Autor: Aradillas, Antonio. 
 Para las separadas. 
 La soledad, su estigma  :   
 Ni solteras, ni viudas, ni monjas y, sobre todo, ni casadas, por más que así las consideren las leyes; EL hombre separado se encuentra también solo, pero con una soledad prácticamente libre de riesgos. 
 Pueblo.    16/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Para las separadas

LA SOCIEDAD, SU ESTIGMA

Ni solteras, ni viudas, ni monjas y, sobre todo ni casadas, por más que así las consideren las leyes

El hombre separado se encuentra también solo, pero con una soledad prácticamente libre de riesgos

Alas parejas humanas se les han multiplicado los problemas en estos últimos años de modo tan triste como alarmante. Y uno de los problemas más graves es el de la frecuente incoincidencia que ha llevado a no pocas de ellas a institucionalizar hipócritamente su imposible relación interpersonal, cuidadosos los dos de conservar las apariencias y de que externamente no sean conocidos los conflictos. A otras parejas las lleva a la ruptura, legalizada o no, pero tanto en aquel caso como en éste, los problemas existen, son graves, teniendo que reconocer con infinita tristeza que ni el Estado, ni la Iglesia, ni institución, ni persona alguna se han preocupado de otra cosa que de ofrecerle a la pareja en conflicto a lo sumo un incompleto estatuto legal, pero no soluciones exigidas por su condición de seres humanos...

ES Y SERA

Sobre algunas de estas realidades dialogamos hoy con Amparo Buxó Dulce-Montesino, psicóloga y vicepresidenta de la Asociación de Mujeres Divorciadas de Barcelona.

—Uno de los estigmas que pesa sobre la mujer separada es la soledad. La soledad es y será siempre su más constante y fiel compañera. Es su verdadero estado real: el que siente hondamente suyo, ya que ni es soltera, ni viuda, ni monja, y, sobre todo, ni casada, por más que la llamen y la consideren así las leyes, rotos sus sentimientos y separada su vida de la de su marido, cuyo titulo de tal es la única estabilidad que la sociedad le concede y, paradógicamente, lo único que ella querría alejar de si para siempre.

—La soledad, como sentimiento de ausencia y de vacío —reconoce Amparo Buxó—, invade también al hombre que ha fracasado en su matrimonio, pero el camino y el desarrollo de este aislamiento, inicialmente parecido, es muy opuesto en uno y en otra. Mientras no exista el divorcio, los separados se encuentran sin poder rehacer sus vidas afectivas dentro de la legalidad. La mujer tiene ante sí dos caminos: abrazar la soledad que se le impone en función de la amenaza legal que el no hacerlo puede representar para ella o para sus hijos o por no correr riesgos porque su marido es y se comporta racionalmente, dirigir sus sentimientos en la dirección que le parezca correcta... El hombre separado se encuentra, sí, solo, pero en una soledad prácticamente libre de riesgos...

—¿Sentimiento de fracaso, además del sentimiento de soledad?

—La mujer, enseñada desde niña a vivir para el amor y llamada en nombre de este sentimiento (al que todo le ha bria ayudado a sublimar) al matrimonio desde siempre, se sentirá aún más fracasada que el marido, al no haber podido desarrollar, como el hombre, otros niveles de su personalidad y de su potencialidad total. A esto hay que añadir que la mujer separada de hoy no suele comulgar con no pocas ideas de libertad de la generación que le sigue, y por ello quiere una compañía estable, sólida, auténtica y plena. Esta compañía así no sólo la deseará, sino que será para ella una necesidad, ya que su primer fracaso lo puede entender y aceptar; pero una nueva equivocación podría poner en juego su seguridad como mujer y su equilibrio... A pesar de que la sensibilidad femenina está especialmente abierta a los adioses, la

ruptura le resulta siempre tremendamente dolorosa a toda mujer, y si es separada, mucho más.

NUEVA RELACIÓN

—¿Nueva relación hombre-mujer separada?

—El hombre, en general, verá en la mujer separada una «presa fácil o sea o no), ya que, sin padre y sin marido, nadie la «guarda», y además, se lo confiese o no, porque es muy consciente de la necesidad afectiva que hay detrás, al lado de la falta total de compromiso que a él le puede reportar el correspondería. La mujer separada, además, suele atraer especialmente al hombre, porque, madre muchas veces, ha madurado como ser humano y compañera del hombre.

—Él hombre, separado o no —me sigue diciendo la vicepresidenta de la Asociación de Mujeres Divorciadas de Barcelona—, juega tristemente con ven

Declaraciones de Amparo Buxó, vicepresidenta de la "Asociación de Mujeres Divorciadas de Barcelona"

taja la mayoría de las veces en relación con la mujer separada, porque sabe que su amor no le exigirá ningún compromiso, ya que, estando ella casada, aunque él lo quisiera, no podría en nuestro país legalizar la situación de ninguna forma. Así hay tan pocas parejas que logran romper todas las barreras y los convencionalismos y hacer de su relación algo durable y sólido que, a pesar de todo y de todos, tenga contenido de auténtico compromiso..., a nivel humano. Y a veces, y en conciencia, hasta religioso. A pesar de todo, la mujer, que como todo ser humano y más, necesita ser comprendida y amada, puede caer en la dulce trampa de un amor brindado en esta situación, en la que ella es la primera en saber que no podrá jamás exigirle ninguna garantía de solidez, dadas las leyes de nuestro país. ¡Qué fácil es hablar de amor en la cama y qué difícil es hacer de ese amor una auténtica conducta de vida,, como merece el ser a quien se le ha ofrecido...! A este respecto me atrevería a asegurar que mientras que no pocos hombres comienzan a ser ideológicamente adultos, su afectividad y su compromiso masculino siguen en permanente estado de infantilidad... El problema es múltiple y grave. Y además afecta hoy a numerosas parejas. La visión que se nos ha ofrecido resulta incompleta, pero auténticamente válida. Y original. Dado que es profundamente psicológica y personal. Entre tantas consideraciones como surgen al releer las contestaciones que nos ha ofrecido Amparo, una de las más estremecedoras es la comprobación de la falta de atención por parte de las instituciones que legalizan la nueva realidad y actuación de la pareja separada, abandonándola a la frialdad de los cánones y de los artículos de los Códigos Civil y Canónigo, sin preocuparse de que a unos seres humanos, con culpa o sin culpa, se les ha roto su vida y han de iniciar ahora una andadura totalmente nueva, con todos los riesgos y desventajas que legal, psicológica, sociológica y hasta religiosamente comporta tal andadura... Un hombre y una mujer, desde la profundidad de su ruptura personal mutua, reclaman otras soluciones de parte del Estado, de la Iglesia, de la familia y de la sociedad...

Antonio ARADILLAS Foto QUECA

 

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