas veces durante sus viajes por el extranjero en un Parlamento por aquello de la imagen de las relaciones entre el Legislativo y el Jefe del Estado. A los Monarcas constitucionales europeos —argumentan éstos— no se les ocurre en sus desplazamientos oficiales por el extranjero acercarse a un Parlamento y menos pronunciar un discurso dentro de él.

Esta consideración no empaña sin embargo el éxito personal de don Juan Carlos en su intervención en el Parlamento belga —asegurado ya dé antemano, bien es verdad—ni la satisfacción de diputados y senadores. Tal se han expresado el presidente de la Cámara; señor Leburton; o el del; Senado; señor Vandekerckhove. Los soberanos belgas, Baldüino y Fabiola, no asistieron a esta ceremonia.

PERSPECTIVA DEMOCRATICA

Para el primero >Vuestra presencia hoy en este parlamento belga tan profundamente celoso de las libertades fundamentales del ser humano, confiere al acontecimiento una significación excepcional. los parlamentarios que en este recinto representan a los hombres y mujeres de este país, reconocen la importancia de este encuentro que va, en efecto, más allá del marco normal de las relaciones entre España y Bélgica y consagra solemnemente la voluntad de los soberanos españoles de encuadrar este gesto; expresivo y simbólico a la vez, de una perspectiva altamente democrática y europea».

Para el presidente del Senado —que tejió su discurso a base de apostillas laudatorias a párrafos de mensajes o parlamentos de don Juan Carlos— «ante tales realizaciones, que han tomado forma en muy pocos meses, nos sentimos llenos de admiración. Nosotros, parlamentarios belgas, deseamos a Vuestras Majestades y a España un hermoso y feliz porvenir». Al final daba la impresión de que el parlamentaria belga estaba examinando, en el sentido escolar del término, al Rey de España y concluía: Está bien, está bien.

UNA; APORTACIÓN ESPAÑOLA

Respondiendo don Juan Carlos en francés a las palabras anteriores; y después de recordar como introducción ((tantas cosas que han unido a Bélgica y a España en el pasado), ha dicho con la fuerza de un símbolo que trasciende la historia, Bruselas hoy por un consenso cierto "y casi plebiscitario entre Gobiernos y míenlos de la parte occidental de nuestro continente; sigué encariñando la voluntad representativa y unificadora de un concepto de la sociedad, apoyado en valores humanos que también nosotros profesamos y que la convierte en una auténtica capital de Europa, Son tiempos propicios para audaces innovaciones y para la creación de una nueva solidaridad entre los pueblos de Europa.

En esta tarea creadora le ha correspondido a Bélgica y a sus estadistas desempeñar un papel de primer orden a que yo quiero rendir aquí un explicito Homenaje. España, por su parte,- es hoy a la vez una nación vieja y un pueblo,joven, capaz de apREtar una experiencia milenaria y un espíritu de renovacion que puede ser igualmente necesaria para completar el cuadro, a la vez unitario y diversificado de lo que puede y debe ser esa nueva Europa.» El programa de la visita de ayer se cumplió como estaba previsto con estos actos y con una visita al Ayuntamiento, a la salida del cual fue aclamado por varios miles de españoles que aguardaban con frío gélido desde hacía dos horas para saludar a los Reyes españoles. Después de esto, hubo una recepción en la residencia del embajador a la colonia española.

17 de noviembre de 1977

 

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