Autor: Aznárez, Malén. 
   Españolas activas  :   
 La mitad de la población femenina sigue dedicándose a sus labores. 
 Arriba.    19/06/1977.  Páginas: 4. Párrafos: 28. 

LA MITAD DE LA POBLACIÓN FEMENINA SIGUE DEDICÁNDOSE A SUS LABORES

De cara a las elecciones el tema de la mujer, ya se sabe, se ha puesto de moda, igual que el de la ecología. Más de la mitad del electorado español es femenino y no se pueden desaprovechar tantos votos: es preciso atraerlos con los dulces cantos de sirena, los «reclamos feministas», que hasta hace muy poco tiempo mantenían únicamente, ante el escepticismo general— incluso de los partidos—, algunas pocas concienciadas y militantes feministas.

Que el tema feminista es algo que ha cogido «en cueros» a la mayoría de los partidos se traduce en lo escasez de estudios realizados, en la falta de datos serios, en los paternalismos solapa dos y en el oportunismo de tantos programas. Claro que nunca es tarde,.., opinan algunas personas, generalmente hombres.

Ha sido, curiosamente, una francesa —Martine Weiler— quien acaba de publicar un libro sobre las mujeres trabajadoras en España —«Mujeres activas (sociología de la mujer trabajadora en España)»—, que por su intento serio de recopilación de datos está llamado a ser en adelante un libro obligatorio de consulta para todo aquel interesado en el tema feminista español.

Martine, veintiséis años, licenciada en Letras y Economía Española por La Sorbona, de París, ha tardado cuatro años en publicar un libro que fácilmente se hubiera podido escribir en mucho menos tiempo si hubiera existido algún tipo de datos; pero, según ella misma afirma, «fue la locura; no encontraba estadísticas ni dato alguno. Ni en ministerios ni prácticamente en el INE.

Ya estaba desesperada, a punto de abandonar el trabajo, cuando un compañero vuestro, periodista, me orientó por otros caminos que no fueron los oficiales. De este modo, y con mucha paciencia, pude ir consiguiendo datos fiables, porque lo absolutamente increíble para mí es que todo el mundo empezaba a hablar de la mujer en España, pero no había ningún dato al qué agarrarse».

Martine Weiler no se declara feminista radical: «Yo siempre me he sentido feminista; pero no me había planteado el problema de militar por culpa del trabajo y los estudios. Estoy trabajando desde los dieciocho años y no me quedaba mucho tiempo libre.»

—Aunque eso sería, prácticamente, hacer un resumen de tu libro, ¿cuál es, a grandes rasgos, el panorama actual de la mujer trabajadora en España?

—El problema mayor sigue siendo el que la mitad de la población femenina sigue dedicándose a «sus labores». Las mujeres españolas encuentran serias dificultades para integrarse a la vida activa por culpa de la educación que ha recibido. La mayoría no siguen todavía enseñanza; por lo tanto, sólo sé emplean en sectores donde no se pide calificación o en la agricultura. En general, su trabajo no está reconocido como algo normal, a lo que tienen pleno derecho, sino como una ayuda familiar. En la industrio se quedan en los puestos inferiores, que no requieren especialidad, y hay muy pocas mujeres que lleguen a cargos directivos. En el sector de servicios la mayoría se concentra todavía en los servicios domésticos, lo que tampoco es una panacea... Se dice que la mujer se ha integrado en este sector, que le permite su realización, pero es algo falso; es un sector que le permite trabajar, pero nada más. No quisiera darte cifras porque es algo muy aburrido; pero es muy significativo que en 1975 sólo el veintiocho por ciento de la población femenina española trabajara, que el sesenta y dos por ciento lo hiciera en el sector de servicios, y de éstas un tercio eran empleadas del hogar, mientras que solamente el cero ocho por ciento ocupaba cargos directivos.

—Aparte de la falta de educación y preparación que tú señalas, y que está dentro de todo un contexto mucho mas amplio, ¿cuáles siguen siendo en este momento los motivos fundamentales de la discriminación laboral femenina?

