Autor: Aradillas, Antonio. 
   Divorcio y política     
 
 Pueblo.    15/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

DIVORCIO Y POLÍTICA

Nos da la impresión de que, lamentablemente, por fin, y si Dios no lo remedia, el tema del divorcio también se nos va a politizar en nuestro país de cara a una posible legislación civil sobre el mismo.

Determinados partidos y partidarios esgrimen ya banderas antidivorcistas, reconociendo nosotros,

además, que lo están haciendo con impulso y actividad más fervientes que aquellos otros que han expresado su voluntad y su esperanza de que d e m pcráticamente manifieste lo antes posible el pueblo español su decisión de regular o no la institución del divorcio.

• A nadie se le oculta que la politización del tema comporta riesgos tan graves como inútiles, por lo que sus responsables y los del Estado, de la sociedad y de la Iglesia, debieran realizar inimaginables esfuerzos por evitar los desbordamientos en esta materia, procurando centrarla en sus propor-

ciones exactas, en conformidad con las exigencias veraces de la política, de la religión y de la sociedad.

La escisión de la comunidad española y el desprestigio de las instituciones que se comprometieran indebidamente en la defensa de cualquiera de las opciones posibles en torno al divorcio son riesgos que habrán de rehuirse con sagrada atención.

• El divorcio no es de derechas, ni de izquierdas, ni del centro. El divorcio es de derechas, de izquierdas y del centro. En todas estas áreas de la convivencia humana se presenta como un fracaso de la relación institucionalizada en el matrimonio, al que, de alguna manera, hay que ofrecerle una terapéutica civilizada, teniendo en cuenta, con respeto, el bien de la pareja, de los hijos y de la sociedad y, por supuesto, aceptando, además, las motivaciones religiosas. El divorcio corresponde en la actualidad al paquete de los derechos humanos, según puede desprenderse del texto del artículo 16, párrafo primero, de la «Declaración Universal de los Derechos Humanos», que dice así: «Los hombres y las mujeres, a partir de la edad nubil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia y disfrutar de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en el caso de disolución del matrimonio.»

• Lo importante es que se nos adoctrine ahora, docta y desinteresadamente, sobre el matrimonio y sobre el divorcio, desde las competencias correspondientes de la esfera civil y eclesiástica, sin manipulaciones de ninguna clase, sin rutinas y sin frivolidades antológicas como las que estamos comprobando estos días. Catequizarnos jerárquicamente diciendo que resulta ser de derecho natural la exigencia de la indisolubilidad y que la competencia del Estado es nula en esta materia, por ser en exclusiva de la Iglesia, es una monumental ligereza eclesiástica, que se paga con el desprestigio de 1* institución y con la infiabilidad de la jerarquía, que así pretende adoctrinarnos, escamoteándonos además importantes y eclesiales conquistas conseguidas conciliarmente a propósito de la libertad religiosa. ..

• La profundización en la verdadera doctrina de la Iglesia, el respeto a la libertad, la sensatez, la concepción del Estado como servidor del bien común, la sensibilización con las tristezas, los gozos y las esperanzas de nuestros hermanos los hombres, el uso y el respeto a los procedimientos democráticos... y otros factores serán los que, en definitiva, nos deberán ayudar a afrontar el divorcio y su regulación en España, con categoría mental, humana y hasta • religiosa.

 

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