Pequeñas dificultades     
 
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PEQUEÑAS DIFICULTADES

SOMOS un pueblo tan y particular. Se ha dicho muchas veces que, capaces de hacer un Dos de Mayo, no sabemos situar a pareja altura los Tres y los Cuatro que le siguen y dan continuidad. En pequeña escala, algo análogo pasa con otros esfuerzos colectivos importantes y menos trascendentes. En el caso de la estabilización, por ejemplo, hubo necesidad de adoptar medidas restrictivas y penosas. Se tomaron con energía, y nuestro pueblo las aceptó valerosamente, a diferencia de lo que sucedió en otros países. Sin embargo, parece como si con ello se hubieran terminado los esfuérzos, dejando sin realizar otras medidas secundarias, que soto afectan a grupos minoritarios y que han de beneficiamos a todos sin aumentar los sacrificios antes exigidos y ya superados.

La Administrac Ion no se acostumbra a la idea de que los tiempos de ahora reclaman demostrar confianza en la acción de los particulares. El ministro de Industria, por ejemplo, ha dejado sin efecto la prohibición existente para instalar pegúenos fábricas sin previo permiso; pero lo cierto es que cualquier iniciativa modesta se encuentra rutinariamente obstaculizada por unos trámites burocráticos perfectamente evitables en la inmensa mayoría de los casos.

Por su parte, la acción privada parece oscilar entre dos ideas extremas e igualmente perniciosas: o la de esperar que la Administración haga todo lo razonablemente hacedero para lanzarse tras ello confortablemente apoyados en el respaldo oficial o la de pedir carta blanca y absoluta libertad de acción para asegurarse impunidad absoluta. En ambos casos, y mientras no se producen estas que pudiéramos llamar circunstancias óptimas, muchos particulares deciden mantenerse a la expectativa cruzados de bracos o moviéndolos únicamente lo indispensable.

Somos partidarios de que se suprima o atenúe al máximo posible el intervencionismo administrativo. Creemos que una revisión de las normas dictadas en circunstancias excepcionales aconsejaría en muchos casos devolver a los particulares facultades que pueden facilitar su acción individual y mejorar con ello el bienestar colectivo. Pero también somos partidarios de que la Administración, no deje de sancionar aquellas actividades privadas que so pretexto de una libertad máxima perjudican o pueden perjudicar ai común de las gentes. Porque la posibilidad de clausurar establecimientos, o confiscar beneficios, o desahuciar forzosamente sólo puede entorpecer la acción de los desaprensivos, no de los particulares honrados, de igual forma que el Código Penal limita el mal uso de la libertad para los malhechores, sin que eu existonda estorbe para nada la libertad de los ciudadanos normaten.

 

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