—Ha existido un doble condicionamiento, que todavía perdura. Por un lado, toda la estructura de una sociedad capitalista, que se ha complacido en mantener esta situación porque permitía aislar a la mujer de la vida activa, reduciéndola al hogar. Por eso no se han creado ni centros educativos, ni de formación profesional, etc. La legislación laboral tampoco ha solucionado nada porque era únicamente paternalista, y aunque, en teoría, en algunos aspectos, equiparaba la mujer al hombre, era algo absolutamente falto en la práctica. Por ejemplo, hablaba del derecho de seguir uno formación profesional; pero luego no existían centros para la mujer... Por otra parte, existía la discriminación jurídica con respecto a la mujer casada, permisos maritales, etc., lo que no facilitaba tampoco, precisamente, las cosas, y ha tenido el reflejo en ese dieciséis por ciento de mujeres casadas activas frente al cincuenta y tres por ciento de solteras que trabajaban en el setenta y cinco. Y luego está el tradicional machismo de la sociedad española, que todavía es muy fuerte. Este machismo ha intentado por todos los medios mantener a la mujer en casa, entre los hijos y las cacerolas. Existía, y sigue existiendo, el miedo a la independencia económica femenina —aunque en esto habría mucho que matizar, porque a un trabajo como el que puede acceder la mayoría de la mujer española, lo único que le permite es un apoyo económico a la familia—, a las posibilidades de mayores salarios, a la competencia...

—En estos momentos, ¿subsiste todavía el trabajo femenino únicamente como un apoyo económico a la familia o como medio hasta llegar al matrimonio, o ha habido una evolución clara que lo lleve a considerar como un medio de realización o de independencia?

—Existe una evolución, aunque es todavía muy lenta, porque la realización de la persona en el trabajo está ligada a la educación que ha recibido y a la mayor o menor satisfacción que pueda encontrar en él. Lo española trabaja hasta los veinticuatro años y luego hay un descenso, según las estadísticas, enorme en la actividad de la mujer, coincidiendo con los años de matrimonio, lo que es un índice claro de que las solteras se siguen planteando el trabajo únicamente como etapa transitoria hasta llegar al matrimonio. Todavía no se ha logrado que la mujer considere el trabajo como una forma de liberación de lo familia, personal, etc.; pero es algo absolutamente normal, porque si el trabajo puede llevar a la explotación y/o a la alienación, la mayoría de las españolas se quedan todavía en el primer punto. ¿Cómo van a encontrar las mujeres que trabajan en la industria, que es un trabajo interesante, que las realiza? Únicamente se encuentran, si son casadas, con una doble jornada. Es lógico que no se planteen un cambio de vida, sino arreglar su vida al día. Pero es cierto que ya empiezan a organizarse a través de las Asociaciones de Amas de Casa, de movimientos ciudadanos; ven a otras mujeres que militan y se insertan cada día más en la lucha. Solamente hay una excepción, que parece clara: las mujeres profesionales. El sector profesional sí se ha planteado, generalmente, el trabajo como una realización personal; pero hay que tener en cuenta que coincide con el grado de educación más alto de las trabajadoras y que, por otra parte, son todavía una minoría.

—Parece un panorama muy triste; pero Ias mujeres trabajadoras han dado muestras últimamente de una alta combatividad en sus reivindicaciones laborales.

—Efectivamente, las trabajadoras españolas, mínimamente concienciadas, son mucho más duras que los hombres en la lucha reivindicativa, como se ha visto en las últimas huelgas. Hay una diferencia entre la forma de luchar de la mujer española y la europea. Las españolas tienen una tradición de lucha por la democracia. Antes apoyaban las huelgas de sus maridos y ahora las hocen ellas. Mientras que las francesas o alemanas se mueven, por cosas más concretas, con una democracia ya garantizada, las españolas han tenido que integrar su lucha en la general del país, incluso dejando en segundo plano su feminismo. Es decir, que mientras la mujer francesa tiene más libertades individúalos, la española, como ha estado más oprimida, se preocupa también más por las libertades colectivas. Es fácil que a la salida del momento político actual la mujer trabajadora española se encuentre en una postura más radical y revolucionaria que la europea. Las europeas han partido de la libertad Individual para llegar a la colectiva, mientras que aquí se está partiendo de la colectiva para llegar a la individual.

—¿Se integra la mujer española en los Sindicatos en el mismo porcentaje que sus compañeros?

—El número es siempre menor porque es menor el número de trabajadoras; pero la mujer española ha participado en la lucha abierta desde hoce muchos años, aunque pienso que todavía ha de participar mucho más en las nuevas organizaciones sindicales y políticas, donde puedan plantear también una lucha feminista. Es importante, por ejemplo, de cora al futuro sindicalista, que la mujer pueda participar en asambleas de trabajo en horas de trabajo porque el hombre se puede quedar, generalmente, después del trabajo; pero la mujer, si tiene hi-

jos, no. Es importante que consigo guarderías infantiles estatales o municipales, no de empresa; porque ante un despido se encuentra con el doble problema de que también despiden al hijo. Es absurdo que todavía la mujer no devengue viudedad hacia el hombre... Son muchos temas que en la doble militancia se pueden solucionar.

