La regeneración del peonaje, objetivo del Estado     
 
 ABC.    13/09/1960.  Página: 28. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LA REGENERACIÓN DEL PEONAJE,OBJETIVO DEL ESTADO

Una vez más, Franco ha situado a España ante una prueba viva de la ejemplaridad del Movimiento en lo social. La inauguración, llevada a cabo por él personalmente, de una Escuela de Formación Profesional Acelerada en La Coruña no es una obra más dentro del cuadro ´ de una labor de gobierno, sino un símbolo, un hito en las etapas trazadas por el programa de un régimen en constante desarrollo y que, como dijo el Caudillo en su discurso, no es sólo el hecho histórico de la Cruzada, sino un movimiento político.

Se ha dicho muchas veces—y todas serán pocas-que el Movimiento Nacional se produjo para arrancar de España una situación intolerable que se extendía a todos los aspectos de la vida nacional. Esta es una veraad que podrá desconocerse u olvidarse, pero cuya realidad tuvo y tiene una dramática, una trágica evidencia. La tuvo cuando se tradujo en un mar de sangre qué anegó nuestra geografía y nuestra alma. La tiene, porque aun hoy—cuando una larga paz ha podido correr un velo de olvido sobre aquellos dolores—nos enfrentamos día a día con las raíces profundas de cuanto hizo posible y necesaria una convocatoria urgente—inaplazable—a la tarea nacional en la que todos, queramos o no, estamos implicados y comprometidos, por nuestra propia supervivencia.

El problema, vastísimo y complejo, de la capacitación de nuestros productores. es una de las múltiples facetas en que la España de ayer—víctima de su incuria— y la de hoy—abierta a esperanzas e ideales por el sacrificio de sus mayores—ha podido comprobar lo que fue, lo que es y lo que pudo ser nuestro mundo laboral. Existe en éste un tipo característico de los países subdesarróllados: el peón. El peón es el más bajo peldaño de la escala de la producción, el más claro ejemplo del hombre-masa, amorfo en su aportación e indiferenciado dentro del complejo laboral. El peón es el obrero que no puede dar más que su esfuerzo físico. Pero el peón es un hombre, un trabajador, al que cabe exigir-—y que desea dar—algo más que el rendimiento de su cuerpo. Este puede ser sustituido por el animal o por la máquina, pero no cabe que el hombre sea "suplente";—y "suplente" más barato—-de aquél o de ésta. Tal repugnante suplencia ha sido un fenómeno de la España de 1936, y Franco, al .inaugurar una Escuela de Formación Profesional Acelerada—que no es la primera ni la última—ha venido a rehabilitar para un futuro próximo la condición humana del peón, permitiéndole ser Un productor diferenciado, un hombre dentro de un mecanismo—esencialmente humano—de la producción, y no una fuerza ciega, en una mecánica materialista, animal, del trabajo. Esto podría ser una de las conclusiones lógicas de las palabras del Caudillo, al señalar, entre una de las dimensiones del Movimiento, "lo espiritual, lo cultural y lo social".

La tarea de regenerar profesionalmente a los obreros españoles, atrasados por el abandono de generaciones, no es, ya puede suponerse, tarea fácil. Se precisa mucho efuerzo, mucha dedicación, para abarcar un mundo tan lleno de posibilidades como de problemas de todo orden. Tarea tan ardua no podría llevarse a buen término sin un excepcional bagaje político, actuando desde fuera, por el Estado, sobre el interior de ,1a sociedad, a la que, en definitiva, ha de revertir el beneficio déla gestión de aquél. Este Estado ya cumple lo hemos visto por enésinia vez—su misión.

 

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