El Congreso Mundial de la Prensa Católica     
 
 ABC.    13/07/1960.  Página: 40. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

EL CONGRESO MUNDIAL DE LA PRENSA CATÓLICA

Por su lozanía intelectual, por su vigor dialéctico y por su claridad resalta la admirable lección del nuncio de Su Santidad a los periodistas del VI Congreso Mundial de la Prensa Católica, reunidos el pasado viernes en la Universidad Pontificia de Comillas. Al Congreso, clausurado el domingo, concurrieron cerca de cuatrocientos periodistas pertenecientes a veintiocho países del mundo libre. A los polacos que quisieron asistir a la asamblea, las autoridades de su país les negaron los salvoconductos.

Monseñor A.ntoniutti compuso su brillante discurso con el repaso a unas verdades que debieran ser elementales para todo hombre culto e informado. Sin embargo, aquéllas sufren alteración, se ignoran u olvidan, por conjuras o resistencia de los obstinados y opuestos a que sea conocida y resplandezca la realidad española. Dejándose llevar de su animosidad, llegan a falsear los hechos, inventándose versiones que se acomoden a sus resentimientos y satisfagan a sua desdenes.

Recordaba el nuncio que la revolución española fue esencialmente atea anticristiana y antidivina, y esto desde sus comienzos, por fidelidad al pensamiento, que la engendró. Aprovechaba la revolución cualquier oportunidad o contingencia psra arreciar en su intención y en sus propósitos persecutorios y demoledores, porque una vez arrollada la Iglesia, quedaban expeditos los caminos para otras destrucciones. Cuando se produjo el Al¿ramiento, las turbas, exasperadas, eligieron como objetivo principal de su odio templos y conventos, sacerdotes y religiosos. Las tremendas estadísticas de las matanzas iluminan con dramáticos resplandores esta verdad que no debiera serdesconocida por nadie que se precie de enterado, y menos por quien se llame cristiano. Sin embargo, no ha sucedido así. El drama y martirio de la Iglesia española ha sido ocultado, cuándo no deformado en su auténtica versión por la Prensa de muchos países, incluso en periódicos u hojas tituladas católicas, sometidas a influencias de grupos o amigos, sectarios o fanatizados por exclusivismos políticos a los cuales se les ha dado mayor consideración y autoridad que a los propios testimonios pontificios, declaraciones del Episcopado español y verificaciones históricas.

Al incalificable olvido del martirio de la Iglesia en España se ha unido la intencionada ignorancia de la extraordinaria empresa realizada con la generosa ayuda del Gobierno y las aportaciones de los fieles para restaurar los templos y conventos demolidos por el vandalismo rojo. Con celo piadoso e infatigable se han levantado las casas del Señor, limpiándose de ruinas sacrilegas el ámbito nacional. La labor reparadora de los estragos ocasionados por la anarquía y la guerra se propagó a las instituciones de enseñanza, de asistencia social y de caridad; admirable constelación de obras que brillan hoy en el firmamento del ideal cristiano. Pues también para todo esto ha habido una conjuración del silencio, con, ánimo de sepultar en la ignorancia el comportamiento ejemplar dé la Iglesia de un Estado y de un pueblo preocupados de la protección de los bienes materiales afectos al espíritu.

A los mendaces y los sigilosos debemos añadir los ansiosos por dar a conocer los ataques hechos a la Iglesia española por algunos hijos extraviados en quienes puede más la soberbia y la pasión política que las preocupaciones evangélicas.

El Congreso Mundial de Prensa Católica de Santander eligió como lema: "La Prensa, lazo de uhión entre los pueblos." No hay, en efecto, mejor vínculo para favorecer dicha unidad, que una Prensa dispuesta a servir a la verdad y a promover el entendimiento entre las naciones. Esta pretensión resulta ilusoria si se abarca la amplitud abigarrada y heterogénea del mundo, pero puede ser factible circunscrita al universo católico, si los periódicos confesionales se atienen para enjuiciar los aspectos de la vida religiosa de un país, incluso en sus fases políticas, a las declaraciones de la jerarquía, expusatas en forma colectiva, como pedra el obispo de Huelva, presidente de la Junta Nacional de Prensa Católica. Aceptada esta orientación y garantía por los obligados a acatarlas, no se producirían los lamentables extravíos ni las conjuraciones del silencio, ni las interpretaciones arbitrarias ni las agresiones injustas y a veces calumniosas que hieren y dividen a los hermanados en un mismo Credo.

 

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