Autor: Orgambides, Fernando. 
 Discurso del Rey a la Legión en Fuerteventura. 
 Don Juan Carlos pide calma y realismo al Ejército     
 
 Informaciones.    14/12/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

DISCURSO DEL REY A LA LEGIÓN EN FUERTEVENTURA

DON JUAN CARLOS PIDE CALMA Y REALISMO AL EJERCITO

Por Fernando ORGAMBIDES

LAS PALMAS, 14.

EL Rey don Juan Carlos ha dirigido un importante mensaje a las fuerzas armadas en su discurso pronunciado ayer mientras visitaba el acuartelamiento de la Legión, en Fuerteventura; en ella fue acompañado por los jefes del Estado Mayor del Ejército, general Vega, y el capitán general de Canarias, general Liniers.

Don Juan Carlos —que vestía uniforme del Ejército— comenzó diciendo que la sociedad española vive hoy momentos de grandes transformaciones y que los cambios operados en los comportamientos humanos afectan a todos los órdenes de la vida: «A la convivencia y a los valores más íntimos de las personas. Nos ha tocado vivir y protagonizar una etapa apasionante de nuestra Historia», dijo el Rey.

«La sociedad a la que servimos está experimentando una profunda mutación, porque han variado también las condiciones de Vida de ese mismo pueblo. Pero esos evidentes cambios no debemos considerarlos nunca un fin en sí mismos, sino medios para alcanzar los objetivos comunes de siempre: afianzar la convivencia en la paz, hacer más estable el orden y consolidar el bienestar y el progreso de la nación.»

Prosiguió el Rey de España señalando en su discurso que en el proceso de transformación de la sociedad española les corresponde a las fuerzas armadas «la noble y alta función de distinguir lo mutable de lo permanente, de saber que, frente a los necesarios y justos cambios, hay cosas que todos hemos de conservar intactas, porque constituyen la esencia de España y hemos prometido defenderlas al jurar la bandera roja y gualda. Nuestro compromiso y vuestro compromiso sigue siendo, hoy como siempre, hacer posible una grandeza nacional con profundo respeto a tedas y cada una de las peculiaridades que enriquecen nuestra patria y nos han dado en muchos siglos de historia suficientes motivos de gloria y orgullo».

CONTEMPLAR

EL PORVENIR CON

OPTIMISMO

«En este momento —añadió el Monarca—, yo quisiera pediros que esa distinción se hiciera vuestra norma de comportamiento, como siempre lo ha sido. Quisiera pediros que miréis el presente con la calma y el realismo que caracteriza al buen militar.

Que contempléis el porvenir con esperanza y optimismo, porque tengo la seguridad de que estamos alumbrando una nueva etapa de nuestra Historia, en la que resplandecerá la grandeza de nuestra nación. En esa esperanza de grandeza —continuó diciendo el Rey—, las fuerzas armadas tiene un gran papel protagonista. Y el éxito se puede considerar como seguro cuan, do en nuestras filas, en nuestra fe, en nuestras virtudes y nuestra unidad no cabe ningún tipo de fisura.»

Don Juan Carlos aludió posteriormente a lo que significa para un legionario el término «retroceder», e hizo un símil de ello con nuestro tiempo histórico, precisando el Rey la voluntad de seguir adelante con el ánimo siempre de victoria, y prometió que las fuerzas armadas tendrán las debidas atenciones para mejorar, tanto sus condiciones de vida como su eficacia. «Y podéis tener la seguridad —señaló don Juan Carlos— de que el país entero, sin distinción de ideas ni procedencias, no regateará esfuerzos para lograr estos objetivos ni gratitud ni cariño a quienes, aun perteneciendo a generaciones distintas, estáis sólidamente fundidos´ en la inalterable coincidencia de la disciplina y del patriotismo.».

Antes de finalizar su discurso —definido por algunas personas del séquito real como «una aclaración de la Corona respecto al Ejército»—, el Rey manifestó que era un orgullo para él ejercer el supremo mando militar, señalando que en su persona siempre encontrarían las fuerzas armadas un defensor de sus

intereses y un valedor para sus aspiraciones.

VISITA A FUERTEVENTÜRA

Don Juan Carlos y doña Sofía, que llegaron al Tercio Don Juan de Austria, III de la Legión —unidad trasladada a Fuerteventura desde el Sahara tras la retirada española de ese territorio— a media mañana, visitaron anteriormente el Puerto del Rosario, capital de la isla, siendo cumplimentados por las autoridades locales.

Un viaje rápido, a pesar de las numerosas y continuas ovaciones de millares de personas reunidas para saludar a los Reyes. Esta rapidez —ajena a la voluntad de los Monarcas— molestó a los miembros de los Ayuntamientos de la isla, quienes, junto al senador por Fuerteventura, don Miguel Cabrera, elaboraron un manifiesto de protesta

«por el hecho de que los responsables civiles de la organización de los actos se hayan permitido monopolizar la visita de los Reyes, no habiendo tenido ocasión las Corporaciones de exponer a Sus Majestades la honda y desesperada situación de una isla donde viven un buen número de majoreros término coloquial canario para designar a los ciudadanos españoles infatigables en su batallar diario contra un medio hostil y a punto de perder las esperanzas para el futuro».

Precisa mente, la isla de Fuerteventura —la más pobre del archipiélago y la que mejor ha acogido por ahora a los Reyes— tiene numerosísimos problemas: falta de agua; problemas para que faene su flota pesquera; necesita puestos escolares, y un etcétera´ larguísimo. Un concejal de Puerto del Rosario incluyó en esta enumeración de problemas los que causa la presencia de la Legión en Fuerteventura, sobre todo de tipo moral y de costumbres.

Por la tarde, los Reyes se trasladaron en helicóptero a la isla Graciosa (de 160 vecinos) donde inauguraron una Casa del Mar y convivieron durante casi inedia hora con la población. Posteriormente, en la isla de Lanzarote, acudieron a Los Jámeos del Agua, pintoresco lugar enclavado en el cráter de un volcán, y a las siete de la tarde hicieron acto de presencia en Arrecife (la capital de Lanzarote). Seguidamente, a bordo de la fragata de la Marina de guerra española, «Cataluña», zarparon para Puerto de la Cruz (Santa Cruz de Tenerife), segunda etapa de este viaje de los Reyes por Canarias.

14 de octubre de 1977

INFORMACIONES

 

< Volver