Autor: Aradillas, Antonio. 
   Revolución feminista     
 
 Pueblo.    26/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

BASTA con tomarle el pulso con cierta atención a los movimientos feministas vigentes ya, aunque tímidamente, en España en la actualidad, para presentir que nos encontramos en vísperas de una auténtica revolución que posiblemente será una de las más profundas y generadoras de otras nuevas y distintas de las que se producirán en nuestro país.

Todos estamos más que convencidos de que todavía la mujer apenas si es tratada como persona, y menos como mayor de edad no sólo en la legislación española, sino en la interpretación de tal legislación, masculinizada una y otra hasta límites verdaderamente anacrónicos y por motivos hoy insostenibles a la luz del progreso de las ciencias modernas, sobre todo antropológicas. La mujer apenas si es tenida en cuenta, y se legisla civil y canónicamente por y para el hombre, y su condición de objeto de lujo o de placer sigue siendo todavía en la práctica de tantos datos e historias personales y de grupo, suprema o, al menos válida justificación para el hombre. En lo que respecta a la valoración de la mujer, de su actividad, de su obra y aun de su propia identidad de mujer, se nos da frecuente y triste impresión de encontrarnos aún casi en los albores de la Edad de Piedra. Existen circunstancias muy reales y anchas que nos manifiestan con toda claridad que en muchas de las cosas que se refieren a la mujer el desarrollo de la Humanidad no ha dado los pasos que dio en tantos otros órdenes y esferas de la vida incomparablemente menos importantes.

Y aunque ahora, de una forma o de otra, los movimientos reivindicadores feministas han sido neutralizados, a los actuales parece que no hay ya posibilidad alguna de embridarlos ni con halagos ni con escarmientos, con la fácil comprobación de que entrañan no pocos revanchismos y de que, por aquello de la ley del péndulo, su inclinación resulta acusada en exceso.

La. profunda revolución que tales movimientos están ya provocando afectan a la relación esposo esposa, padres-hijás, hermanos-hermanas, amigos - amigas, compañeros de trabajo que, en definitiva, son los que condicionan en mayor proporción la vida de la persona en el marco de institucíones básicas. Cualquier revolución que se sitúe en esferas distintas a éstas no alcanzaría con tanta seriedad a la persona ni la comprometería con idéntica fuerza y responsabilidad.

En esta ocasión periodística sólo pretendo dejar constancia del hecho, con honestidad, realismo y sin exageración de ninguna clase, limitándome a sugerir que, a pesar de todos los peligros que comportan estos movimientos, por muchos y graves que sean, no tendrán parangón con las tremendas injusticias que, con agrado o desagrado, han tenido y tienen que soportar las mujeres, sólo por el hecho de haber nacido mujeres y por haber dispuesto el hombre de toda la fuerza para ordenar a su gusto y a su medida su vida y la de ellas.

Comprendo que se están dando ya, y se darán aún más, no pocas exageraciones. Pero éstas, sin justificarlas, no podrán ni condenar ni detener el desarrollo de determinados movimientos feministas, que han de cuestionar, a la luz de los nuevos logros históricos y antropológicos, ideas muy importantes y que hasta el presente se nos ofrecían como inconcusas y como dogmas de fe. El moderno feminismo nos sitúa ante una de las revoluciones de mayor trascendencia y entidad que han conocido los siglos y que, por supuesto, no se detendrá ni siquiera en la intimidad de la relación hombre-mujer.

Antonio ARADILLAS

 

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