—Este de la doble militancia en partidos políticos y feministas es una de las polémicas más importantes en el feminismo español. Los grupos feministas más radicales mantienen que los partidos políticos actuales son machistas, y machistas sus etructuras, y que la doble militancia acaba actuando como correa de transmisión de los partidos en los grupos feministas.

—Yo soy partidaria de la doble militancia. Lo que es preciso es que la mujer tenga más puestos de importancia dentro de los partidos políticos. No veo a la mujer como una clase social y no estoy de acuerdo con Jos partidos feministas. Hoy por hoy no puedo plantearme en Francia un partido de mujeres porque tardaría cien años en organizarse.

—¿Cómo crees que han influido en España los movimientos feministas en la evolución de la mujer?

—Me parece que, aunque son importantes, la influencia es mínima porque no interesan a muchas mujeres, no son mayoritarios. Los grupos feministas creo que son más teóricos que prácticos y que están formados en mayoría por profesionales, de una clase social alta, desconectados con las clases populares. Ahora tienen un papel muy brillante; pero pienso que en cuanto ciertas reivindicaciones que plantean, como divorcio, aborto, etc., se consigan en breve, su papel será distinto porque no se han preocupado de otros puntos, como trabajo, afiliación sindical, etcétera.

—Tradícionalmente, el voto de la mujer española ha sido muy conservador. ¿Cómo crees que ha podido modificarse este hecho en las pasadas elecciones?

—Pienso que las mujeres que por su educación no tienen ni idea de lo que es la política —cosa que también les pasa a muchos hombres— siguen escuchando la voz del marido, del padre o de quien sea, y continúan votando conservador si hay una mayoría conservadora. Pero creo que la mujer trabajadora, que está en contacto con otra realidad, aunque no está politizada ni milite en partidos o sindicatos, no ha votado conservador, excepto en el sector agrícola; pero esto es algo general en todos los países.

—¿Han sdo o no son oportunistas los partidos políticos en sus programas feministas?

—La verdad es que no he tenido tiempo de estudiar con calma los programas españoles porque en estos dos días de estancia en Madrid me he dedicado por completo al libro, firmas en la feria, entrevistas... En general suelen serlo porque el tema feminista es algo de lo que no se han ocupado hasta ahora, lo mismo que el ecológico. En Francia han pensado en las mujeres desde hace muchos años, pero no habían pensado en la ecología, y después del último éxito de los ecologistas, todos los partidos tienen un programa ecológico... Lo mismo pasará aquí con las mujeres porque los partidos se han dado cuenta de que además de los votos la mujer es algo que cuenta y que ya no se puede aislar.

—Ante uno situación de crisis económica como la actual, con un otoño supercaliente que se avecina, ¿cómo crees que va a repercutir en el desempleo femenino?

—Siempre a la hora del desempleo las mujeres son las primeras en pagar las consecuencias. Pienso que intentarán volver a poner en alza medidas proteccionistas, como la que ya vuelve o funcionar del salario par el ama de casa o los permisos de tres años para los nacimientos, etc. Es el típico método que utilizarán no sólo España, sino todos los Gobiernos occidentales.

(Fotos: Julio MARTÍNEZ.)

En 1975, solo el 28 por 100 de la población femenina española trabaja. El 62 por 100 lo bacía en el sector servicios y de éstas, un tercio eran empleadas de hogar. Sólo el 0´8 por 100 ocupan cargos directivos

españolas activas

SIGUE EXISTIENDO El MIEDO

A LA INDEPENDENCIA ECONÓMICA FEMENINA

LAS SOLTERAS CONTINÚAN PLANTEÁNDOSE & TRABAJO COMO ETAPA TRANSITORIA

ANTES DEL MATRIMONIO SOLO EL VOTO DE LA MUJER ES CLARAMENTE CONSERVADOR EN EL SECTOR AGRICOLA; ES ALGO GENERAL EN TODOS LOS PAÍSES

A LA HORA DEL DESEMPLEO LAS MUJERES SON LAS PRIMERAS VICTIMAS

 

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